Sunday, 31 de August de 2025


Pablito y Moreno Peña pasaron de carniceros a reses




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El discurso de la Elección de Estado es un tablero a la medida: sirve por igual para la derrota probable que para la improbable victoria. Una narrativa que dejará a todos satisfechos en el CEN tricolor, pues el propio César Camacho podrá argumentar ante Peña Nieto “las razones” del por qué fue arrasado

A un costo altísimo, en Acción Nacional pueden cantar victoria: la Cruzada Nacional contra el Hambre se queda inactiva en las 14 entidades en las que habrá comicios en julio, Puebla incluida. La veda electoral contenida en el adéndum del Pacto por México, así como la ratificación local entre las delegaciones federales y los gobiernos locales, desactivó el programa estrella de Enrique Peña Nieto, quien prefirió dejar a la deriva al tricolor antes que perder su instrumento estrella de gobernabilidad. Pero con todo y candados, hay algunos delegados federales en Puebla que no pierden las esperanzas de operar a favor de su partido, azuzados por el subsecretario Lastiri. No en balde a todos sorprendió que solamente dos se ausentaran de la firma del adéndum: Víctor Manuel Vega Rayet y Nancy de la Sierra. ¿Qué buscan los delegados de Sedesol y Oportunidades?

 

 

Si el PRI tenía fincadas las esperanzas de triunfos electorales en el apoyo ilegal de la estructura del gobierno federal, tendría que empezar a voltear a otro lado. Gustavo Madero se atrevió a desatar la mayor crisis política del régimen, ganó el lance, pero en política nunca hay triunfos absolutos: no hay que ser un genio para entender que a cambio de la veda de la Cruzada contra el Hambre, desde Los Pinos se le pidió remover al mayor obstáculo del Pacto en el Senado, el coordinador Ernesto Cordero, quien promovió una reforma política que incluye la segunda vuelta y disgustó sobremanera a los jerarcas del PRI.

 

 

El líder nacional del PAN cumplió con su parte del trato al defenestrar a Cordero y se enfrentó al calderonismo que pide su cabeza bajo el cargo de entreguismo al PRI. Y ahora el destino de Gustavo Madero pende de los resultados electorales en Baja California, Puebla, Veracruz y Oaxaca. Sonoras derrotas lo harán enfrentar el paredón interno armado por las figuras leales al ex presidente Felipe Calderón. Retener la única gubernatura en juego, así como las capitales de Puebla y Oaxaca, y ganar posiciones en Veracruz lo llevarán a probar su hipótesis: el acercamiento al gobierno peñanietista les dio vida electoral.

 

 

El PRI poblano sabe ahora que va solo en la aventura de ganar al morenovallismo y que los refuerzos del dinero federal no llegarán, como tampoco la operación de los delegados, quienes tienen ahora las manos amarradas y bajo vigilancia permanente. En tales condiciones, sumado al desastre interno en la designación de candidaturas, el Cerebro colimense ha ideado una operación riesgosa: construir la narrativa de una Elección de Estado, contar la historia de un Leviatán morenovallista que en su ansia de ganar los comicios es capaz de perpetrar las mayores atrocidades y aplastar a una indefensa coalición PRI-PVEM con mecanismos legales e ilegales. Buen lector de teoría política, Fernando Moreno Peña ha diseñado un tablero de ajedrez a la medida.

 

 

¿Qué gana el PRI poblano con este discurso del Leviatán morenovallista desenfrenado? Se trata claramente de una narrativa preparatoria de la derrota. ¿Qué podían hacer los tímidos y dulces Fernández del Campo, Moreno Peña y compañía frente al Lobo de Gubbia, el terrible lobo? ¿Cómo enfrentar a la Bestia Negra sin dinero, sin apoyo de la Federación, arrasados en los órganos electorales, indefensos antes las malas artes de los operadores morenovallistas que vienen y van con carteras abultadas?

 

 

Cualquiera en el CEN tricolor y la Secretaría de Gobernación entenderán que la derrota no fue su culpa sino que es hija de las circunstancias. ¿Y si llegaren a ganar? Pues el mérito de acabar con el Leviatán morenovallista sería mayor para Pablito y el capo del cártel de Coliman. Con sus pobres fuerzas habrían derrotado a un rival extraordinario que tenía de su lado carretadas de dinero, organismos electorales y prensa a su favor. Antes que hombres, parecerían gigantes.

 

 

Es por eso que el discurso de la Elección de Estado es un tablero a la medida: sirve por igual para la derrota probable que para la improbable victoria. Una narrativa que dejará a todos satisfechos en el CEN tricolor, pues el propio César Camacho podrá argumentar ante el presidente Peña Nieto, Videgaray y Osorio Chong “las razones” del por qué fue arrasado. Claro que ese discurso favorable a las cúpulas tiene un efecto desmoralizador para los propios candidatos y los operadores electorales. Por algo Enrique Agüera se desentiende y rechaza subirse: sabe que no hay nada peor que un candidato quejica. El mejor ejemplo es López Obrador, que nunca pudo entusiasmar que a sus radicales con el discurso del fraude.

 

 

Por la narrativa de la “elección de estado” no es sino una declaración de inferioridad que da risa porque hasta hace unas semanas el PRI poblano vivía en el discurso opuesto: era el Leviatán de Peña Nieto el que iba a arrasar, la PGR iba a desvelar las complicidades entre Elba Esther y Moreno Valle, los misiles y el dinero de la Federación iban a reducir a cenizas al régimen, y los delegados federales eran la Armada Invencible que pondría por los suelos a los operadores del gobernador.

 

 

¿Qué pasó para que Pablito y Moreno Peña se convirtieran en reses indefensas cuando hasta hace dos meses se soñaban carniceros? ¿Qué ocurrió en Los Pinos para que tuvieran que refugiarse en la narrativa de la victimización? ¿Y la PGR, y los dineros federales, y los delegados invencibles?

 

 

Pobrecillos. Pablito y Moreno Peña son ternuritas.

 

 

 

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