Sunday, 31 de August de 2025


Contradicciones en el war room tonygalicista




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El descontrol en el cuarto de guerra de Gali Fayad es más que evidente: nadie sabe explicar quién fue el responsable de gestionar la presencia del candidato en la Universidad de las Américas, en un evento que no fue avalado por el Ceudlap y al que ni siquiera asistió al auditorio principal

Al día de hoy, nadie sabe explicar por qué Antonio Gali Fayad, el candidato a la alcaldía de la megacoalición morenovallista y por ende de las fuerzas magisteriales, no celebró el Día del Maestro con las secciones 23 y 51 del SNTE. Simplemente, Enrique Agüera les comió el mandado y el 15 por la mañana tuvo un gran festejo con integrantes de la sección 23, SETEP y los sindicatos de la BUAP. La primera versión fue que Gali lo haría el 16, para no entorpecer los festejos oficiales, pero no hubo nada. Después se programó su presencia en el baile masivo organizado conjuntamente por ambas secciones para la noche del viernes 17, pero versiones de una rechifla generalizada hicieron que el cuarto de guerra diera marcha atrás. Total, la Semana del Maestro terminó y Gali no festejó con el magisterio que, en teoría, es su aliado.

 

 

La ausencia del candidato de “Puebla Unida” en un festejo con sus “aliados naturales” del SNTE, indica el proceso de descontrol que se vive en el war room del tonygalicismo. En las dos primeras semanas de campaña ha administrado correctamente la inercia favorable hacia su abanderado, pero que no han sacado ventaja de sus fortalezas estructurales, cometiendo incluso errores garrafales como el “viernes negro” en la Universidad de la Américas, que se convirtió en un lastre para la imagen de su abanderado a la alcaldía. Y eso que el PRI no ha terminado de sacarle todo el jugo al episodio.

 

 

El descontrol en el cuarto de guerra de Gali Fayad es más que evidente: nadie sabe explicar quién fue el responsable de gestionar la presencia del candidato en la Universidad de las Américas en un evento que no fue avalado por el Ceudla y al que ni siquiera asistió al auditorio principal, sino a un salón de conferencias. ¿Quién tiene el control de la agenda estratégica del candidato? ¿Cuántos votos iban a ganar con esa visita?

 

 

Las universidades, sean públicas o privadas, son una fortaleza natural de Enrique Agüera por la gran cantidad de jóvenes infiltrados o simpatizantes de sus organizaciones satélites. Es decir, las visitas deben ser cuidadosamente analizadas y blindadas. Pero tras el error de la Udlap, en la agenda del candidato volvió a aparecer una visita ahora al Tec de Monterrey para dictar una conferencia. ¿Quién coló el evento? Preguntaron indignados algunos de los miembros más avispados del war room, quienes de plano bajaron de la agenda tal conferencia ante el riesgo de sufrir otro boicot o escenita semejante a la de la Udlap.

 

 

El war room de Gali ha mostrado inconsistencia en el tipo de eventos del candidato. La primera semana prefirieron actos pequeños, más ciudadanos e incluso solamente de gente representativa, muy al estilo de Estados Unidos. Pero conforme pasaron los días variaron a los eventos masivos como el de ayer en la Central de Abastos para demostrar el punch y la capacidad de movilización. ¿Por fin? ¿Actos ciudadanos o mítines con asistencia masiva? ¿Cuál es la línea?

 

 

Otro error garrafal que pasó desapercibido fue que, a mitad de una entrevista banquetera, el candidato a la alcaldía soltó la primicia de su plataforma de gobierno centrado en tres rubros: seguridad, empleo y servicios. Por supuesto, siendo el núcleo de las propuestas, se había planteado la presentación como uno de los actos fuertes de campaña. En cambio, no pasó de una declaración más de campaña. Al final, optaron por subirla al portal una vez que la “primicia” ya había reventado.

 

 

Incluso el mensaje tiene oscilaciones importantes: del original “juego limpio” ya solamente se quedaron con “construyendo el futuro”. Y de la campaña “limpia”, sin basura electoral, de un día para otro aparecieron colgados cientos de pendones con la imagen del candidato pese a la restricción del gobierno municipal. ¿Quién mandó a colocar esos pendones?

 

 

Lo mejor de la campaña de la megacoalición morenovallista ha sido la presencia de aire del candidato con entrevistas constantes en medios de comunicación, a diferencia de Enrique Agüera, quien luce encapsulado y distante. Sus spots, además, reflejan fielmente la personalidad del candidato Gali, su poblanidad y su origen en la cultura del esfuerzo de las empresas textiles.

 

 

¿Qué papel juega Fernando Manzanilla, coordinador de campaña, entre tantas contradicciones en la estrategia de agenda y eventos? ¿Cómo puede ser Javier Lozano Alarcón un vocero eficiente si su mente está concentrada en la disputa por la coordinación del Senado entre Gustavo Madero y Ernesto Cordero? ¿Por qué muchos morenovallistas se quejan de estar en inferioridad en el war room ante la presencia mayoritaria de panistas identificados con el Yunque?

 

 

Pese a tantas contradicciones al interior de su campaña, a Gali lo lleva la inercia del morenovallismo en hombros rumbo al palacio municipal. Pero quizá llegó la hora de hacer ajustes antes de que pueda sobrevenir un error garrafal —como pudo ser el de la Udlap— en las siguientes seis semanas de campaña.

 

 

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