Monday, 24 de June de 2024


La inenarrable tragedia de los inocentes




Escrito por  Javier Arellano Ramírez
foto autor
Esta es la crónica de una catástrofe humanitaria.

Una desgracia global, frente a la que nadie está actuando.

 

 

Los niños y adolescentes migrantes que están dejando Centroamérica van huyendo no sólo de la pobreza, de la miseria que ahoga a esa región del continente, sino ante todo van escapando de la violencia extrema que el Cártel de la Mara Salvatrucha imprime a sus acciones.

 

 

Informes confiables aseguran que en Centroamérica existe una alianza entre el Cártel mexicano de “los Zetas” y la Mara Salvatrucha organización que ha evolucionado del nivel de pandilla al estatus de Cártel.

 

 

Esta macabra alianza criminal ha originado una espiral de violencia incontenible. Lo que está sucediendo en Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua rebasa todos los parámetros imaginables.

 

 

Estamos ante una violencia desbordada en la que grupos armados entran a las humildes viviendas y arrasan con todos sus miembros, incluyendo niños.

 

 

Los estados centroamericanos son incapaces de contener este nivel de atroz violencia.

 

 

Los infantes están huyendo de sus países porque es la única forma de conservar la vida.

 

 

Atraviesan un país violento y caótico como México en una expresión de desesperación por llegar a los Estados Unidos.

 

 

¿Qué tan grande puede ser la desesperación de un pequeño de ocho años de edad que se atreve a cruzar un país desconocido, violento y hostil?

 

 

Y cuando luego de infinidad de penurias llegan a alcanzar la frontera con el imperio se encuentran con la más radical de las posturas migratorias.

 

 

Niños que son tratados como delincuentes, que son sometidos por el aparato migratorio policial de Estados Unidos que los “ficha” con fotografía a rostro descubierto y toma sus huellas digitales para posteriormente arrojarlos en una bodega junto con otros cientos de infantes.

 

 

La escena es dantesca: infantes que huyen del terror de sus países para encontrarse con el infierno represor de un estado xenófobo.

 

 

No se tienen registros de una migración infantil de este tipo.

 

 

Estamos ante un hecho inédito, insólito. Lo que está sucediendo en las fronteras de México con Guatemala y México con Estados Unidos simplemente no tiene antecedente.

 

 

Es el rostro de una catástrofe humanitaria en la que los niños son los protagonistas de una crisis nunca antes vista. Y cuyas causas y razones están muy lejos de ser resueltas.

 

 

Ya en suelo estadunidense los pequeños son víctimas del repudio más infame, la población xenófoba del imperio sale a las calles en su contra.

 

 

Manifestaciones, movilizaciones, bloqueos con pancartas que rezan: “Lárgate niño extranjero ilegal, no te queremos aquí”.

 

 

Un país completamente ajeno a la catástrofe humanitaria, cerrado a sus causas y razones.

 

 

Frente a esto, el presidente Barack Obama utiliza la tragedia infantil para embestir a los republicanos y solicitar mayor presupuesto para su política migratoria. Política que solo consiste en deportar extranjeros, lo mismo niños que adultos, en forma masiva, en cantidades de decenas de miles de personas.

 

 

La realidad es que la sociedad actual, el sistema político de Estados Unidos, de México y de Centroamérica están llevando a estos cientos de miles de niños al más desgarrador de los destinos.

 

 

Estos niños están siendo arrojados a una tragedia de proporciones bíblicas.

 

 

Estos gobiernos y sus sociedades están a tiempo de detener lo que puede ser una de las mayores tragedias en la historia de la humanidad.

 

 

Aún es tiempo de detener una enorme desgracia: la inenarrable tragedia de los inocentes.

 

 

Como siempre estamos a sus órdenes en cupula99@yahoo.com, sin mx.

 

 

 

 

 

 

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