Thursday, 21 de November de 2019


Peña resucitó el Pacto por México y limó asperezas con Moreno Valle




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Los expertos en comunicación verbal podrían explicarlo mejor. Pero luego de enunciar su apoyo absoluto a la Cruzada, cuando Moreno Valle volvió a tomar asiento junto al presidente, se dio un pequeño diálogo entre ambos. Dos minutos quizá, que terminó con un sonoro “órale, va” de Peña Nieto, movimiento de brazos y cabeza incluido.

Ironías de la política: Enrique Peña Nieto vino a Puebla a pronunciar el discurso más importante de su arranque sexenal. Frente la tormenta del Hambregate y la inminente ruptura del Pacto por México, el presidente “tomó el toro por los cuernos” y anunció la suspensión de sus actividades para abrir un espacio de diálogo con el PAN y PRD con el objetivo de blindar los programas sociales. Así, cuando condenó con firmeza el uso electoral de los programas sociales, resucitó el acuerdo más exitoso de los últimos años que se encontraba en terapia intensiva.

 

 

Minutos antes, y jugándose el pellejo, Moreno Valle dio muestra una vez más de su exacerbado pragmatismo y luego de dar la bienvenida al mandatario federal, le dio todo su respaldo a la polémica Cruzada Nacional contra el Hambre, a contracorriente de la línea dictada por Gustavo Madero. La Diosa Fortuna le sonrió al gobernador poblano, quien encontró la coyuntura que buscaba para declararse el más peñanietista del país, el soporte del hombre “con el que reinició la esperanza”, olvidando los favores que un día le hizo Felipe Calderón.

 

 

Los expertos en comunicación verbal podrían explicarlo mejor. Pero luego de enunciar su apoyo absoluto a la cruzada, cuando Moreno Valle volvió a tomar asiento junto al presidente, se dio un pequeño diálogo entre ambos. Dos minutos quizá, que terminó con un sonoro “órale, va” de Peña Nieto, movimiento de brazos y cabeza incluido.

 

 

¿Oferta de trabajo conjunto entre ambas administraciones? ¿Cese de hostilidades? ¿Ofrecimiento de rendición electoral? Solamente ambos podrían aclarar a qué se refería Peña Nieto cuando dijo “órale, va”, en ese pequeño pero revelador diálogo que abre un nuevo horizonte para Moreno Valle. Claro quedó, sin embargo, el fin de las grillas palaciegas contra el gobernador poblano.

 

 

Enrique Peña Nieto continúa siendo un popstar de la política mexicana. Un hombre en campaña permanente que busca el saludo de la gente, el apapacho. Que ya en su condición de hombre de Estado todavía se deja besar por las mujeres, estrujar las manos, tomar fotografías. Su recorrido desde la parte trasera del Centro de Convenciones para inaugurar el foro del Plan Nacional de Desarrollo le demoró más de 20 minutos, al igual que su salida.

 

 

Presidente mata gobernador a las claras. Mientras la gente se arremolinaba alrededor de Peña Nieto en su trayecto de alfombra roja, pocos hacían caso a Moreno Valle, un auténtico convidado de piedra, quien se limitó a mantener una sonrisa perenne, como si nunca hubiera conocido el enojo en su vida.  

 

 

Quien no tuvo reparos en exhibir su peor rostro fue Rosario Robles, rijosa en su discurso y con cara de mírame y no me toques. Será que el espaldarazo en Chiapas fue muy costoso y ahora se encuentra en su máxima debilidad una vez que el Presidente parece más interesado en entregar su cabeza que en dejar morir el Pacto por México.

 

 

O quizá sabía del suplicio al que sería sometida en la tarde, cuando fue obligada a comparecer en el Senado para explicar sus extraños movimientos y terminó declarando que “no tiene por qué renunciar”, un mexicanismo para dar aviso de un renuncia inminente. Total, la campaña contra Rosario empieza a hacer mella en la Secretaría de Desarrollo Social.

 

 

La mala leche de Rosario Robles fue compensada con un Luis Videgaray en plan super cool que en todo momento le dio un buen trato al gobernador y nunca quiso robar cámara como presidenciable del 2018.

 

 

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Tardó 143 días para venir. 35 giras al interior del país, seis internacionales. Pero por fin, casi cinco meses después de tomar protesta, Enrique Peña Nieto recordó que también es presidente en el estado de Puebla. Si alguna desavenencia con el gobernador poblano evitó esa visita mucha antes, en público nunca fue demostrada. Sin parecer camaradas, arrancando desde un trato plenamente institucional, ambos llegaron al Centro de Convenciones para el foro “México Incluyente” en el marco de la conformación del Plan Nacional de Desarrollo.

 

 

En primera fila esperaba ansioso el mejor amigo del presidente, Pepe Chedraui, quien incluso fue a recibirlo al estadio. De frente al presidente, estratégicamente fue colocado Jorge Estefan Chidiac, director general de Bansefi y miembro del gabinete ampliado del presidente. No se vio a Blanca Alcalá, y salvo Juan Manuel Vega Rayet, el resto de los delegados federales fueron enviados a gayola para privilegiar a un grupo variopinto de discapacitados y activistas ciudadanos.

 

 

El equipo que acompaña a Peña Nieto es profesional hasta la médula y cuidan todos los detalles del ceremonial, a diferencia del descuido y menosprecio con el que actuaba el Estado Mayor Presidencial en tiempos de Calderón.

 

 

David López, el todopoderoso director de Comunicación Social, saludó de mano al exclusivo grupo de dueños y concesionarios de medios invitados. Raymundo Alonso Sendino, Coral Castillo, Patricio Zorilla, Gaby Prida, Rodolfo Ruiz, Óscar López, Pepe Hanan y Adolfo Acevedo. Incluso don Enrique Montero pudo cumplir el sueño de su vida cuando le regaló al Presidente un ejemplar de su último libro. Acompañado de su hijo, casi derrama lágrimas de emoción.

 

 

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Vista la comunicación verbal entre el presidente y el gobernador poblano, es previsible que la época de las grillas en contra de Moreno Valle haya terminado, de tal forma que no tengamos que esperar otros 143 días a Peña Nieto.

 

 

El Pacto por México revivió en Puebla, y algo de mérito deberá llevarse Moreno Valle con su defensa a ultranza de la Cruzada Nacional contra el Hambre. El discurso presidencial aflojó la tensión, y ya por la noche, el dirigente del PRD afirmó que el acuerdo seguía vivo.

 

 

Pragmático por naturaleza, Moreno Valle no dejó pasar su oportunidad para someterse al poder presidencial, comprometer trabajo conjunto, y abrir nuevas líneas de comunicación con Los Pinos.

 

 

“Órale, va”, respondió el presidente al gobernador poblano. ¿Pero qué planteó Moreno Valle a Peña Nieto  que éste aceptó inmediatamente convencidísimo? La pregunta quedó flotando en el Centro de Convenciones.

 

 

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