Thursday, 13 de May de 2021


A Peña Nieto la historia le tiene sin cuidado




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Con la elección de Enrique Peña Nieto como presidente de México, el mandato de la sociedad exigía del nuevo gobierno un cambio de rumbo que favorezca mejoras en la economía de las familias y en la seguridad pública, demandas prioritarias en todas las encuestas.

A nueve meses de haber entrado en funciones las cosas no han cambiado para bien ni en economía ni en seguridad. La percepción de la mayoría de los mexicanos es que el país continúa igual o peor de como lo dejó Felipe Calderón.

 

 

Es cierto, nueve meses no alcanzan para evaluar los efectos de nuevas políticas públicas y menos para dar resultados significativos en materias tan complejas como las señaladas. Sin embargo, tampoco se avizoran esos cambios que tiendan a mejorar las condiciones generales de la sociedad, que por cierto, experimenta una acelerada transformación hacia conductas cada vez más violentas, deshumanizadas e incivilizadas. En Puebla difícilmente un automovilista le cede el paso a otro y mucho menos a un peatón. Ya nadie confía en nadie, las bardas de las casas son cada vez más altas y están coronadas por alambres de púas o cercas eléctricas. La incidencia delictiva crece a pasos acelerados, desde el asalto en el transporte público o la calle, el narcomenudeo, hasta el chantaje telefónico, el secuestro o el asesinato. Todo esto es consecuencia de un fenómeno de descomposición social propiciado por décadas de decadencia económica, tiempo en que las familias se han partido en busca del sustento y ya nadie cuida de la formación de valores en las nuevas generaciones.

 

 

México es un enfermo que necesita cirugía mayor y me parece que el tratamiento propuesto por el médico, en este caso el presidente de la República, es totalmente inadecuado. Las reformas impulsadas por el régimen solo han conseguido (y conseguirán) profundizar la división y el encono entre los mexicanos. Me parece que un acuerdo político entre las élites de los partidos para conseguir los cambios legales que le den al país nuevas reglas para el trabajo, la educación, la generación de energía o el pago de impuestos, en el marco del Pacto por México, no es suficiente y tampoco sostenible. La razón es simple, quienes aprueban las reformas carecen de legitimidad ante el resto de actores que las harán funcionales, es decir, la población civil.

 

 

El país necesita reconciliarse y volver a sus orígenes. Llevamos 30 años de un modelo económico que solo ha agravado las condiciones sociales, generando mayor pobreza y desigualdad. El papel del Estado que antes corregía abusos, reasignaba recursos e impartía justicia, ha pasado a ser el facilitador del régimen de capitales, importaciones, corrupción y debilitamiento de las instituciones sociales comenzando por la familia. El modelo económico impuesto desde los tiempos de Miguel de la Madrid logró que México abriera su economía a las importaciones y a los capitales internacionales en detrimento de la incipiente industria nacional. Los bancos, los supermercados y otras actividades del sector servicios también han caído en manos de los capitales globales, debilitando la posición de todos los actores económicos nacionales. México es un paraíso para los capitales del mundo, cobran lo que quieren, pagan lo que quieren de impuestos y se llevan lo que quieren de utilidades ¿Y el Estado Mexicano? Perdone usted que lo diga así: “Moviendo a México”, pero al precipicio.

 

 

Es absurdo persistir en el modelo que solo trae pobreza, inseguridad, desigualdad y dolor. La racionalidad económica es un discurso útil para que se perpetúe el avasallamiento de los recursos nacionales por pocos y en su mayoría extranjeros. Temas como privatización, apertura comercial, liberalización del mercado, han sustituido conceptos de justicia, democracia, dignidad, no solo en el discurso sino en las decisiones del poder en nuestro país ¿A quién le importa la dignidad del pueblo mexicano si a su presidente le tiene sin cuidado? Muy a pesar de la campaña promocional del primer informe de gobierno, en la que tratan de convencernos de que Peña Nieto es un presidente patriota, responsable y comprometido, yo pregunto ¿por qué ocupan tiempo de difusión de logros en una campaña para lavarle la cara al presidente? Pues como dicen por ahí: Explicación no pedida, culpa manifiesta.

 

 

La verdad es que los últimos cambios que le faltan al régimen están anunciados y los piensan sacar a como dé lugar. El grupo en el poder sabe que las próximas elecciones muy probablemente las va a ganar la izquierda y para cuando eso suceda las reformas ya estarán caminando y será muy costoso echarlas atrás. Así las cosas, la apuesta es conseguir las reformas energética y fiscal, no para mover a México hacia el progreso, sino para terminar de encuadrar al país en el modelo que conviene al sistema económico mundial.

 

 

Ya sé que esto se parece al discurso de Andrés Manuel López Obrador pero, amable lector, cualquier análisis más o menos simple nos lleva a coincidir de manera inevitable. En MAS DATA hemos hecho una recopilación de datos en materia energética, pobreza, desigualdad y otros aspectos que ayudan a demostrar el porqué de nuestras opiniones. En próximas entregas iré presentando datos que dan sustento a lo que he afirmado.

 

 

 

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