Thursday, 25 de April de 2019


¿A quién le reclamamos?




Escrito por  Jesús Ramos
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Tienen razón los analistas que dicen que Enrique Peña Nieto no es el responsable directo de la desaparición de los 43 jóvenes estudiantes de Ayotzinapa como para que se lo estén endilgando. Pero… ¿quién administra la tranquilidad y el estado de derecho en este país? ¿Quién tiene la obligación de que usted, amigo lector, y yo caminemos por la calle sin el rosario en las manos y El padre nuestro en la boca? ¿Él o notros?

Y el mismo cuento va para los gobernadores que como el presidente se han encargado de ocultar y censurar el crimen organizado en sus entidades federativas para presumir que en sus territorios no existe el caos y la barbarie, como si la crisis de seguridad se tratara de un numérico concurso de pecados. Yo tengo menos pecados que aquel. O yo soy un santo.

 

 

La cosa va mal. Está mal. El país no se está descomponiendo, ya se descompuso desde hace mucho. Pero los que lo deben entender no lo entienden. Ellos se echan sus discursos demagógicos del “Nadie por encima de la ley”, “caiga quién caiga”, “vamos a ir hasta las últimas consecuencias” y todas esas frases trilladas que dicen y repiten, según el evento periodístico, la ropa que visten y su circunstancia.

 

 

No señores, Ayotzinapa es apenas un Ayotzinapa de los muchos que se cometen todos los días en Guerrero, Monterrey, Chiapas, Morelia, Veracruz y, en general, en el país entero. ¿O usted cree que en Puebla no hay desparecidos? ¿No hay ejecutados? ¿No existe el crimen organizado? ¿No secuestran? ¿No matan? ¡Por favor! Una cosa es que los gobernantes, a través de sus operadores de medios y secretarios de gobierno, se encarguen de ocultarlo a la sociedad y otra muy distinta que la prensa mercantilista no muera por decirlo.

 

 

La responsabilidad de la grave situación que atravesamos en efecto no es exclusiva de Peña Nieto, también lo es del PAN con su nefasto Felipe Calderón que fue quien inició todo este desbarajuste, del PRD como lo vimos ahora con Ángel Aguirre y Los chuchos y hasta del propio Andrés Manuel López Obrador como nos lo demostraron en gráficas abrazando a los Abarca; en resumen, todos, sin distingo, han convertido a nuestro querido México en un enorme campo santo.

 

 

Y mire si no es como aquí lo platicamos, buscan a los normalistas desparecidos (no en la superficie) bajo tierra y encuentran fosas con restos humanos por donde quiera que escarban; tal parece que a la Procuraduría General de la República le resultó más práctico y conveniente asegurar que a los estudiantes los hicieron ceniza, que seguir cavando, porque está visto que en el suelo de este país quién cava encuentra fosas en lugar de tesoros y petróleo. Nomás imagine, ¿cuántas fosas tendremos desde Baja California hasta Yucatán? ¿Cuántas habrá en Puebla? ¿Y entonces, pues, a quién le reclamamos?

 

 

 

 

 

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