Tuesday, 10 de December de 2019


Los gobernadores son dóciles, pero los lobos no pactan




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El reloj político giró en sentido contrario y ahora nos encontramos en algún punto histórico detrás del arranque de la transición democrática: los gobernadores son súbditos que compiten por la gracia del presidente. Pero antes todos eran del PRI, lo que cual explicaba la disciplina para tener éxito en la carrera política.

Un espacio de incertidumbre se abre en la política mexicana luego de que el ciclo reformista iniciado por Peña Nieto a finales de agosto concluirá mañana con la declaratoria formal de constitucionalidad de la #ReformaEnergética, luego del aval de la mitad más uno de las 31 legislaturas estatales. Con un costo altísimo para su imagen, el presidente logró su objetivo manejando magistralmente la geometría partidista del país con el PRI como centro. Con el PRD tuvo una alianza eficiente para aprobar la #ReformaFiscal que incrementa impuestos y deuda. Con el PAN para la privatización del sistema energético, el desmantelamiento de Pemex y CFE, así como la eliminación de subsidios a gasolina y electricidad. Pero la fiesta ya se acabó: el PRI ya no necesita ni a sus aliados de la derecha ni a los de la izquierda. El Pacto por México tuvo una muerte natural. Ahora el Tigre anda suelto.

 

 

Culminado el ciclo reformista, con un Poder Ejecutivo fortalecido en las normas constitucionales y con mucho dinero en perspectiva gracias a la Reforma Hacendaria, con mucho más por las licitaciones del sector petrolero que controlará Luis Videgaray, el presidente Peña Nieto y su partido ya no necesitan de aliados. Las alianzas coyunturales se terminaron, lo mismo con Gustavo Madero y Jesús Zambrano, que con otros actores colaterales como el gobernador Moreno Valle y la Conferencia Nacional de Gobernadores. La Pirámide del Poder se ha reconstruido en toda su verticalidad. O así parece.

 

 

La política se juzga por los hechos, no por los dichos ni las intenciones. Ahí puede verse, por ejemplo, la competencia de los gobernadores aduladores por congratularse con Peña Nieto al aprobar con celeridad la Energética en sus congresos. La carrera la inició Manuel Velasco, de Chiapas, y le siguieron con toda la celeridad José Calzada, de Querétaro, y Eruvial Ávila, del Edomex. Para el sábado por la noche, 13 entidades ya lo habían aprobado, lo que obligó al resto de mandatarios a acelerar el paso y ordenar a sus diputados que sesionaran en domingo. Todo por quedar bien, saltándose trámites, convocando en días feriados, exhibiendo su servilismo al presidente sin ningún pudor. En un tiempo récord de 64 horas todo quedó concluido.

 

 

En la carrera de los gobernadores por quedar bien daba igual el origen partidista: lo importante era sumarse a “la cargada” de la voluntad presidencial dominante. El primer paso lo dio el góber chiapaneco del PVEM, le siguieron varios priistas, pero los panistas no se quisieron quedar atrás. Guillermo Padrés, de Sonora, hizo que sus diputados sesionaran el sábado. Y en riesgo de que el domingo se acabara la carrera, Moreno Valle ordenó a su súbdito Mario Riestra que la sesión extraordinaria prevista para el lunes se moviera al domingo. Gracias a ello Puebla entró como la legislatura 16.

 

 

Pero esos actos de zalamería no parece que vayan a funcionar mucho en la lógica política futura una vez que el PRI, como en el juego de la perinola, tomó todo, mientras que su oposición se quedó con las migajas. El núcleo duro del presupuesto, con toda su discrecionalidad, quedó en manos de Hacienda, desde donde se dicta a qué estados sí se les da y a cuáles no. Por ejemplo, Puebla fue la entidad menos favorecida en las licitaciones carreteras que la SCT adelantó en estos días con apenas 3.9 kilómetros de obras. A primera vista parecería un maltrato, si no fuera por las asignaciones que Roberto Moya negoció para lanzar las licitaciones de concreto hidráulico en la 25 y 31 Poniente, bulevar Norte y el circuito Juan Pablo II.

 

 

El Pacto por México ha muerto cuando ya nadie lo necesita. La víctima principal es Gustavo Madero, pues ya a nadie le interesa sostenerlo en la dirigencia nacional del PAN: ahora les da lo mismo Chana que Juana, y si en su proceso interno se destazan, pues mejor. Más sólido parece el flanco de la izquierda, pues sin la presencia física de López Obrador, Morena luce como una entelequia incapaz de reunir 10 mil personas en el cerco al Senado.

 

 

Pero el fuego ya está lanzado en contra de su principal figura, Miguel Ángel Mancera, pues el jefe de Gobierno del Senado todos los días recibe una andanada tras otra. El PRI, que nadie se engañe, va por la joya de la corona que es el Distrito Federal y sus 176 mil millones de presupuesto. Algunos medios y periodistas hacen el trabajo de dinamitar al PRD en el DF con sus movimientos estridentes del #PosMeSalto.

 

 

El reloj político giró en sentido contrario y ahora nos encontramos en algún punto histórico detrás del arranque de la transición democrática: los gobernadores son súbditos que compiten por la gracia del presidente. Pero antes todos eran del PRI, lo que cual explicaba la disciplina para tener éxito en la carrera política. Nuestros tiempos son diferentes porque ahora los gobernadores del PAN, PRD, PAN-PRD también son súbditos, pese a que el éxito de su carrera política depende más de sus electores que de la voluntad presidencial.

 

 

Estos gobernadores genuflexos debían recordar que con los lobos no se puede pactar porque más tarde o más temprano atienden a su naturaleza. Un ejemplo es lo que ocurrió ayer con la determinación del INAH a rechazar el teleférico poblano en su ruta original, por lo que obligó al gobierno morenovallista a una ruta alterna que va al estadio Cuauhtémoc, lo que resulta en una derrota demoledora, ya que el nuevo teleférico no tendrá ningún valor turístico. ¿O no el objetivo es que los visitantes admiraran el Centro Histórico y su Zona de Monumentos? Ahora lo único que verán será La Ciénega, Plaza Loreto, las fábricas textiles abandonadas y colonias pobres como Maravillas. ¡Qué fenomenal!

 

 

Todo está dado para la restauración autoritaria. Y sin embargo, el plan tiene un fallo: el daño a la imagen de Peña Nieto en todo el país. En donde mejor le va, tiene una aprobación del 50 por ciento, calificación totalmente reprobatoria. En donde peor, como en Puebla, apenas uno de cada tres lo apoyan, tal como reveló la encuesta de ayer de Mas Data. Peor aún es el ánimo pesimista de los mexicanos que resienten la pésima situación económica, además de que no prevén recuperación para 2014.

 

 

¿Cómo van a hacer que se recupere la imagen de Peña Nieto que en este momento se encuentra en terapia intensiva? Para 2014 deberán crear una burbuja de prosperidad que le haga pensar a los mexicanos que las reformas tuvieron sentido. Sin eso, les espera una derrota en 2015. Pero el escenario es de plena incertidumbre.

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