Tuesday, 01 de December de 2020


Indecisos, abstinentes y renegados




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Llegamos al final de las campañas por la presidencia municipal y los siete distritos del municipio de Puebla.

La hora de acudir a las urnas está cada día más próxima y ahí se definirá cuáles candidatos resultan electos a los cargos en juego. En este momento algunos discuten si hay un grupo oculto de votantes favorables al PRI que el 7 de julio aparecerán y harán ganar a Enrique Agüera, a nosotros en Mas Data nos preocupa el proceso inverso, es decir, el poder estimar con precisión quiénes serán los que el día de las elecciones no se presentarán a votar pese a que manifestaron su intención de hacerlo. De eso voy a hacer algunos comentarios en esta columna.

 

 

Mas Data fue la única empresa que hizo público un dato diario del estado de la competencia por la alcaldía poblana. Tomamos esa responsabilidad y sabemos que la opinión pública nos tiene reservado un dictamen en función de los resultados. Nuestras encuestas de la última semana de junio reflejan una ventaja suficientemente amplia del candidato de la coalición “Puebla Unida”, Tony Gali, y con una tendencia creciente. A la luz de estos datos creemos casi imposible que la elección dé un vuelco al final como consecuencia de un trabajo de operadores electorales priistas. Honestamente lo decimos, sería un milagro que alguien logre llevar a las urnas a un número suficiente de electores que le dé el triunfo a Enrique Agüera.

 

 

La gente del PRI cree ver en los indecisos y en aquellos que no manifiestan abiertamente una preferencia, una posibilidad de voto oculto en contra del régimen morenovallista y a favor de sus candidatos. Si eso fuera cierto la expectativa de participación electoral sería un hito en la historia de las elecciones en Puebla y quizá en todo el país, ya que la participación electoral de los poblanos nunca ha excedido el 68 por ciento de la lista nominal. En nuestras encuestas tenemos un promedio del 63 por ciento de ciudadanos que manifiestan una preferencia y entre estos la ventaja de Gali es de por lo menos 10 puntos. La teoría de algunos priistas parte de suponer que entre el 37 por ciento que no dice una preferencia hay decenas de miles de ciudadanos que van votar, y lo harán por el PRI en una proporción de, al menos, dos a uno. Difícilmente ocurrirá así.

 

 

Por otra parte, tenemos un desafío técnico que resolver: estimar los que realmente acudirán a las urnas el 7 de julio entre el 63 por ciento de ciudadanos que declaran una preferencia. Las dos elecciones previas de mitad de sexenio —2001 y 2007— la participación ciudadana fue del 44 y 42 por ciento de la lista nominal respectiva. En 2001 ganó el PAN con Luís Paredes como candidato y en 2007 ganó Blanca Alcalá como abanderada del PRI. La elección de 1995 fue distinta, pues participó poco más del 56 por ciento de los ciudadanos inscritos en la lista nominal, en donde el ganador también fue el PAN. Si tomamos como referencia estos datos, podemos inferir que la participación en una elección intermedia puede oscilar entre el 42 y el 56 por ciento de la lista nominal actual, porcentajes significativamente menores al 63 por ciento que manifiesta una intención de voto.

 

 

La cuestión no es menor, ya que podría ocurrir que 8 o 9 de cada 10 “abstencionistas repentinos”, fueran votantes potenciales de la coalición “5 de Mayo” o de la coalición “Puebla Unida”, eso podría modificar el cómputo final de la elección con respecto a los datos de las encuestas.

 

 

Para intentar identificar si el potencial voto abstencionista tiene algún sesgo partidista, incorporamos al cuestionario de nuestro tracking diario un conjunto de preguntas de control, donde le preguntamos al informante cuánto interés tiene en votar en las próximas elecciones, si piensa ir a votar, si ya sabe por quién votar y después de que manifiesta una preferencia le cuestionamos qué tan seguro está de que el día 7 de julio lo hará por el candidato o fuerza política que eligió. Cada una de estas preguntas las cruzamos con la de intención de voto para presidente municipal y encontramos que las proporciones de informantes que tienen mucho interés en votar, irán a votar, saben por quién lo harán y están seguros de hacerlo el 7 de julio, son prácticamente iguales para los dos principales contendientes. En conclusión, no hay evidencia de que el abstencionista repentino tenga un sesgo que altere significativamente el resultado de la elección, al menos hasta el día de hoy.

 

 

Una vez consideradas estas previsiones técnicas, tomamos la decisión de hacer pública la intención de voto efectiva que se obtiene de eliminar de la base de cálculo a aquellos informantes que no manifestaron una preferencia. Para ponerlo en términos prácticos; de los 1200 informantes de la muestra publicada el 27 de junio eliminamos 422 que declararon “no sabe”, “no vota” o “no contesta”, y sólo dividimos las respuestas entre el total de entrevistas válidas o con una preferencia. La intención de votar por Tony Gali de “Puebla Unida” obtuvo 432 registros, éstos se dividen entre 778 y así obtenemos una preferencia “efectiva” de 55.5 por ciento. La intención de votar por Enrique Agüera obtuvo 296 registros, se dividen igualmente entre 778 y obtenemos una preferencia “efectiva” del 38.05 por ciento. No hay truco ni mala fe como algunos quieren hacer creer.

 

 

Como referencia de elecciones equivalentes: en 1995 el PAN gana la presidencia municipal con el 50.6 por ciento de los votos, si le sumamos los obtenidos por el PRD, el total sería de 56.1 por ciento. El PRI y el Partido Verde sumados obtuvieron el 40.6 por ciento y la izquierda no perredista el 3.2 por ciento. En 2001 PAN y PRD sumaron el 48.6 por ciento, el PRI sólo el 41.6 por ciento. En 2007 el PRI y el Partido Verde ganan con el 50.7 por ciento, mientras que PAN y PRD sumaron el 34.2 por ciento. Todos estos porcentajes se obtienen de dividir los votos recibidos entre el total de votos emitidos en cada elección, no entre el total de electores inscritos en la lista nominal. Hay referencias de elecciones anteriores equivalentes con diferencias de dos dígitos entre el primer y el segundo lugar, por lo tanto, no veo razón para que en 2013 no ocurra lo mismo.

 

 

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