Saturday, 08 de August de 2020


Pemex fue desahuciada por el propio gobierno federal




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¿Alguien piensa que Chevron, Petrobrás, Exxon o Repsol van a querer asociarse con Pemex, una empresa desahuciada por el propio gobierno federal a causa de su improductividad, corrupción y pasivos laborales que simboliza el sindicato de Romero Deschamps?

Fue un ¡tiritititooooo! La esperada presentación de la #ReformaEnergética apagó cualquier entusiasmo sobre una reactivación del sector. Las expectativas lucen congeladas porque a nadie dejó contento el proyecto de modificar los artículos 27 y 28 constitucionales para liquidar el monopolio estatal en la producción de hidrocarburos y energía eléctrica. Nadie luce convencido en el país, a excepción del presidente Peña Nieto, sus empleados, asesores económicos, periodistas y medios de comunicación a modo y, por último, su partido. En otras palabras, convenció a los que ya estaban convencidos.

 

 

Nadie quedó contento, aunque todos por diferentes razones. La principal, quizá, es que la reforma carece de credibilidad y autoridad moral: hace un diagnóstico apocalíptico del sector energético, pero no habla ni una palabra de los que lo llevaron a esa situación de agonía, que no es otra que la corrupción de los funcionarios encargados de la gestión de Pemex, así como la carga que representa un sindicato tan paquidérmico como improductivo, personificado en Romero Deschamps. Los años de bonanza petroleros fueron dilapidados, las reservas de Cantarell agotadas, ¿y nadie es culpable?

 

 

Vamos a partir del diagnóstico apocalíptico de Pedro Joaquín Coldwell, aún ignorando la evidencia de que Pemex no es tan improductiva como afirmó el secretario de Energía. De acuerdo con la pretendida reforma constitucional, Pemex pasaría a ser una empresa más que competiría con otras empresas en la exploración, explotación, realizar actividades de petroquímica básica, así como de distribución y almacenaje. Porque, ¿alguien piensa que Chevron, Petrobrás, Exxon o Repsol van a querer asociarse con Pemex, una empresa desahuciada por el propio gobierno federal a causa de su improductividad, corrupción y pasivos laborales que simboliza el sindicato de Romero Deschamps?

 

 

La petroquímica secundaria está abierta a la inversión extranjera desde hace varios años, y a nadie le ha interesado asociarse con Pemex. En 2008 fueron aprobados los contratos incentivados por propuesta de Calderón —cuando nos prometió bonos para compartir la riqueza del oro negro—, y tampoco ninguna petrolera de clase mundial acudió al llamado porque la condición era asociarse con la paraestatal monopólica. Y como ejemplo de ese abandono esta el paleocanal de Chicontepec en la Sierra Norte.

 

 

El monopolio finaliza, Pemex es una empresa más —lastrada por la falta de recursos tecnológicos, corrupción y pasivo laboral— que deberá competir ahora contra otras empresas. ¿Cómo va a sobrevivir? Pues no hay forma: Pemex está destinado a morir más tarde que temprano, a dejar sin empleo a sus más de 100 mil sindicalizados, a rematar sus pocas propiedades valiosas y refinerías. México pierde, mientras las petroleras ganan. Su debilidad intrínseca la hace blanco fácil de sus nuevas competidoras que no tendrán lastres al arrancar de cero.

 

 

A nadie le queda claro cómo serán esos famosos contratos de “utilidad compartida”. De entrada, no se incluyen en la propuesta de modificación a los artículos 27 y 28 de la constitución, ya que se reservan para las leyes secundarias según el poco brillante Emilio Lozoya Austin, que no adelanta los términos del reparto de los beneficios que recibirá el estado mexicano y los que recibirán las empresas privadas. Ahí, por supuesto, se encuentra el quid del negocio.

 

 

Nadie quedó contento. La izquierda porque su propuesta es sanear a Pemex de la corrupción, de su sindicato, disminuir su aportación fiscal al presupuesto, y hacerlo una paraestatal nuevamente rentable para los próximos años sin que se toque el texto constitucional. La derecha, representada por el PAN, aboga por las concesiones y entregar todo todito a la IP. Esdecir, piden más desmantelamiento.

 

 

Para la prensa internacional de The Economist, Financial Times y Wall Street Journal, podría ser mejor. Standard&Poors dice que su aprobación no hará crecer el PIB per cápita. Y hasta Greenpeace se queja de que no incluye tecnologías renovables y desarrollo sustentable.

 

 

El gélido entusiasmo alrededor de la #ReformaEnergética se concretiza en el escaso apoyo mediático pese a la gran inversión publicitaria. A excepción de Ciro Gómez Leyva, Pablo Hiriart y el conglomerado mediático de Olegario Vázquez Raña —Excélsior, Cadena Tres, Imagen—, la insulsa Yuriria Sierra y algún otro extraviado, analistas y académicos expresaron más dudas que certezas sobre el proyecto.

 

 

Peña Nieto va a perder la batalla, aún incluso pese a que la #ReformaEnergética sea aprobada en los términos presentados. Perdió la batalla de la legitimidad del proyecto, y el refugio en el pasado cardenista lo único que provocó fueron risas. El tiempo se le agota porque el bono de su victoria ya se acabó en la compleja situación económica, la inmovilidad de la Cruzada Nacional contra el Hambre, y el fracaso en la seguridad pública.

 

 

¿Hacia dónde se mueve el presidente?

 

 

 

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