Monday, 16 de December de 2019


Gali aplica a Agüera la receta del 2010, pero en 2013




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Los ejes de la campaña se han configurado de forma bizarra: tenemos un candidato de la continuidad contra un candidato que no sabemos qué representa, y que lo único que vendió fue su eficiente gestión en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Pero, ¿y qué más? ¿Cuáles son las auténticas diferencias entre Agüera y Gali?

Con o sin pacto de no agresión, Tony Gali Fayad no tuvo miedo de lanzar los primeros golpes en su presentación como candidato de la megacoalición morenovallista. Su receta es la misma que la de Moreno Valle en el 2010. Uno, abrir campaña en el lugar más pobre: Eloxochitlán por Azumiatla. Dos, subrayar su origen poblano frente a la no poblanidad de nacimiento de su rival. Tres, apostar por la transformación de Puebla denunciando a los malos gobiernos del tricolor. Una receta clásica que funcionó hace tres años para sacar al PRI de Casa Puebla, aunque no necesariamente lo hará hoy. La diferencia palpable es sólo una, pero que mueve el escenario en una vuelta copernicana: el morenovallismo es ahora gobierno y sufre el desgaste que provoca su ejercicio. Su apuesta consiste en convencer a los electores de que su camino es el camino correcto, y que vale la pena mantenerse en él.

 

 

Entre 2010 y 2013 pocos actores han cambiado en el morenovallismo. Solamente la figura del candidato es lo que hace diferencia. Rafael Moreno Valle por Antonio Gali Fayad. Pero los valores prácticamente son los mismos, así como el discurso. A diferencia del pesado silencio impulsado por Enrique Doger, a Tony Gali lo respaldaron sus rivales internos por la candidatura —Fernando Manzanilla, Jorge Aguilar Chedraui, Franco Rodríguez y Pablo Rodríguez Regordosa—. Incluso los yunquistas aplaudieron a rabiar en Azumiatla. De dientes para afuera, la megacoalición es el retrato de una bonita familia tradicional, frente a la familia disfuncional que es el tricolor.

 

 

El morenovallismo, pues, es la misma marca, solamente que en 2013 nos ofrece un producto diferente. Más poblano que Moreno Valle. Con una familia más tradicional incluso que la del candidato de Compromiso por Puebla. Su discurso es menos sólido, carece de trayectoria legislativa, pero a cambio es más espontáneo. Su calidad humana no tiene lugar a dudas, y su personalidad franca atrae incluso a aquellos que aborrecen a Moreno Valle. ¿Es mejor candidato el ex secretario de Infraestructura, que el propio gobernador? La comparación será un veredicto de los electores.

 

 

Por mucho, el debut de Gali Fayad es mucho mejor que el de Enrique Agüera hace tres semanas. Dicen los consultores electorales que sólo hay una oportunidad para causar una primera impresión. Y el ex secretario de Infraestructura, rodeado de su familia modelo, de los panistas de cepa así como de los morenovallistas, de panalistas y perredistas, y enfundado en una camisa de diseñador que rompe los tonos monótonos tradicionales. Seguramente quiso cantar, pero fue disciplinado y se limitó a pronunciar un discurso en el que se coloca como lo que es: el candidato de la continuidad morenovallista.

 

 

El buen debut de Gali necesariamente se contrasta con la salida atropellada de Agüera, sobre todo en materia de tiempos. La falta de contrastación es un hándicap que hoy le pesa al PRI: en su debut como candidato, el ex rector no nos dijo a los electores por qué no debemos apostar por la continuidad morenovallista. No nos dijo lo que han hecho mal, o simplemente porque deberíamos regresar al redil tricolor.

 

 

En vez de eso, los ejes de la campaña se han configurado de forma bizarra: tenemos un candidato de la continuidad contra un candidato que no sabemos qué representa, y que lo único que vendió fue su eficiente gestión en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Pero, ¿y qué más? ¿Cuáles son las autenticas diferencias entre Agüera y Gali? Porque claro, el abanderado morenovallista venderá también su gestión modélica como secretario de Infraestructura, y que en palabras del gobernador, se trata del secretario que “más obra hizo en menos tiempo”.

 

 

Al PRI y a su candidato a la alcaldía, pues, le urge definirse: qué es y qué nos ofrece. Ante la postura de la continuidad morenovallista le urge su opuesto: la ruptura. El regreso de los poblanos a los brazos del PRI, como un reconocimiento de que nos equivocamos con Moreno Valle y con Eduardo Rivera. Pero tendrá que demostrarlo, y no será fácil, porque en ningún indicador o ranking nacional de desarrollo hemos empeorado. Pero para contrastarse, Agüera deberá criticar al gobierno estatal y al municipal. ¿Y cómo lo hará si se ha comprometido en un pacto de no agresión que, a todas luces, no fue respetado?

 

 

La condición del no saber qué nos ofrece Enrique Agüera y el PRI se agrava si tomamos en cuenta su silencio de las semanas posteriores a su destape. Silencio que continuará, según el boletín enviado ayer desde el cuartel general del agüerismo, hasta el 5 de mayo que arrancan las campañas. Un silencio que se dice respeta el Código Electoral, pero que suena un tanto absurdo ya que en realidad la veda arranca en el periodo de intercampañas. ¿Por qué pesa tanto el silencio desde el lado tricolor? ¿Por qué Gali sí seguirá apareciendo en medios y en la esfera pública?

 

 

No puede quejarse Moreno Valle: el parto de su candidato continuista, Tony Gali, fue más que exitoso, sin esos errores o tropezones que cuesta revertir en la primera impresión. Un candidato ciudadano, respaldado por la marca del PAN y de otro partidos, pero que no se asume como militante. Un buen funcionario, con una familia modélica, muy poblano, respaldado por sus rivales en la búsqueda de la candidatura y querido hasta por lo que no quieren al gobernador. ¿Cuáles son sus puntos débiles? ¿Agüera lo está buscando o tiene otras preocupaciones, como un delegado especial del tricolor enviado para qué?

 

 

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