Friday, 22 de March de 2019


La república mafiosa




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En mi oficio de consultor político muchas veces se trabaja con el único objetivo de ganar la voluntad de uno o de pocos hombres.

Es una extraña forma de mercadotecnia dirigida a las personas que conforman el “núcleo de las decisiones”, práctica que por cierto es tan antigua como la sociedad misma. El error que continuamente cometemos los consultores es suponer que ese núcleo decisor tomará decisiones racionales buscando maximizar sus posibilidades de triunfo y minimizar sus riesgos de derrota. El problema radicar en que ese núcleo tiene un sistema de valores distinto al propio y, por lo tanto, los factores que serán ponderados resultan imprevisibles y hasta ilógicos.

 

 

Esto viene a cuento porque me resulta increíble la decisión del PRI de nominar a un candidato vulnerable e inexperto en competencias electorales, que tendrá que enfrentar al único adversario capaz de derrotar a los últimos dos gobernadores priistas. El porcentaje de efectividad de Rafael Moreno Valle es del 100% contra Melquiades Morales y contra Mario Marín. Es cierto que la Presidencia de la República estaba en manos del PAN en las elecciones de 2006 y 2010, pero también es cierto que el PRI gobernaba el estado y ni así pudieron derrotar al hoy gobernador de Puebla.

 

 

La Semana Santa me dio tiempo para hacer estas reflexiones y hurgar en la memoria de lecturas pasadas que me ayudaran a entender porqué el PRI a veces toma decisiones que parecen irracionales. Recordé que hace casi 20 años un buen amigo me regaló un libro titulado “El Principito o al político del porvenir”. Es una joya escrita por Fernando Escalante Gonzalbo, investigador de El Colegio de México, que debiera ser lectura de cabecera para quienes se dedican a la política. El capítulo uno dio respuesta a esas mis dudas casi existenciales; ¿por qué el PRI nomina al que lleva ventaja en las encuestas pero tiene un pasado turbio que puede derrumbarlo? Y lo que es peor ¿por qué dejan que Mario Marín se encargue de la elección local cuando sus candidatos perdieron en 2010 y su sola presencia pública unifica voluntades en contra del PRI? Suena a masoquismo electoral o incluso a un rito pagano de muerte y renacimiento, pero no es así, si algo caracteriza al PRI de siempre incluido al “nuevo PRI”, es que su pragmatismo es todo menos masoquista o esotérico.

 

 

¿Y qué es el principio que mueve las decisiones en el PRI? Encontré la respuesta en lo que Escalante Gonzalbo describe como la república mafiosa: “La mafia no es, como suelen pensarlo algunos jueces y periodistas, una asociación para delinquir, sino un modo de vida fincado en el aprecio de la amistad y la familia. Cualquier capo sabe, y debería saberlo cualquier político, que mafioso es quien ayuda a sus amigos, protege a su familia, hace honor a su palabra, cumple con sus compromisos, ampara los negocios de provecho, y procura el orden y la tranquilidad de sus allegados y clientes”. No queda duda de que esa es la forma de gobierno que tenemos en México con el arribo del PRI a la presidencia de la República. La legalidad y la justicia no son parte preponderante del sistema político, antes bien conviene tener deudas con la ley, porque esa condición es garantía de lealtad al régimen.

 

 

Es justamente la lealtad al sistema y al partido lo que premia el régimen priista, después quizá habrá de ponderar el buen gobierno, los triunfos electorales o el prestigio público. La sola sospecha de operar en contra del partido y sus candidatos hacen del acusado poco más que traidor, aunque la acusación provenga de alguien rechazado por la sociedad. En Puebla la inquisición priista la conforman todos aquellos que perdieron en 2010 ó en 2012 y que señalan a un “traidor” a quien culpar para no tener que reconocer su propia incapacidad.

 

 

Recuerdo un ejemplo de traición al PRI de proporciones monumentales en la elección municipal del 2001. El candidato Carlos Alberto Julián y Nacer pierde ante el panista Luis Paredes, pero el único priista que gana en el municipio de Puebla es Javier López Zavala, candidato a diputado por el 3er distrito local y único representante del grupo del entonces presidente municipal, Mario Marín Torres. Ese si fue un ejemplo de ingeniería electoral, voto diferenciado o como quiera llamarlo, operado con recursos del ayuntamiento y con el inequívoco propósito de quitarse un competidor por la gubernatura que se jugaría en el 2004. También se ha olvidado que en 2004 el entonces aspirante a la candidatura del PRI amagó con competir por el PRD si la decisión no le favorecía, obligando al gobernador Melquiades Morales y al presidente del CEN, Roberto Madrazo, a ceder ante tales presiones. Esta parte de la historia se borró con el sexenio de Marín Torres, ya que su contribución a la derrota del partido en las elecciones del 2006 marcó el inicio de la carrera que llevaría al poder al grupo del Estado de México.

 

 

En el 2013 el PRI no va a perder por culpa de un traidor o de la operación fraudulenta de sus opositores, la derrota proviene de las decisiones que toma. El candidato a la presidencia municipal de Puebla es muy vulnerable, la imagen del partido tiene negativos muy elevados y el recuerdo del ex gobernador Mario Marín hace mella de muchos votos. En el interior del estado quizá será otra historia, pero la zona metropolitana de la capital terminará por favorecer al PAN y sus aliados. Lo veremos el 7 de julio.

 

 

 

Para quienes se interesen en el libro, aquí la ficha: Escalante Gonzalbo Fernando, El Principito o al político del porvenir, México, editorial Cal y Arena, 1995.

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