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Las quejas llegan de todos los distritos y municipios de Puebla: no hay dinero para hacer campaña. Todos los candidatos del PRI se quejan de la asfixia financiera. No tienen recursos para publicidad impresa, movilizaciones, pago de operadores y medios de comunicación. Muchos de ellos empiezan a desertar y a engrosar las filas del enemigo. Quienes imaginaban arcas llenas del dinero federal salen decepcionados. Ante los reclamos, Pablo Fernández del Campo y el delegado Fernando Moreno Peña alzan los hombros, se cruzan de brazos y piden paciencia. Nadie sabe qué pasa. La crisis financiera es total.
En todos los niveles se vive la misma asfixia. Los candidatos a diputados locales son “desaparecidos en acción” porque sus campañas ni se ven ni se oyen. Solamente son visibles las de Sandra Montalvo y la de Héctor Sulaimán porque decidieron meterle de su propio bolsillo. Del resto no se conoce noticia: no tienen apariciones mediáticas, no hay publicidad impresa, tampoco eventos, solamente los que se cuelgan del candidato a la alcaldía.
Hablamos, por supuesto, de los millones de pesos que corren subterráneamente en las campañas electorales y no en las minucias que los partidos se ven obligados a reportar ante el Instituto Electoral. Dinero que es el aceite con el que se pagan desayunos, comidas, trípticos, espectaculares, medios de comunicación, compra de credenciales, promotores del voto, artículos promocionales, gorras, camisetas, bolsas del mandado, estufas, tinacos.
Si las campañas chiquitas sufren, las grandes también, como la de Enrique Agüera, paralizada absolutamente porque no llega ni el dinero de la Federación, pero tampoco de la BUAP. Y mucho menos la del candidato. ¿Por qué la anemia?
Hay varias teorías.
Una, que lo accesorio sigue la suerte de lo principal. Y que la decisión de Luis Videgaray de “secar” la economía del país, frenar el ejercicio del presupuesto federal, detener la entrega de participaciones a los estados y municipios, así como frenar el pago a todos los proveedores de la Federación, necesariamente creó un cuello de botella que llegó hasta Puebla. A las delegaciones federales, nada de ministros. A la BUAP, nada del subsidio. Y por extensión, al partidazo tampoco.
¿Por qué Luis Videgaray tiene detenido desde Hacienda el presupuesto federal? Nadie se pone de acuerdo. Hace un par de días el periodista Raymundo Riva Palacio afirmó que la misma receta aplicó cuando fue secretario de Finanzas en el Edomex, pero que México no era Toluca y las señales de la contracción económica ya eran evidentes. Pero que desde Hacienda no había cambio de indicación, lo que incluso podría provocar un ajuste a la tasa de interés desde Banxico para dinamizar la economía. Total, que el aparato financiero del gobierno federal luce inmóvil.
¿Sin dinero federal, y sin el aparato del gobierno estatal, de qué sirven las campañas del PRI? Muchos de los que pelearon las nominaciones con uñas y dientes lo hicieron porque pensaban que lloverían ríos de dinero de la Federación para conquistar el carro completo. Nadie se imaginó que a la hora buena tendrían que meterle sus propios recursos para competir contra candidatos que, de cierta forma, lucen billeteras robustas.
El caso más misterioso es el de Enrique Agüera pues en el CEN, y casi todos los poblanos, pensaban que el ex rector tenía recursos de sobra para enfrentarse a Tony Gali y al morenovallismo. Pero quienes trabajan en su campaña afirman que del bolsillo del ex rector no ha salido un peso, y que los compromisos con casi todos los proveedores se sostienen en la buena fe y en las promesas de pago, pero el flujo de efectivo es escaso. Más por necesidad que por convicción, el PRI tiene una campaña electoral austera. Austerísima.
Ok, el dinero federal no ha llegado. ¿Y las ministraciones del CEN, y las prerrogativas del IEE? Ahí la explicación corresponde al dúo dinámico de Pablito y Moreno Peña. ¿Se lo birlaron? ¿No les alcanzó más que para tres cucuruchos? ¿Debían el agua, predial, la luz y la renta? ¿Ahí se gastaron todo?
Consecuencias reales: los candidatos del PRI no tienen cómo pagar a sus operadores electorales, y muchos de ellos ya prefirieron irse al morenovallismo, seducidos por la Amenaza Fantasma. Los proveedores de publicidad, lonas, trípticos y demás ya no quieren entregar materiales. Los espectaculares apartados están a punto de vencerse. Y los medios aguantan, pero están a muy poco de perder la paciencia.
En resumen: ¿quién se robó el quesito de los priistas?