Friday, 14 de August de 2020


La trampa




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La historia se repite y de nueva cuenta el tema del IVA quiere imponerse en las negociaciones de la reforma hacendaria. Valdría la pena hacer memoria.  

 

En plena crisis de 1995 se tomó la decisión de aumentar la tasa del IVA a fin de que el gobierno federal (y con él los gobiernos estatales y municipales) contará con los recursos para enfrentar las necesidades de gasto. Se excluyó de ese aumento a los alimentos y medicinas. No es ocioso recordar que en esa decisión el gobierno y el partido que contaba con la mayoría en ambas cámaras del Congreso federal se quedaron solos.

 

 

A partir de ahí se ha satanizado ese impuesto de una manera brutal. Apenas hace tres años, otra vez en plena crisis, se elevó la tasa un punto pero se mantuvieron las exclusiones, curiosamente en esa ocasión el voto sí fue compartido. En economía hay pocos espacios para los dogmas, las decisiones se tienen que tomar de manera inmediata o las consecuencias pueden ser serias, así lo constata tanto la experiencia mexicana como de otras naciones.

 

 

Por ello, resulta indispensable ir más allá de la discusión sobre un impuesto determinado, cuando las finanzas nacionales precisan de una combinación de factores para tener suficiencia. Si analizamos que el denominado Presupuesto de Gastos Fiscales (que incluye todos los tratamientos fiscales especiales) llega a casi cinco puntos del PIB, veremos el tamaño del reto. Existen tratamientos especiales que tienen décadas y su impacto no ha sido debidamente evaluado. La tarea del gobierno, del Congreso y de los partidos debe ir mucho más allá de nada más instrumentos como es el caso del IVA. Que es eso: un instrumento recaudatorio para financiar el gasto público.

 

 

Sin duda, el gobierno del Presidente Peña ha acertado al empezar la revisión de la política hacendaria por el lado del gasto. En efecto, el Estado Mexicano necesita recursos para enfrentar el hambre con la que viven millones de compatriotas; para mejorar la infraestructura de salud y educación; para dar pensiones justas y caminar hacia la cobertura universal efectiva en materia de salud y seguridad social; para carreteras y obras de agua, en fin para sentar las bases de un crecimiento sostenido y sustentable. Estamos ante un gobierno que sí considera al gasto público como uno de los detonadores del desarrollo del país, ante un gobierno que a la luz de sus decisiones en estos casi cien días, toma al gasto público como solución y no como problema.

 

 

No hablamos de temas menores. Sin ingresos propios suficientes para financiar el gasto social y de inversión, queda la emisión de deuda que tiene límites naturales o bien apostar todo al precio del petróleo. Se deben fortalecer en cambio, las finanzas públicas del país para gastar más, sí, pero sobre todo gastar mejor y con mucha mayor transparencia. Esos son los retos de la reforma hacendaria: suficiencia de recursos propios y disminuir en lo posible la dependencia de la renta petrolera para gastar en lo que la gente necesita. Menuda ecuación, pero si queremos crecer ese ese el camino.

 

 

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