Friday, 14 de August de 2020


El Pacto por México




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  Sin duda una de las sorpresas más agradables del inicio del gobierno del presidente Peña ha sido la capacidad para sentar en la mesa de la negociación política a las tres principales fuerzas con representación de más del 80 por ciento de los votantes del país. La firma y el trabajo del PAN, PRI y PRD para fijar una agenda concreta, con temas, plazos y responsables precisos han desembocado en una inusitada generación de acuerdos.

 

 

Cabe señalar que los pactos en nuestro país no son cosa nueva. De hecho, desde la Independencia, la Reforma y la Revolución los llamados “planes” eran más bien “pactos” entre fracciones y grupos de poder. En la segunda mitad de la década de los ochenta, el empleo de los “pactos” volvió a la arena política, ahora para tratar de controlar la inflación y la indisciplina macroeconómica. El Pacto de Solidaridad Económica fue el mejor ejemplo, pero los tiempos políticos impidieron que los partidos estuvieran representados, solamente el gobierno, los empresarios y los sindicatos eran los actores relevantes. Asimismo, al inicio del gobierno del presidente Fox se intentó también un “pacto” pero no se tuvo el talento para aterrizarlo en medidas efectivas, se quedó en la firma del mismo y punto.

 

 

En esta ocasión el trabajo político se nota. Si se revisa la lista de los que conforman el grupo responsable de sacar adelante la agenda, podemos percibir que hay oficio. Quien coordina (José Murat) tiene una experiencia parlamentaria innegable, los priistas y los integrantes del gobierno que participan tienen la característica de que pueden tomar decisiones. En el PAN y en el PRD figuran políticos de larga trayectoria que han visto en los acuerdos la posibilidad de avanzar.

 

 

Pero sin duda, lo importante, dejando de lado los actores, es la agenda que se propone desarrollar a lo largo de los próximos meses y años. Por primera vez en la etapa de la llamada transición, se tiene claridad sobre las prioridades. Estamos cerca de trabajar en reformas de gran calado que precisan el acuerdo de todos y la mano de todos. Así, las reformas hacendaria, energética y de comunicaciones, entre otras, deberán encararse en el marco de un interés común: que le vaya bien a México. Los detalles serán muy importantes pero el rezago tenderá a abatirse si se toman decisiones consensuadas.

 

 

No será un proceso fácil ni mucho menos. Los debates entre los partidos y sobre todo la necesaria participación de la sociedad en el mismo, deberán ser parte de la reforma. No estamos ya para acuerdos sin que la sociedad se involucre, por el contrario, los integrantes del Pacto por México deberán considerar a la ciudadanía con la misma importancia que a los órdenes de gobierno, a los demás poderes de la Unión o a los órganos autónomos de Estado. Estamos ante la posibilidad de generar reformas que tengan su sustento en la base social.

 

 

Pasaron 12 años para encontrar la fórmula para avanzar en un escenario de gobiernos divididos. El reto es mantener el paso y la voluntad de cambio. Un fracaso en este camino nos llevaría a un callejón peligroso. Al parecer lo tienen claro los partidos y sobre todo el gobierno. Es el tiempo de decidir el rumbo para lo que resta del siglo. Nos tocó como generación hacerlo, ojalá estemos a la altura del desafío.

 

 

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