Tuesday, 04 de August de 2020


Peña Nieto es un general valiente que ha decidido sacrificarse




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Peña Nieto es valiente porque pone el cuerpo. El mexiquense es el primer presidente en arruinarse a sí mismo su informe a cambio de ganar espacio en su agenda de reformas. Merece elogio por eso, aunque se desconocen los resultados de tal osadía

De los últimos cinco presidentes de México, Enrique Peña Nieto es el peor evaluado en el arribo a su Primer Informe de Gobierno, a excepción de Ernesto Zedillo que en 1995 enfrentaba las peores horas del “error de diciembre”. El mexiquense apenas tiene el 55 por ciento de calificación según diversas encuestadoras, y uno no sabe a ciencia cierta el por qué de tan baja evaluación: si bien no ha cometido un error flagrante —como sí lo hizo Zedillo— tampoco ha gozado de una victoria rutilante. Su pecado es administrar la inercia hasta convertirse en una continuidad indeseada de Felipe Calderón.

 

 

Sus últimas dos semanas han sido un infierno a partir de dos crisis en los ejes fundamentales de gobierno, política y economía, que su mano derecha e izquierda —Osorio Chong y Luis Videgaray— no han podido desatar. Pero la apuesta sube y sube para intentar darle oxígeno al sexenio: ayer en San Lázaro se aprobó la Ley del Servicio Profesional Docente justo en el marco del Primer Informe de Gobierno para darle carpetazo a uno de los conflictos y ganar espacio para la presentación de la reforma fiscal el próximo 8 de septiembre.

 

 

Peña Nieto juega a todo o nada. Decidió arriesgarse a sí mismo, un reconocimiento de que sus dos alfiles no pudieron con el paquete.

 

 

Osorio Chong, desde Gobernación, le falló al presidente. No hay dudas al respecto. El titular de Bucareli aprendió en dos semanas más que en sus seis años como gobernador de Hidalgo, pero su curva de aprendizaje salió muy cara. Su primer error fue dejar que los miles de maestros de la CNTE salieran de sus estados de origen y llegaran al DF para sitiar la capital. Dicen los enterados que desde los años de Carlos Salinas se conformó un protocolo muy específico que consiste en no permitir que los manifestantes lleguen a la capital del país porque, ya atrincherados, el costo político de sacarlos es muy alto. Pero desde Oaxaca, Michoacán, Guerrero y las zonas más pobres del DF, los maestros de la CNTE entran y salen para alimentar los campamentos, y nadie los detiene.

 

 

Luis Videgaray, desde Hacienda, también le falló a Peña Nieto, especialmente en la administración del ciclo del gasto público que terminó impactando las previsiones de crecimiento económico y empleo. Del optimista 3.5 por ciento de principio de años, bien nos irá si al final llegamos al 1 por ciento, o sea, nada. La compra de conciencias en la prensa económica extranjera nos dio una buena propaganda internacional, pero en la realidad no hubo elementos para sostener el“Mexico´s moment”. Si la economía no crece, el empleo tampoco, y muchos menos la seguridad social. El subejercicio del gasto federal, la palanca de crecimiento en el país, es una losa muy pesada. Tampoco es lo mismo gestionar el presupuesto del Estado de México que los dineros nacionales. Otra vez, la curva de aprendizaje fue cara.

 

 

Especialmente las dos últimas semanas han sido críticas en el diagnóstico político y económico del sexenio peñista. En su mayor hora de debilidad, y a unas horas de presentar su informe encapsulado en su residencia oficial, Peña Nieto decidió ya no dar concesiones y jugarse el todo por el todo al apresurar la última parte de la reforma educativa, una Ley General de Servicio Docente muy diluida con un adendum negociado, pero que previsiblemente radicalizará a los maestros de la CNTE que han capturado a la capital del DF. En el juego de vencidas todo indica que ganará el gobierno federal, pero se desconoce el costo que pagará.

 

 

Peña Nieto es valiente porque pone el cuerpo. El mexiquense es el primer presidente en arruinarse a sí mismo su informe a cambio de ganar espacio en su agenda de reformas. Merece elogio por eso, aunque se desconocen los resultados de tal osadía. Y es que tras la aprobación la noche de ayer del Servicio Docente, y el arribo de la minuta al Senado previsto para el martes, se cruza hoy el informe presidencial. El pronóstico del clima político es ardiente, porque mientras Peña Nieto hable en Los Pinos, es muy probable que la capital sea sitiada de forma permanente ya que desde anoche la CNTE anunció que pasaría a una fase de total rebelión.

 

 

La figura del presidente se degrada con los años, de Salinas a Calderón, su aprobación es descendente para el primer año, y ahora con Peña Nieto no es la excepción. ¿Cuáles son sus expectativas para terminar el sexenio si arranca con un miserable 55 por ciento? ¿Cuándo llegue el 2018 apenas tendrá un 40 por ciento? ¿Qué posibilidades tiene el PRI de mantener la presidencia en ese escenario?

 

 

Por eso Peña Nieto ha decidido jugárselo todo. Poner el cuerpo para sacudirse la imagen de una derrota anticipada a la reforma energética y la hacendaria. ¿Si no podía con los maestros, cómo iba a hacerlo con empresarios y la fuerza social de la izquierda que no está dispuesta a ceder en la soberanía energética, así como el rechazo de mayores impuestos?

 

 

Pero al ponerse al frente, el desgaste presidencial es mayor. La aprobación nocturna de la Ley del Servicio Docente puede ser el último acto de poder, la esperanza del enfermo que por un momento se siente sano para después derrumbarse. El futuro del país se juega en cuestión de dos semanas, y nadie sabe qué es mejor: si la continuidad de la parálisis, de la inercia que administra Peña Nieto, o un cambio de rumbo con las reformas energética y fiscal que tampoco da esperanza.

 

 

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