Wednesday, 18 de September de 2019


La letra escarlata




Escrito por  Jesús Ramos
foto autor
A Hester Prynne, en la novela de Hawthorne, le colocaron una “A” de adultera en el pecho para exhibir públicamente la falta que cometió mientras su marido se encontraba ausente. De esa manera, los santurrones y corruptos jueces de Nueva Inglaterra, del siglo XVII (tan parecidos a los de hoy), la castigan y la vuelven la comidilla de la sociedad; en pocas palabras, la marcan, le tatúan el pecado.

En algunas columnas periodísticas de Puebla y de México, como la de ayer de Ricardo Alemán, los sesudos analistas políticos se preguntan por qué la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y su endeble árbitro Raúl Plasencia no señalaron directamente, por nombre y apellido, al autor intelectual y material de la muerte del niño Luis Alberto Tehuatlie ocurrida durante el choque de policías estatales con habitantes de Chalchihuapan, y la respuesta es simple: lo que la CNDH y el gobierno federal hicieron con Rafael Moreno Valle no fue criminalizarlo sino únicamente marcarlo, tatuarlo pues como a Hester Prynne.

“La letra escarlata” que los jueces le ponen a esta mujer, y título de la novela de Hawthorne, no la confina a prisión, a la hoguera ni a los grilletes, pero sí la expone de manera pública para que las personas, todas, vean el tipo de angelito que es y la clase de monstruo en que suele convertirse.

Con Moreno Valle ocurre lo mismo. La CNDH y el gobierno federal –al que no faltara quien asocie con los intereses futuros del PRI– no lo criminaliza por la muerte del infante pero si le pone la letra “A” en el pecho para que se sepa que durante su sexenio, en Puebla, fue asesinado un niño que en vida llevó el nombre de Luis Alberto Tehuatlie, y que Moreno Valle, así de elegante como lo ven y de mosca muerta, también, se transforma en cosas feas.

Que los columnistas políticos de aquí y de allá, griten, aúllen, se desgarren las vestiduras y se inflamen de indignación, con litros de tinta escurrida en los periódicos, con el por qué Raúl Plasencia y la CNDH no fue capaz, el muy canalla y rufián, de señalar al “asesino” del niño Tehuatlie; o por qué le faltaron cojones, para señalar de criminal a Moreno Valle, es tanto como usurpar el protagónico del perro que corretea su cola. ¿Por qué? Porque de antemano sabíamos que eso no pasaría. Mejor analicemos cómo se las gastan los políticos en México y hasta dónde son capaces de llegar con tal de lograr sus propósitos.

Y en el grupo de análisis no olvidemos al sistema, a los partidos, a las castas, las coyunturas, los proyectos, los intereses y a aquellos que con tonteras como la de reprimir antes de dialogar fueron capaces de destruir no sólo sus sueños sino los sueños de los que los rodean. No pasemos por alto que el sistema político mexicano se nutre no únicamente de los amigos sino también de los enemigos para entender la nueva situación de Moreno Valle.

Por lo pronto, si bien la familia del infante muerto y los detractores del morenovallismo no obtuvieron la justicia esperada, si debe quedarnos claro que la letra “A” que le colgaron al gobernador poblano en el pecho le será útil al PRI y al grupo dominante del país para someterlo, tenerlo quieto y, por qué no, hasta para sacarle provecho en lo que pudiera ofrecerse de aquí en adelante.   

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