Friday, 14 de August de 2020


En contra de la homofobia




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El pasado viernes 17 de mayo fue el día en contra de la homofobia, curiosamente en una comida familiar me enteré que un amigo entrañable fue agredido de manera salvaje por un vecino en razón de sus preferencias sexuales; en el mismo sentido, Reforma en su sección Ciudad difundió que de las más de 50 denuncias por este tipo de hechos, solamente en el D.F., se han generado dos aprensiones.

Que esto suceda en pleno siglo XXI es muy preocupante y como sociedad exige un trabajo que no puede detenerse. La reforma Constitucional de 2011 que transformó el Título Primero de la Constitución para convertirlo ahora en “De los Derechos Humanos y sus Garantías”, marcó un parteaguas y puso a México al día en esta materia, es precisamente en el párrafo primero de nuestra carta magna donde se establece: “Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas.”

 

 

En el dictamen aprobatorio de la Reforma mencionada, se estableció que: “En el proceso evolutivo de los derechos humanos, las naciones han ido creando la normatividad que en el ámbito internacional se requiere para fortalecerlos, como han sido: la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, y la Convención Americana sobre Derechos Humanos... Estos documentos han sido una de las vías para insertar adecuaciones en el ámbito jurídico de los estados.”

 

 

Es decir, México atiende una realidad mundial, todavía por desgracia con elementos “aspiracionales” pues una gran cantidad de países sufren rezagos parecidos a los nuestros. Pero lo importante es apuntar en la dirección deseada y encaminar los pasos para avanzar en el sentido correcto.

 

 

Más claro ni el agua. Pero la letra no basta para que las acciones de la sociedad y las autoridades sean consecuentes. Como bien señala el constitucionalista Miguel Carbonell: “La Constitución, por mejor redactada que esté, no puede cambiar por sí sola una realidad de constante violación a los derechos.” Se requiere la participación de todos los actores sociales y políticos, pero sobre todo de los [email protected] en sí [email protected], pues son los derechos concretos de las personas en lo individual los que protege la Constitución. Ha sido un camino largo para lograr al fin la protección plena de los derechos humanos, sería una lástima que no se avanzara rápidamente en la instrumentación de la misma, en la Ciudad de México hasta el viernes 17 de mayo, la homosexualidad ¡estaba clasificada como una enfermedad psiquiátrica!

 

 

Cerrar los ojos ante la discriminación o ante la homofobia no es el camino de una sociedad que pretende ser moderna y que busca que la ley se aplique en todos los ámbitos. Nadie puede agredir o insultar de manera impune, México no está para abrir otros flancos de encono, por el contrario es el tiempo de marchar juntos y de que la autoridad haga su papel y castigue con todo el rigor de la ley actitudes homofóbicas o discriminatorias. En nuestro país los vándalos moralinos deben ser puestos en el lugar que les corresponde, el uso de la fuerza difícilmente puede aprobarse, pero siempre se debe reprobar cuando se emplea para manifestar actitudes cavernarias. Que la ley se aplique, de manera pronta y expedita para impedir que aplasten los derechos humanos consagrados en la Constitución del país.

 

 

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