Wednesday, 24 de July de 2019


Llueve mojado en festejos patrios: crónica del desencanto




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Moreno Valle se preocupa igual por los pobres, pero diferente, pagando millones de pesos para que los poblanos puedan ver a combos de artistas que con sus raquíticos salarios, en el tercer estado más pobre del país, jamás podrían costear

Llueven desgracias en el país y uno no sabe cuál atender primero. Desde mediados de agosto estamos salados, todos nos sale mal por donde volteemos. Es el 15 de septiembre menos patriótico desde que tengo memoria, quizá porque hay poco que festejar. Al mundial de futbol hay pocas posibilidades de clasificar, y “El Canelo” se llevó un repaso de Floyd Mayweather Jr., el mejor boxeador del mundo. El zócalo de la capital fue vaciado a punta de tanquetas, escudos y policías para que, un día después, fuera medio llenado con acarreados del Estado de México que medio vitorearon a Enrique Peña Nieto en el Grito menos inflamado de ardor patriótico. Ni siquiera hizo tañer la campana de la Independencia. Pura decepción.

 

 

Noche de festejos patrios, noche de desgracias en Guerrero. Las imágenes empezaron a sacudir las redes sociales. Acapulco, Chilpancingo, la zona de la Costa Chica. Miles de afectados, patrimonios perdidos, vidas en riesgo. Tan poco importantes que Peña Nieto todavía se dio tiempo de presidir el desfile del 16 de septiembre, y hasta después, hacer acto de presencia en la zona de afectación para ordenar que Hacienda libere el Fondo de Desastres Naturales.

 

 

En pleno festejo patriótico, dos fenómenos meteorológicos golpean las dos costas del país en un hecho que no ocurría desde los años 50. Noche de Grito independentista pasado por agua. Pero eso a los poblanos poco les importó: bajo la proclama de que gratis hasta las puñaladas, aguantaron todas las inclemencias del tiempo para presenciar a Pepe Aguilar, las Pandora y como plato fuerte, esperaron horas y horas a fin de ingresar al Centro Expositor donde Emmanuel y Mijares deleitaron al público con sus éxitos.

 

 

Un país de contrastes. Al Grito sin ardor de Peña Nieto, un festejo patriótico alternativo en el monumento a la Revolución a donde fueron “reubicados pacíficamente” los maestros de la CNTE. Profesores y estudiantes universitarios, más de 100 mil, en un festejo alternativo de las acciones de rebeldía de los maestros que nadie sabe en qué van a terminar. Hasta en la pacífica Puebla las muestras de inconformidad van creciendo al grado de que, sin que nadie lo esperara, el sábado previo al festejo patrio, un contingente de 500 profesores tomaron la caseta de San Martín por varias horas hasta que el gobierno estatal dio un ultimátum para el uso legítimo de la fuerza, justo cuando los profes ya se iban a ver la pelea del “Canelo”.

 

 

No es fácil ser presidente ni gobernador ni alcalde. En lugar de reposar cómodamente los festejos patrios, Peña Nieto tuvo que volar a Acapulco, empaparse en la lluvia, apapachar a los afectados, tomarse la foto sin impermeable, todo para demostrar que se preocupa mucho por los desposeídos. Moreno Valle se preocupa igual por los pobres, pero diferente, pagando millones de pesos para que los poblanos puedan ver a combos de artistas que con sus raquíticos salarios, en el tercer estado más pobre del país, jamás podrían costear.

 

 

Los poblanos, agradecidos con el gobernador, lo apapachan y le piden fotografías a cambio de los boletos gratuitos que diligentemente repartió en el CIS y por la noche en la plaza de La Victoria. Pero ni él puede apaciguar a la lluvia que, tras los fuegos artificiales, provocaron una densa nube de humo en Los Fuertes.

 

 

Pero quien sí la pasó mal fue Eduardo Rivera Pérez, difuminado en su papel de alcalde por un Antonio Gali hiperactivo, al que los propios funcionarios del actual Ayuntamiento ya le rinden cuentas con la esperanza de mantenerse en la próxima nómina. Fue el Grito más políticamente correcto de los tres que protagonizó. En el primero sufrió el desprecio en propia casa cuando el gobernador no lo dejó salir al balcón en el palacio municipal. En el segundo le expropiaron la fiesta para trasladarla a Los Fuertes. En el tercero y último no hubo aspavientos.

 

 

El tiempo de Eduardo Rivera Pérez en el Ayuntamiento se está acabando, así, en gerundio, para no tener que escribirlo en pasado de se acabó. ¿Hacia dónde va Lalo en el final de su trienio? ¿Quiénes serán los fieles que lo acompañarán en su travesía al desierto y quiénes los traidores que sueñan con subirse al tonygalicismo?

 

 

A los mexicanos nos enseñaron que los 15 de septiembre se festejan con mucho alcohol y ánimo patriota. El primero nunca falta, pero ahora que la reforma fiscal nos promete IVA e ISR para aventar al cielo, quizá sea la hora de empezar a racionar los víveres.

 

 

Del segundo, el ánimo patriota, se diluye cuando vemos las imágenes de miles de mexicanos que lo perdieron todo con las lluvias en Guerrero, Veracruz y Tamaulipas. ¿Qué otra desgracia nos falta, además de crisis económica, recesión, represión a los maestros? ¿Por qué en Casa Puebla, Los Pinos y palacio nacional la música suena, mientras en la realidad llueve sobre mojado?

 

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