Wednesday, 23 de September de 2020

Miércoles, 04 Marzo 2015 01:45

¡Malditos escuincles que lo mataron! Clama la madre del niño víctima de bullying durante sepelio

Dolor, impotencia y furia se vivió en el sepelio de Toñito en Acatzingo, lugar al que llegó el 27 de enero para pasar sus últimos días, luego de que sus médicos del Hospital Benito Juárez del Distrito Federal lo habían desahuciado a consecuencia de los padecimientos cerebrales causados por el bullying que quedó impune. A punto de iniciar el descenso a su última morada, la madre del niño de 13 años, no olvidó a los agresores anónimos que escaparon al castigo. 

  • Alberto Melchor Montero / @_BetoMM

Una mezcla de dolor, impotencia y furia fue el sepelio de Toñito en Acatzingo bajo el inclemente sol de la mixteca poblana, a donde había llegado el 27 de enero para pasar sus últimos días, luego de que sus médicos del Hospital Benito Juárez del Distrito Federal lo habían desahuciado a consecuencia de los padecimientos cerebrales causados por el bulliyng que quedó impune.

A punto de iniciar el descenso a su última morada, la madre del niño de 14 años, no olvidó a los agresores anónimos que escaparon al castigo. “¡Malditos escuincles los que lo mataron!”, gimió ante el féretro blanco donde fue depositado el cuerpo enjuto de poco más de 20 kilos.

En medio de las muestras de dolor, funcionarios de la Procuraduría General de Justicia que arribaron en una camioneta fueron corridos a gritos del sepelio cuando trataron de intercambiar diálogo con María de Jesús Monge Tapia. ¡Desgraciados!, les gritó, ¡mi hijo no es ningún títere!, para luego abandonar el panteón San José de Atencingo aun antes de que el féretro blanco recibiera las últimas paletadas de tierra.

En la humilde morada en la que Antonio de Jesús López Monje pasó sus últimas semanas de vida hay un altar que domina una fotografía en la que porta el uniforme escolar único con logos del gobierno estatal, el mismo que portaba el fatídico 25 de octubre, cuando al salir de clases de la secundaria técnica Galileo Galilei de Amozoc, en los campos de futbol, fue agredido por cuatro compañeros del centro educativo, pero del tercer año, a los que nunca pudo identificar plenamente tras el agravamiento de daño cerebral que sufrió por la golpiza.

A mitad de sepelio ocurrió la parte más dramática cuando María de Jesús se aferró al cuerpo de su hijo depositado en el ataúd blanco y pidió que no lo enterraran, porque a él “no le gustaba ni el frio ni lo oscuro”. Su pareja sentimental logró separarla para poder continuar con la ceremonia, y en ese instante fueron abordados por los funcionarios de la PGJ que querían darle el pésame, a lo que se negó y procedió a correrlos a gritos.

A Toñito lo depositaron en la última morada junto con sus carritos, que eran sus juguetes favoritos, aunque hacía meses que ya no podía jugar con ellos a causo del nulo control que tenía sobre su cuerpo, y la debilidad que se fue apoderando cada vez más hasta llegar a un adelgazamiento extremo.

Llegó a pesar menos de 20 kilos

En una humilde casa del municipio de Atencingo, pasó sus últimos días Antonio de Jesús López Monje, estudiante de catorce años de edad que durante dieciséis meses padeció las secuelas cerebrales de la golpiza que le propinaron cuatro de sus compañeros de escuela. Mientras tanto, sus familiares se esforzaban por cubrir las necesidades de Toñito pues nunca recibieron apoyo de las autoridades, y aunque la Procuraduría General de Justicia aseguró que pagarían los cargos del sepelio, esto no ocurrió y los deudos tuvieron que pagar los 15 mil pesos que costó darle sepultura.

Guadalupe Monje, tía de Toñito, narró para CAMBIO lo que significó para ella convivir día a día con su sobrino y ver cómo su salud se fue deteriorando a pesar de los cuidados que toda la familia tenía con el menor, y que sin importar las carencias económicas, respetaron la dieta impuesta por los médicos y pagaron las consultas particulares de un doctor de la región cada vez que era necesario.

Toñito llegó a vivir con ellos en diciembre del año pasado, María de Jesús Monje, su madre, atendió la voluntad del menor de llevarlo con su abuela Rosario a pesar de que eso implicara abandonar su trabajo en Amozoc e irse a vivir a la casa marcada con el número 60 de la calle 5 de Febrero del municipio de Atencingo.

Amablemente, su abuela, su tía Guadalupe y sus cuatro primos de 7, 9, 10 y 12 años de edad, se reacomodaron en la vivienda para poder darle un cuarto y una cama en la que dormía en compañía de su madre para poder atenderlo las 24 horas del día.

Debido a que Toñito solo podía comer sopa aguada o caldos, la familia debía preparar comida especial para él, lo cual significó un gastó doble en la casa que se sostenía con las remesas que la abuela recibía de sus hijos en Estados Unidos, lo poco que su tía Guadalupe obtenía de la venta de tortillas hechas a mano y con el dinero que mandaba Roberto Castro, su padrastro que se quedó a trabajar en Amozoc. María de Jesús no trabajaba para que Toñito siempre estuviera atendido.

El niño que visitaba cada año la casa de la abuela para pasar las festividades navideñas y que cuidaba a sus primos más chicos al momento de jugar, ya no era el mismo niño que llegó a Atencingo desahuciado días antes por un médico del Hospital Juárez en el Distrito Federal y que entre las muchas deficiencias físicas, ya no controlaba su cuerpo, perdía peso rápidamente y solo distinguía a su familia por la voz pues casi no abría los ojos.

Su tía explica que la silla de ruedas que recibió después de la agresión por parte de la Secretaría de Salud, “no podía circular por los estrechos espacios” de su nueva morada, por lo que debían de cargarlo. Cuando llegó, el peso del niño oscilaba en los 40 kilos, y aunque era inusual para un niño de 14 años, días antes de su muerte su peso cayó hasta llegar a poco menos de 20 kilos.

A pesar de su muerte, a Toñito no lo dejan descansar

La muerte merodeaba la casa y la familia lo sabía. Toñito dejó de comer, casi no dormía y aunado a su estrepitosa pérdida de peso, se mostraba más inquieto y mostraba muescas de dolor y sufrimiento, las cuales cesaron cuando cerca de las 3 de la madrugada del lunes 2 de febrero, Toñito falleció.

Aunque los familiares de inmediato reportaron el deceso a las autoridades locales, personal de la Procuraduría General de Justicia llegó a las 7 de la mañana, buscando indagar lo que había ocurrido y sin ofrecer aún ningún tipo de apoyo.

De manera normal, la madre de Toñito estuvo inconsolable, por lo que la encargada de atender la mayor parte del papeleo fue la tía Guadalupe, explicando que después de su visita matutina, los agentes partieron sin dar ninguna explicación. Sin embargo, volvieron en tres ocasiones más, siendo en la última visita cuando solicitaron a la madre que autorizara la realización de la necropsia.

María de Jesús había visto muchas veces sufrir a su hijo tras las múltiples intervenciones quirúrgicas y las quimioterapias que le practicaron, por lo que no quería que Toñito volviera a ser tocado por un bisturí. Tras mucho insistir, autorizó que se realizara la necropsia, bajo la promesa de que la PGJ ser haría cargo del traslado y de los gastos funerarios.

Toñito fue trasladado de Atencingo a Izúcar de Matamoros en una carroza particular. Además del viaje de 40 minutos, tuvieron que esperar ocho horas a que se terminara de hacer la necropsia para después regresar con el menor, aunque lo hicieron sin los resultados, por lo que será este día cuando la Casa de Justicia de Izúcar de Matamoros emita el documento que detalle la muerte del menor, lo que significa un viaje más que deberá de ser costeado por la familia y que ronda en los 40 pesos.

15 mil pesos costaron los gastos fúnebres. La PGJ no ha pagado

Luego de velar a Toñito de cuerpo presente, la familia y personas cercanas partieron la mañana de este martes al panteón San José “Las Petronilas”, en Atencingo, donde en una tumba humilde y cubierta de flores, ahora yacen los restos de Toñito.

Como una cortesía y muestra de agradecimiento hacia las personas que acompañaron a Toñito en su última morada, la familia volvió a la casa para ofrecer una pequeña comida, lugar en el que la tía de Toñito explicó que en las 24 horas posteriores a la muerte de su sobrino, la familia hizo uso de sus ahorros para poder pagar los 15 mil pesos que costaron los gastos funerarios.

Cuando se le mencionó sobre la postura de la PGJ sobre que ellos cubrirían los gastos y los traslados, solo dijo: “pues no han pagado nada, solo nos mandaron una caja toda maltratada y hasta tuvimos que rogarle al de la funeraria que nos la aceptara porque no quería agarrarla, en verdad estaba muy fea pero pues no completábamos para algo mejor”.

A pesar de la pena y el dolor que embarga a la familia, aceptaron relatar la historia para que las autoridades hagan algo al respecto, pues a 16 meses de que Toñito fue atacado, los responsables —que ahora deben de tener 16 o 17 años— siguen libres y el director de la Secundaria Técnica número 10, fue destituido, pero versiones extraoficiales indican que se encuentra ocupando otro cargo de menor envergadura en otra institución.

Last modified on Miércoles, 04 Marzo 2015 03:13