Monday, 24 de June de 2024


¿Quién le hace caso a Manuel Bartlett?




Escrito por  Javier Arellano Ramírez
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Dicen los viejos protagonistas de la farándula y el espectáculo que es preferible saber retirarse a tiempo antes de hacer el ridículo.

Por eso las vedettes, los cómicos, humoristas y demás profesionales de la industria del show prefieren retirarse en un momento oportuno, para que el público, aquel que los aplaudía y vitoreaba, los recuerden en sus momentos de gloria.

 

De lo contrario la comparación se hace obligada. Cuando un personaje público no se retira a tiempo y con dignidad, las más de las veces sólo ofrece un espectáculo decadente y denigrante. Aquellas luminarias del escenario, aparecen como lastimosas figuras decrépitas.

 

Lo mismo puede aplicarse a la política.

 

En el año de 1992 Manuel Bartlett Díaz llegó a Puebla acompañado de su impecable burbuja: Jaime Aguilar Álvarez, Jesús Hernández Torres, Oscar de Lassé Avellana, José Luis Flores Hernández, entre otros exquisitos que, en unas semanas, se apoderaron de Puebla.

 

Al equipo se sumaron algunas figuras locales como Mario Marín Torres, Charbel Jorge Estefan Chidiac, Raúl Torres Salmerón, entre otros.

 

Al grito de “Por la grandeza de Puebla”, Bartlett fue impuesto por Carlos Salinas de Gortari como abanderado a la gubernatura, desplazando las legítimas aspiraciones y posibilidades que en ese momento representaba Marco Antonio Rojas Flores.

 

“Don Manuel” como le decían sus huestes llenaba las plazas, los parques, las explanadas de toda la entidad y la clase priísta se cuadraba ante su investidura.

 

Y también de aquella burbuja bartlista, de toda esa selecta cofradía ya nada queda; uno por uno todos se fueron alejando.

 

Dentro de la estructura y la “nomenklatura” priísta Bartlett fue relegado. Para él simplemente ya no había ni espacio, ni cabida.

 

Y fue entonces cuando se fue a poner a las órdenes de Andrés Manuel López Obrador. El tabasqueño de las razones insondables y argumentos impredecibles lo hizo Senador de la República.

 

Y ahora contemplamos a aquel alumno sobresaliente de Mario Moya Palencia, atingente colaborador de Fernando Gutiérrez Barrios convertido en un “político progresista” que “defiende las mejores causas de la nación”.

 

Ya no se acuerda de su responsabilidad histórica en la “caída del sistema” durante las elecciones de 1988 que llevaron al poder al gran orquestador del neoliberalismo mexicano.

 

Omite, borra de su discurso cualquier reminiscencia a su papel como Secretario de Gobernación de Miguel de la Madrid. Tampoco se acuerda que fue el jefe de José Antonio Zorrilla Pérez, el llamado “autor intelectual” del asesinato de Manuel Buendía Tellezgirón.

 

Hoy se erige en un “lopezobradorista, nacionalista, patriota y progresista”.

 

Hace unos días el ex mandatario estuvo en la entidad para arremeter contra el gobernador Rafael Moreno Valle al que acusó de “autoritario”.

 

Si, Bartlett le dijo “autoritario” a Moreno Valle. Vaya, un verdadero escenario irónico, surrealista.

 

Pero, al margen de su incongruencia, ¿quién escuchó a Bartlett? ¿quién lo acompañó? ¿quién lo secundó?

 

La diputada federal Roxana Luna lo presentó como parte de su estrategia. Pero nadie en la izquierda poblana dio resonancia a sus palabras.

 

Nadie más.

 

De aquel hombre que despachaba con mano de hierro lo mismo en Bucareli que en el Palacio de Gobierno de Reforma, ya nada queda.

 

Hoy sólo es una caricatura que se habla y se responde a sí mismo.

 

De sus tropas ya nadie lo sigue. Y el juicio de la historia que se levanta sobre su pasado es severo, inflexible.

 

Bartlett no comprendió que tuvo la oportunidad de retirarse a tiempo, con dignidad y decoro. Hoy es repudiado por los priístas y celosamente observado por los izquierdistas.

 

La tragedia de no saber retirarse a tiempo.

 

Como siempre estamos a sus órdenes en cupula99@yahoo.com, sin mx.

 

 

 

 

 

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