Monday, 19 de August de 2019


Arranca el Mundial, y México su calvario (y yo debuto)




Escrito por  Gerardo Ruiz
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El ayuno mundialista terminó. Los pamboleros vimos pasar 205 viernes desde aquel inolvidable gol de Andrés Iniesta al minuto 116 en el Soccer City de Johannesburgo con el que España consagraba a una generación de oro y ganaba su primer Mundial. Esta mañana la Selección de México debuta ante Camerún en Natal, Brasil, con la obligación de ganar o despedirse de una vez del sueño brasileño.

 

El camino mundialista del Tri fue un verdadero calvario, exhibió las limitaciones de los jugadores mexicanos y su falta de carácter en momentos verdaderamente complicados. Lo endeble de una liga que no es de alta competencia y la falta de planeación. El proceso eliminatorio de México vio pasar por primera vez en su historia a cuatro directores técnicos, sin embargo la escuadra de Miguel Herrera puede borrar todo el fracaso en tan sólo tres juegos y colarse a octavos de final.

Los partidos preparatorios ante Israel, Ecuador, Bosnia y Portugal dejaron más dudas que certezas, “El Piojo” Herrera nunca repitió a un cuadro titular desde el vergonzoso pase por la puerta de atrás en el repechaje que jugaron contra Nueva Zelanda en noviembre del año pasado. Tras lo exhibido ayer por Brasil y Croacia, el escenario es por menos pesimista, no se ve por dónde México logre superar la fase de grupos.

Como en las mejores ligas del mundo, el Mundial no es la excepción. Siempre existen los equipos que son verdaderos aspirantes al título —en mi opinión y orden de posibilidades: Alemania, España, Argentina y Francia— y los equipos que se conforman con ser participantes. Por más que lo queramos ver de otra forma, México sólo está para ser un participante más, y luchar por el irreal “quinto partido”.

Cada cuatro años el Mundial siempre reserva un espacio para el cuento de la Cenicienta, ese equipo que sale del grupo de participantes —en el que se encuentra la Selección Mexicana— que alegra los mundiales con su inesperado desempeño y sueña con colarse entre los cuatro mejores. La Croacia de Suker en el 98; la Turquía de Reçber en el 2002; el Uruguay de Forlán en el 2010. Desafortunadamente el Tri se encuentra muy lejos en nivel de esas escuadras que se quedaron en la memoria de los aficionados.

Sí, la selección no juega nada. Sí, hasta hace cuatro días no se tenía un cuadro definido. Sí, el 5-3-2 de Herrera es obsoleto. Sí, nos hemos chutado hasta en la sopa al “Piojo”, a su mamá, a su gorda hija, a los seleccionados, a las novias, a los papás de los seleccionados y todo el show mediático. Pero mañana y en dos partidos más, todo cambiará si milagrosamente recobra la memoria y regresa ese equipo del 2011 y 2012, México logrará colarse a octavos de final, como ha sucedido en los últimos cinco mundiales, y habrá cumplido su objetivo. No más no menos. Pero si se llega a librar el cruce que seguramente será contra España y Holanda, será un triunfo equiparable al Oro Olímpico conseguido en Londres.

A pesar de que México clasificó arrastrando el orgullo en una de las zonas con peor nivel del mundo, la Concacaf, la selección tiene posibilidades de avanzar a la siguiente fase, la fase de grupos es un verdadero volado. En la realidad Croacia calificó pidiendo la hora contra Islandia y con la derrota de ayer tiene casi un pie fuera; esta tal vez sea la peor versión de Camerún, una selección ya vieja y sin una figura de pesa, y Brasil depende demasiado de la constancia de Neymar. La moneda está en el aire y con una victoria hoy, el Tri se colocaría en ruta de clasificación.

Por dos semana el país se paralizará para seguir los tres partidos que tiene seguro México, tal vez se alargue la euforia por siete días más y todo regresará a la normalidad, y el mexicano villamelón sacará las playeras de España, Brasil y Holanda y buscará en el árbol genealógico un pretexto para dejar arrumbada en el armario “la verde” por las tres semanas que restarán de Mundial.

La historia de cada cuatro años empieza hoy, ilusión al tope, euforia desbordada y más patriotismo que en el 15 de septiembre, hasta que llegue un Maxi Rodríguez, un Landon Donovan, o un Oliver Bierhoff que nos regrese a nuestra realidad en el mundo del futbol. Así somos los mexicanos y los mundiales no van a pasar. Así somos: le exigimos más a Miguel Herrera que a Enrique Peña Nieto. Pero eso no importa, desde hoy todos nos unimos al “cantando se alegran cielito lindo los corazones”. Vamos México. Una vez más.

Desde este espacio le quiero agradecer al doctor Arturo Rueda por darme la oportunidad de escribir mi primera columna en CAMBIO. “A lo Panenka” es un sueño que desde que llegué al periódico en el 2012 tuve el deseo de escribir. Y como cualquier futbolista frustrado que no logró llegar a un equipo profesional, me sumo a la interminable lista de aquellos que olvidamos vestirnos de corto por plasmar nuestras ideas frente a una computadora. Espero sea de su agrado, amables lectores y pamboleros de corazón.

 

 

 

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