Tuesday, 24 de November de 2020


Tony Gali y las expectativas colosales




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El triunfo de Tony Gali no es una victoria del PAN, es una conquista del morenovallismo.

Pero como quiera que sea, Gali es depositario de expectativas colosales, por parte de los poblanos.

 

 

Luego del trienio perdido de la alcaldesa fallida Blanca Alcalá Ruíz donde Puebla prácticamente se estancó en un gobierno que tenía como prioridad que los ciudadanos no tiraran “chicle” en la calle y después de los años de retroceso e inseguridad desbordada de Eduardo Rivera Pérez, las expectativas y esperanzas de los poblanos son, ni más ni menos, que colosales.

 

 

Esperan un gobierno atingente, cercano, sensible, conciliador. Un gobierno de casi 5 años tiene la oportunidad histórica de cumplir con esas expectativas.

 

 

El reto no es sólo para el mismo Gali, sino para el morenovallismo.

 

 

Cabe insistir, subrayar, que aquí el panismo nada tiene que ver. Ni el gobernador Moreno Valle, ni el mismo Tony son panistas. Son entes de un híper pragmatismo político que han rebasado la mera utilidad de los partidos políticos.

 

 

Si Gali responde a las perspectivas ciudadanas será el potencial candidato del morenovallismo a la próxima gubernatura. Y por tercera vez, reiteramos, el panismo nada tendrá que ver con esto.

 

 

El primer tema a abordar por Gali debe ser la seguridad pública, un tema que ha exhibido a Eduardo Rivera como un edil autista que no entiende, ni asimila la gravedad de los hechos que ocurren en la Angelópolis.

 

 

Rivera como hijo predilecto y preclaro del Yunque es un político empecinado en mantener una postura cerrada y obtusa.

 

 

Eduardo ha sido incapaz de garantizar la seguridad de las familias poblanas. Ha llevado a la ciudad a su mayor crisis en la materia. Son cotidianos los asaltos en vía pública, los robos con violencia en domicilios, los atracos en juntas auxiliares y las cantidades de muertos por la violencia se cuentan por decenas.

 

 

Algo nunca visto en Puebla.

 

 

Pero el edil autista parece no inmutarse, ni preocuparse por esta situación.

 

 

Él sólo se presenta como un personaje ajeno a este clima de la Puebla insegura. Como si nada tuviera que ver.

 

 

Tony Gali no puede permanecer en ese tenor. Debe abordar el punto, creando un Consejo Consultivo de Seguridad Pública Municipal adonde convoque a voces locales que conozcan del tema y que se convierta en una gran contraloría del rubro.

 

 

Voces de todos los partidos y todas las corrientes.

 

 

Esto, por supuesto, es contrario a la política que hemos visto en años recientes.

 

 

Pero si Tony en verdad quiere recuperar la seguridad de los poblanos debe escuchar todas las voces. No sólo la de Facundo Rosas Rosas. Esa es precisamente la que debe evitar.

 

 

De lo contrario el tema de la inseguridad desbordada seguirá flagelando a las familias poblanas.

 

 

Las expectativas sobre Gali son colosales. Él sabrá lo que hace con ellas.

 

 

Fernando y Pablo: decisiones pequeñas

 

 

Dice el refrán que “el agua toma su nivel”.

 

 

Luego de la catástrofe, de la pulverización del PRI poblano, el dirigente Pablo Fernández del Campo y el delegado Fernando Moreno Peña siguen dando muestras de su verdadera estatura.

 

 

Como burdos intrigantes aseguran haber “entregado” una relación de traidores al CEN de su partido. Esto sólo es un acto banal y frívolo.

 

 

¿Por qué no hacer pública esa lista?

 

 

¿Por qué no presentarla directamente ante la Comisión de Honor y Justicia?

 

 

¿Por qué no dar nombres, apellidos, fechas de los traidores y sus acciones?

 

 

Siguen siendo unos pequeños intrigantes, que no pasan de decir: “Ya te acuse con mi jefe… y vas a ver…”

 

 

Cuando está visto que al jefe (César Camacho Quiroz) y al jefe de su jefe (Enrique Peña Nieto) les importa un carajo la entidad y la elección poblana.

 

 

Después actúan de manera “enérgica” contra modestos líderes del partido en pequeñas comunidades

 

 

Y ahora salen a decir que van a impugnar el registro del presidente municipal electo de Puebla Tony Gali. Argumenta Fernández del Campo que “Hay diferencias entre el domicilio real del alcalde electo, el domicilio que presentó en su carta de vecindad cuando se registró ante el IEE y la casilla donde emitió su voto”.

 

 

Se trata de un argumento que raya en lo ridículo. Como más risible resulta esa impugnación ante el Instituto Estatal Electoral, cuando una acción de ese calado ameritaría, por lo menos, dirigirse al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).

 

 

Lo cierto es que Moreno Peña y Fernández del Campo sólo están pataleando para tratar de sostenerse en la tabla que pudieron agarrar después del naufragio priísta.

 

 

Pablo es el cadáver político más joven de la entidad. Ya nada tiene que hacer. Y sus pataleos ya a nadie impresionan.

 

 

Qué lamentable.

 

 

Estamos a sus órdenes en [email protected]

 

 

 

 

 

 

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