Tuesday, 04 de August de 2020


Avanzan los intentos por desestabilizar la elección en la BUAP




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Imposibilitado para entrar a la contienda porque nunca llegó el aval del morenovallismo, Nares sigue pujando para que el grupo en el poder exija a Esparza que le entregue la Secretaría General o la Tesorería como una forma de establecer el equilibrio al interior de la BUAP

Aunque desde fuera el proceso para elegir rector en la BUAP es una balsa que navega plácidamente, las presiones desde dentro y fuera de la institución comienzan a fortalecerse para descarrilar a Alfonso Esparza Ortiz no en su elección, sino en su ejercicio de gobierno por los próximos cuatro años. Las pasiones se desatan a partir de adueñarse de la máxima casa de estudios por la posición de privilegio que tiene en la sociedad poblana, y por el dato poco desdeñable de que su tesorería es por lo menos mil millones de pesos mayor que la del Ayuntamiento capitalino. ¿Y si la guerra entre Agüera y Gali dejó montones de heridos, cómo no iba a ocurrir lo mismo por el control de la BUAP?

 

 

En el centro de las operaciones neurálgicas por formar un bloque de opositores internos y externos se ubica la Facultad de Derecho: Guillermo Nares no compite de hecho, pero sí de espíritu, para apoderarse de algunas de las posiciones fundamentales de la administración central, ya sea la Secretaría General o la Tesorería, con la promesa de maniatar el proyecto de Esparza y preparar su candidatura en el 2017.

 

 

La reforma al modelo de universidad pública de los 90 protegió a la institución de influencias políticas externas, ya que en los 70 y 80 las pugnas internas del Partido Comunista desembocaron en la desestabilización de la universidad. La Ley Orgánica impide un candidato externo a la rectoría de recién desembarco a la universidad, pero por un principio de naturaleza política, el gobernador siempre tiene voz e influencia moderada. Piña Olaya le dio manga ancha a Pepe Doger para acometer la reforma. Bartlett dejó pasar a Enrique Doger. A su vez, Melquides Morales aprobó que el sucesor de éste fuera Enrique Agüera, quien después se entendió a las mil maravillas con Mario Marín y hasta lo hizo su compadre. Pero de una forma u otra, los poderosos de fuera tienen que entenderse con los de dentro, ya que insertar a alguien llevaría mucho tiempo y esfuerzo.

 

 

Esa distancia de los vaivenes partidistas es lo que ha garantizado el crecimiento constante de la calidad académica, la infraestructura y sobre todo, la estabilidad al interior de la BUAP, aún en los excesos del agüerismo. Aunque desde el arranque del periodo de transición, Moreno Valle puso en su radar a la máxima casa de estudios y coqueteó con la idea de insertar a uno de sus hombres de confianza, el proyecto nunca llegó a madurar.

 

 

Y en uno de esos rebotes que no tienen explicación clara, Guillermo Nares apareció como síndico en la planilla de “Puebla Unida”, un movimiento con el que se buscaba hacer un contrapeso universitario a Enrique Agüera. Pero la candidatura no prosperó, ya que no pidió la licencia a la que estaba obligado en su calidad de funcionario público, y los agüeristas, con la bendición de Esparza, impidieron una estratagema claramente ilegal para otorgársela. Nares se quedó fuera, pero prometió venganza en la batalla por la rectoría.

 

 

Sin embargo, el aval del morenovallismo para inscribirse en el proceso nunca llegó. Hay diferentes versiones al respecto. Unos hablan de un compromiso entre Moreno Valle y el poderoso secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, para garantizar la llegada de Esparza a la rectoría. Otros dicen que Nares carece de un vínculo directo con el gobernador, y que en los días decisivos para inscribirse, Antonio Gali andaba de vacaciones y nunca pudo comunicarse con él. El caso es que Guillermo Nares no se inscribió a la batalla por la rectoría, y su periodo al frente de la Facultad de Derecho llega a su fin. ¿Hacia dónde moverse?

 

 

Guillermo Nares busca atraer al morenovallismo a la batalla por la rectoría de la BUAP y desestabilizar el proceso. A la mano tiene una relación intermediada con Antonio Gali, y el manejo que le queda de la Facultad de Derecho. Su ariete fue el reputado académico César Cansino, quien publicó un desplegado rechazando su postulación a la rectoría de la BUAP, haciendo un diagnóstico de la imposibilidad de hacer una campaña competitiva contra Esparza. Claro, nunca se supo cuáles eran los cientos de alumnos y académicos que le habían pedido postularse.

 

 

Imposibilitado para entrar a la contienda porque nunca llegó el aval del morenovallismo, Nares sigue pujando para que el grupo en el poder exija a Esparza que le entregue la Secretaría General o la Tesorería como una forma de establecer equilibrios al interior de la BUAP. Por supuesto, Esparza se ha negado porque ninguno de sus interlocutores en el morenovallismo se lo ha pedido: ni Eukid, ni Moya, ni Luis Maldonado. ¿Por qué va a entregar lo que nadie le ha requerido?

 

 

Pero en el morenovallismo no han tomando una decisión. Las versiones que indican un acuerdo que pasa por Osorio Chong quieren respetarlo, y no se ponen de acuerdo sobre la confiabilidad de Guillermo Nares, pese al aval que le da Gali. ¿Triunfará la ofensiva narista o Esparza seguirá navegando en una plácida balsa?

 

 

 

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