Monday, 13 de July de 2020

Viernes, 06 Marzo 2015 01:44

Los 86 años del PRI




Written by  Gabriel Sánchez Andraca

A SUS 86 AÑOS DE VIDA, EL PRI YA NO ES ni la sombra de lo que fue.


Fue el partido más poderoso del país, casi partido único. A su lado, sobrevivían instituciones representantes de la derecha (PAN), izquierda (PPS) y el antecedente del Partido Verde, el leal aliado de siempre, PARM, formado por viejos revolucionarios.

 

Fue un partido que durante 71 años en el poder federal creó instituciones gubernamentales que todavía funcionan; creó una economía modesta pero independiente; una clase media beneficiaria de la educación gratuita que comprendía desde el jardín de niños, hasta la normal o la universidad. Los gobiernos emanados del PRI expropiaron a las compañías extranjeras que explotaban la principal riqueza del país, el petróleo, que durante décadas fue el motor de nuestro desarrollo.

 

Su fuerza como institución política dominante radicaba en sus sectores campesino, obrero y popular, que ahora prácticamente no existen. Sin fuerza, sin influencia en las decisiones del partido, ya ni siquiera pueden defenderse del neoliberalismo rapaz, que les ha privado de todas sus viejas conquistas.

 

Durante varias décadas el PRI pudo pavonearse de haber logrado la construcción de un país, después de la Revolución de 1910, que era ejemplo en América Latina.

 

Sin aspavientos y sin nacionalismos extremos, mantenía una respetuosa distancia entre los Estados Unidos, al grado de haber sido el único país latinoamericano que se negó a romper con Cuba, después de la revolución de Fidel, como lo hicieron, acatando las órdenes del imperio, todos los demás países de la zona.

 

FUERON VIEJOS POLÍTICOS PRIISTAS, sinproponérselo claro, los que llevaron al país a la situación en que ahora se encuentra.

 

Mandaron a sus hijos a estudiar a los Estados Unidos para capacitarlos mejor para que pudieran servir mejor a su patria, eso pensaron, y sus cálculos fallaron.

 

Los jóvenes educados en las prestigiosas universidades gringas regresaron con una mentalidad diferente a la nuestra y con un objetivo claro: demoler al sistema político mexicano, altamente comprometido con la justicia social por la que las generaciones anteriores lucharon.

 

El grupo de tecnócratas que pretendía “modernizarnos” se incrustó en los gobiernos de Luis Echeverría, de López Portillo y logró posiciones relevantes en el gobierno de Miguel de la Madrid, para luego apoderarse del poder total, con Carlos Salinas de Gortari.

 

La tecnocracia, representada por esos jóvenes doctores, sin conocimiento de nuestra historia patria, de nuestra realidad y de nuestras aspiraciones, impusieron un sistema económico neoliberal, que desbancó al proyecto de la Revolución de 1910.

 

A Carlos Salinas le siguió Ernesto Zedillo, surgido de las clases medias populares, pero educado igualmente en los Estados Unidos y con mentalidad estadounidense, al grado de que ahora es un ciudadano más de aquel país, que emigró tan pronto dejó el poder para trabajar en las empresas ferrocarrileras a las que vendió los ferrocarriles nacionales.

 

La aplicación del sistema neoliberal enojó a los priistas y a los mexicanos en general, al grado de que los primeros se rebelaron y obligaron al gobierno a ya no poner un candidato tecnócrata, sin ligas con el Partido Revolucionario Institucional, sin trabajo y sin militancia partidista.

 

Y al pueblo de México, que inició un proceso de empobrecimiento generalizado y de pérdida de derechos laborales y sociales, a votar por el candidato derechista auspiciado por el PAN y habilitado por Salinas al cambiar los requisitos necesarios para llegar a la presidencia, pues Vicente Fox, nieto de gringo e hijo de española, no hubiera podido arribar al poder sin las reformas constitucionales que se hicieron en los tiempos del salinato.

 

LOS DOS GOBIERNOS PANISTAS SIGUIERON en el sistema neoliberal por su ideología derechista y acabaron de hundir al país en lo económico, en lo político y en lo social.

 

Vicente Fox triunfó en la elección del 2000 y no hizo nada, pese a haberlo prometido en campaña, por cambiar el rumbo económico del país, que ya había iniciado su debacle.

 

Felipe Calderón, de cuyo triunfo electoral se duda, siguió la misma línea y para legitimarse como jefe de la nación, dio principio a una “guerra” contra la delincuencia organizada para servir a los Estados Unidos en eso de frenar el narcotráfico hacia el país del norte, que es el principal consumidor de enervantes del mundo.

 

Esa guerra, cuyos mayores beneficios los ha recibido nuestro vecino del norte, nos ha hundido en la inseguridad y en la criminalidad, pero además en la miseria. ¿Sabe usted cuánto ha costado esa guerra? Miles de millones de pesos, miles de jóvenes muertos, miles de desaparecidos. Y además, el que México haya pasado a ser de país de paso del tráfico de drogas, a país productor y consumidor de enervantes, arruinando la vida de muchos de nuestros jóvenes.

 

EL PRI DE HOY YA NO ES COMO EL DE ANTES, pero tampoco este país es el que gobernó el partido tricolor durante 71 años.

 

Su regreso al poder fue por el hartazgo que los panistas provocaron en la población mexicana en tan solo 12 años de gobierno, y ni el PRI se adapta a los nuevos tiempos, ni los mexicanos tienen el mismo comportamiento sumiso de otros años.

 

Ahora hay una población que protesta, que reclama el respeto de sus derechos, que exige resultados en el manejo del gobierno, que exige resultados en la economía deprimida desde la llegada del neoliberalismo. Y las exigencias populares son muchas veces violentas; los reclamos son airados. Hay irritación y enojo en muchas partes.

 

El asunto de los 43 normalistas de Ayotzinapa es sólo la gota que derramó el vaso.

 

Desde que éramos niños, escuchamos decir que los estados más atrasados y pobres del país eran Chiapas, Oaxaca y Guerrero. Y es hasta ahora, que ya entramos en la tercera edad, cuando escuchamos que el gobierno de la República implementará un programa especial para impulsar el desarrollo de esas tres entidades.

 

Se necesitó que un hecho lamentable, la muerte de 43 jóvenes estudiantes y otros más que no eran normalistas sino estudiantes de secundaria, que formaban parte de un equipo de futbol y que por mala suerte se atravesaron en el camino aquella noche de septiembre en Iguala, Guerrero, para que el gobierno federal se diera cuenta de que allá en el sur había fuertes brotes de rebeldía, porque se les tenía desatendidos.

 

Curioso: en Guerrero, durante los años sesenta sólo había una carretera pavimentada, la México-Acapulco y fue el brote guerrillero de los maestros, egresados de Ayotzinapa por cierto, Genaro Vázquez y Lucio Cabañas, el que logró que se hicieran caminos por toda la geografía guerrerense. Resulta que las tropas para combatir a la guerrilla no podían movilizarse con rapidez y eficiencia, como era necesario. Mañana seguiremos…

 

 

 

 

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