Friday, 14 de August de 2020


Lecciones de la explosión




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El pasado 31 de enero la explosión en Pemex puso la primera prueba a la estrategia de seguridad del presidente Peña. En efecto, al filo de las 4 de la tarde la torre B de los edificios corporativos de la paraestatal sufrió un accidente en el que más de tres decenas de trabajadores perdieron la vida. Fue sin duda uno de los accidentes más dramáticos en los últimos años.  

 

Destaca sin duda la respuesta inmediata de quienes se encontraban cerca de la grave explosión y también en la sólida respuesta del gobierno federal frente a la contingencia. Por un lado, siempre existió apertura informativa por parte de los voceros y de la empresa misma, nunca se descartó ni se ha descartado, cualquier hipótesis sobre las causas del accidente. No obstante la persistencia de algunos sobre la posibilidad de un atentado, hasta ahora la acumulación de gas metano es la causa que tiene más sustento.

 

 

Lo sucedido en Pemex es una síntesis de los gobiernos de los últimos doce años. Llegaron después de décadas, pero ya en el cargo y con las atribuciones encima hicieron muchas cosas, menos aplicarse en lo importante. Resulta paradójico que propusieran diversas reformas al sector energético pero no trabajaran en lo básico, ya que revisar las instalaciones y evitar los robos en los ductos por ejemplo habría evitado tragedias como la del 31 de enero.

 

 

Hacia adelante la única opción es gobernar bien. Apegarse a la ley pero también al sentido práctico. Me explico, la reforma a Pemex y CFE es necesaria, yo diría impostergable, pues las finanzas públicas no pueden depender del comportamiento de un recurso no renovable como lo es el petróleo, no al menos en el monto y la forma en que determina la viabilidad del gasto público. Solamente con la puesta al día de las empresas energéticas, se podrá enfrentar la seguridad de las mismas y potenciar su aportación a la economía nacional.

 

 

La atención a las víctimas debe ser urgente pero también es urgente que ese tipo de accidentes no se repita. Pemex es una empresa que cuenta con los recursos suficientes para soportar programas amplios de mantenimiento y prevención, no ejercerlos es una responsabilidad grave. Es tiempo de ver hacia adelante y sacar de esta tragedia una lección para cualquier gobierno: hacer bien las cosas, emplear los instrumentos que da la ley y las atribuciones de la misma para no dejar de trabajar en lo importante: primero y ante todo la seguridad del ciudadano.

 

 

Las omisiones del pasado seguramente serán investigadas por los órganos de auditoría y rendición de cuentas, mucha será la responsabilidad en este aspecto, por ejemplo de la Auditoría Superior de la Federación, pues si bien la explosión puede haber sido fortuita la acumulación de gases no lo fue. Se debe encontrar y castigar conforme a derecho a quien o a quienes resulten responsables.

 

 

Por otra parte, la reforma energética que viene debe tener como eje mejorar de manera central la eficiencia de las empresas. No hay razón para pensar que la ideología va a impedir la acumulación de gases, lo único que lo podrá hacer es una empresa del Estado mexicano bien administrada, honesta y comprometida con el desarrollo del país. El pasado reciente es un lamentable ejemplo de cómo desperdiciar la oportunidad de hacer bien las cosas. La explosión de enero en Pemex despeja cualquier duda al respecto.

 

 

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