Sunday, 31 de August de 2025


Los dueños del dinero en México andan muy enojados (¿con razón?)




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Pese a la molestia de los empresarios, queda claro que la Reforma Hacendaria se quedó muy lejos de ser el viraje fiscal que el país necesitaba. No pasará de ser una miscelánea que le da atributos al SAT para apretarnos más a los cautivos, pero no pasa de ahí. En ese sentido, fracasó la ambiciosa apuesta de Peña Nieto

Los poderes empresariales afectados por la Reforma Hacendaria aprobada por el PRI y el PRD, específicamente refresqueras y procesadores de alimentos “chatarra”, empujan con todos sus instrumentos para que los gravámenes sean echados abajo en el Senado. Como en los tiempos de Echeverría y López Portillo, el enfrentamiento de la cúpula empresarial con el gobierno federal aumenta cada día abriendo un flanco inesperado. Para los dueños de Femsa, Bimbo y refresqueras, consentidos durante los 12 años de gobiernos panistas, era más digerible el aumento generalizado del IVA a alimentos y medicinas que perder privilegios en deducciones y consolidación fiscal. En la primera hipótesis todo México pagaría; en la segunda, los empresarios consideran que su riqueza es “expropiada” y califican al Presidente como un marxista, según lo llamó Sergio Sarmiento en su columna de Reforma la semana anterior.

 

 

El barco de Peña Nieto se encuentra a la mitad de la tormenta. Los empresarios no solamente recurren a sus cabilderos para modificar los nuevos impuestos, sino que golpean eficientemente a Peña Nieto a través de los medios de comunicación que son su instrumento de expresión, concretamente los diarios Reforma y Excélsior, cada vez más virulentos en sus artículos de opinión. Los opinadores al servicio de Coca Cola, Femsa, refresqueras, Bimbo-Servitje y compañía han acertado en tres argumentos.

 

 

Uno. El gobierno federal extrae más recursos de los mexicanos vía nuevos impuestos y endeudamiento sin hacer compromiso de en qué habrá de gastarlos, ni transparentar su uso ni adecuarse a medidas de austeridad. Todas las buenas intenciones son salivazos: desde que México se recuperó de la traumática crisis de 1995, el gobierno federal engorda en puestos gerenciales, nómina y salarios, pero no en sus actividades prioritarias como seguridad pública y combate a la pobreza.

 

 

Resumiendo; el gobierno federal tendrá más dinero para gastar, sin explique en qué ni los porqués. Videgaray aceptó darle pa’tras al IVA en colegiaturas, compra-renta de inmuebles, pago de hipotecas. Pero a cambio creó el impuesto a la comida “chatarra” —que enfureció a Lorenzo Servitje—, aumentó el precio del petróleo, dejaron intactos los gasolinazos —al finalizar 2014 el combustible será mucho más caro que en EU— y asumieron un déficit fiscal supuestamente del 1.5 por ciento del PIB, pero que según los empresarios puede llegar al 4 por ciento. En suma, el gobierno tendrá 4.70 billones de pesos para gastar. O malgastar.

 

 

Dos. Los ciudadanos de a pie pagaremos más impuestos a través del incremento del ISR gradual, pero también con la reducción de los gastos deducibles que no serán mayores a 95 mil pesos. ¿A cambio de eso qué nos darán? La seguridad pública no es mala, sino malísima: crimen organizado, robo con violencia, secuestros. Según el INEGI, 95  por ciento de los delitos no se denuncia. La educación es mediocre, igual que la atención a la salud. El combate a la pobreza es un fracaso porque el mismo porcentaje de pobres se mantiene desde 1994. El Estado ni siquiera es eficiente para recaudar, ya que su presupuesto está basado en sus ingresos petroleros. Y eso que quieren privatizar el sector energético. ¿De qué van a vivir mañana?

 

 

Con todos esos argumentos, los empresarios de México, que andan muy enojados, presionan a través del PAN, de sus cabilderos y de sus medios de comunicación. Finalmente, imaginaban otro escenario muy parecido al de los últimos 12 años, en los que obtuvieron grandes privilegios, exenciones y regímenes especiales.

 

 

Tres. Pese a la molestia de los empresarios, queda claro que la Reforma Hacendaria se quedó muy lejos de ser el viraje fiscal que el país necesitaba. No pasará de ser una miscelánea que le da atributos al SAT para apretarnos más a los cautivos, pero no pasa de ahí. En ese sentido, fracasó la ambiciosa apuesta de Peña Nieto, quien de todos modos pagará el costo político en la cúpula empresarial, con la clase media y los profesionistas, pero no queda claro si el nuevo dinero que le caerá será suficiente para mantener atadas a sus clientelas a través de lo que se vislumbra como un infuncional seguro de desempleo.

 

 

Peña Nieto y Luis Videgaray fallaron en el núcleo político del alza de impuestos: desde la Carta Magna que el rey Juan Sin Tierra firmó en 1215, hay un pacto implícito entre el gobierno y su burguesía. A cambio de obtener nuevos ingresos, el Monarca entrega más derechos y libertades a sus gobernados. En esta Reforma Hacendaria el gobierno federal no le dio nada a los mexicanos: ni transparencia, ni austeridad, ni garantías de que gastará mejor. Por ello, los dueños del dinero andan muy enojados. Y creo que tienen razón.

 

 

*** Populismo de género. El Congreso del estado prepara un albazo al género masculino de Puebla, inspirado en la propuesta de Peña Nieto: Puebla será el primer estado que obliga a sus partidos a entregar el 50 por ciento de sus candidaturas a mujeres. Una aberración legislativa de la que mañana nos extenderemos. Pero no deja de ser irónico que será aprobada por un Congreso que tiene una vasta mayoría de legisladores varones. ¿Traidores a su género?

 

 

 

 

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