Friday, 14 de August de 2020


El cambio verdadero




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A poco más de tres meses del inicio del nuevo gobierno la primera evaluación de su actuación deja un sabor de boca por demás agradable. En primer término se ha recuperado la función central de un gobierno: gobernar, afirmación que va más allá de ser una perogrullada, ya que de lo que adolecieron las dos últimas administraciones fue precisamente de ello, no supieron o ni quisieron gobernar.

Y gobernar es decidir, es orientar el esfuerzo de la sociedad, es también asumir riesgos. Un primer signo distintivo del nuevo gobierno fue encabezar una transición ordenada y en medio de ella impulsar la reforma laboral. Ya con toda la fuerza que dan las facultades legales asumidas el primero de diciembre pasado, iniciar el proceso de reforma (yo le llamaría revolución) educativa. No podían seguir las cosas como estaban. Del presupuesto federal una de los principales destinos es la educación y los resultados no son los que debieran, se tenía que hacer algo radical, la reforma Constitucional aprobada por el Constituyente Permanente abre el camino para transformar de manera definitiva el sector del que depende la solidez y la competitividad del país. Sin duda, el aterrizaje a nivel de la ley secundaria y su impacto concreto en el aula y en el rendimiento de los alumnos no será inmediato, pero el sentido de la decisión es lo valioso y va más allá de lo relacionado con temas legales de liderazgos superados.

 

 

Asimismo, destaca en este primer cuatrimestre del regreso del PRI a la Presidencia de la República, la iniciativa también Constitucional para regular a los monopolios. Lo primero a señalar es la profundidad del propósito. Se trata de prácticamente alisar el terreno para el desarrollo pleno del sector de las comunicaciones, sí, pero en general para evitar prácticas monopólicas en todos los ámbitos de la economía del país. Al igual que en el caso de la educación, la legislación secundaria será clave para determinar la profundidad del cambio, aunque a primera vista se puede afirmar que se irá a fondo.

 

 

Estas decisiones indican el regreso del Estado para determinar el interés de la Nación como él único valedero. No debemos olvidar que la Constitución establece que el Poder Ejecutivo es unipersonal y así lo ha ejercido el Presidente Peña, lo ha hecho además con decisión y pragmatismo. El Presidente está de regreso, sí, pero con una sociedad totalmente diferente a la de hace unos años.

 

 

El Pacto por México solamente se entiende por el hartazgo de la sociedad sobre la vaciedad de los partidos, éstos escucharon las voces de gente y se sentaron a negociar y a ponerse de acuerdo en lo importante. Quizá esta capacidad de convocatoria es el mayor mérito del inicio de este gobierno: se puede llegar a acuerdos, con voluntad, con oficio y con ganas de avanzar. El Pacto por México es una buena muestra de la teoría de juegos, en donde todos ganan algo, no lo que quieren al cien por ciento, pero ganan algo y esa es precisamente la tarea de la política.

 

 

Entre otras restan dos reformas: la energética y la hacendaria, ojalá que los actores entren a ambas sin sellos, sin filias y sin fobias y entreguen buenas cuentas a una sociedad pendiente y decidida a cambiar. Los partidos hasta ahora lo han entendido, ojalá sigan así, México lo merece.

 

 

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