Saturday, 15 de May de 2021


Agüera otra vez seducido por las sirenas




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Para estas alturas del juego las cartas así lo indican.

Ya se dio luz verde en el Comité Ejecutivo Nacional de César Camacho Quiroz.

 

 

Se hicieron las “consultas necesarias” (a no más de cinco priístas).

 

 

Y en el edificio de Insurgentes norte ya se da como un hecho.

 

 

Enrique Agüera Ibáñez se habrá de registrar como aspirante único a la presidencia del Comité Directivo Estatal del PRI.

 

 

Luego de ocupar la rectoría de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, para después aspirar a gobernar la Angelópolis, una de las principales urbes mexicanas, ahora Agüera tiene que conformarse con sustituir a Pablo Fernández del Campo.

 

 

Sí. Es una fotografía dramática. Incluso lamentable.

 

 

Pero la aceptación de Agüera para ocupar la dirigencia del PRI poblano solo será una larga antesala en busca de un escaño en el Senado de la República. O en el caso más próximo una candidatura plurinominal a San Lázaro.

 

 

Pero lo verdaderamente penoso es que Agüera Ibáñez volvió a creer en el canto de las sirenas mexiqueneses.

 

 

Volvió a dejar que lo convencieran el mismo grupo al que Jesusa Cervantes llama de “la mentalidad toluqueña”; un grupúsculo que durante décadas buscó llegar a la presidencia de la República y cuando finalmente lo lograron, el país se les deshace en las manos.

 

 

Esos mismos que ya una vez “sedujeron” a Enrique y después lo dejaron abandonado a su suerte, pero han vuelto para decirle que ahora si es la buena, que en esta si le van a cumplir, que en la que sigue lo van acomodar, que no desconfíe…

 

 

Le han dicho que el presidente Peña Nieto habrá de resarcirlo política y moralmente, que casi, casi lo harán “delegado” del Grupo Atlacomulco en la entidad.

 

 

Y pese a que durante la pasada jornada electoral el gobierno peñista no movió un dedo en su favor, pese a que fue infamemente abandonado por el aparato federal, todo indica que Enrique Agüera Ibáñez ha vuelto a creer en la palabra de los toluqueños.

 

 

A nosotros nos parece, ni más ni menos, que dramático. ¿Y a usted estimado lector?

 

 

Se trata de una escena tan lamentable como dantesca.

 

 

Aquel hombre que ufano y fatuo conducía a la Benemérita Institución hoy está al nivel de Pablo Fernández del Campo y se aferra desesperadamente a las promesas de los banales mexiquenses.   

 

 

La cruda realidad es que a Agüera no le queda de otra.

 

 

Su cofradía está en franco estado de descomposición; desde Damián Hernández para abajo, los agüeristas se han convertido en personas “non gratas” y tienen los días contados en la nómina universitaria.

 

 

El ex rector tampoco tiene un grupo político que pueda cobijarlo y proyectarlo rumbo a un futuro promisorio.

 

 

No tiene base social, no tiene equipo operativo.

 

 

Lo único que le queda es aferrarse a las promesas de los toluqueños, aun cuando sabe perfectamente que su palabra vale lo mismo que billete de 30 pesos.

 

 

La política azarosa, veleidosa, la gran “rueda del poder” le dio un giro dramático a la trayectoria del académico.

 

 

Está claro que en política cuando se gana, se gana todo y cuando se pierde, se pierde todo. Incluso la dignidad, como podemos ver.

 

 

Como siempre estamos a sus órdenes en [email protected], sin mx.

 

 

 

 

 

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