Tuesday, 04 de August de 2020


La agonía de la LVIII Legislatura es una comedia bufa escrita por Sammy




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Primero empezaremos pidiendo el 50 por ciento para mujeres. Luego, el 40 por ciento para morenos. Más tarde, el 60 por ciento para gordos, y el 70 por ciento para chaparros. ¿Cuántos diputados merecen los calvos? ¿Y los indígenas? ¿Y los homosexuales?

Segundo Teorema de Sammy, el retardado que triunfa en la película de Eugenio Derbez, No se aceptan devoluciones: lo que no tiene fundamento, pues no tiene fundamento. La noble propuesta de fortalecer la equidad de género en materia política- electoral terminó ayer en el Congreso local como un pastelazo que salpicó a varones y féminas, lo mismo que al morenovallismo y al PRI. Por si fuera poco, retrató a supuestas legisladoras “progresistas” como Josefina Buxadé y Denisse Ortiz, quienes defendieron a capa y espada la iniciativa morenovallista de entregar 50 por ciento de las candidaturas al Congreso a mujeres, pero nunca pudieron explicar por qué se negaron a ampliar el rango de representación en el caso de regidurías.

 

 

Bajo el principio de que lo absurdo es absurdo, todo culminó en un fuego cruzado: los varones votaron por quitarle espacios de participación a los varones, y las féminas votaron contra las féminas para no ampliar su rango de representación en los ayuntamientos.

 

 

Si no es una comedia bufa, el epílogo de la LVIII Legislatura se le parece mucho. En tres años, el Congreso local se ha achaparrado al punto de que las contradicciones internas, especialmente en el PRI, así como el transfuguismo, hace difícil reconocer el panorama inicial de la “Legislatura del Cambio”, la primera en la que el tricolor no tiene mayoría.

 

 

La descomposición de la legislatura parte de la calidad de los diputados a las posiciones políticas de cada fracción. Tanta es la degradación, por ejemplo, que el coordinador de los tricolores, Ernesto Leyva, al principio del trienio era un diputado del montón. Tan pequeña es su capacidad de interlocución que le crecieron los enanos y amenazaron con independizarse.

 

 

A reserva de ser calificado como misógino, la iniciativa de obligar a los partidos a entregar el 50 por ciento de las candidaturas al género femenino es un hecho “políticamente correcto”, pero que en términos de representación democrática es un despropósito. Los Padres Fundadores de la democracia, tanto en Estados Unidos como en Francia e Inglaterra, se volverían a morir si vieran lo que los legisladores mexicanos le hacen a su modelo.

 

 

¿Por qué es un absurdo?

 

 

Primero. La representación es política, no sociológica: aunque el Parlamento es el depositario de la Soberanía, representa a la Nación, no su exacta composición social. Vaya, no es un espejo ni tiene porque serlo. Pedirlo es absurdo. Los extremos admiten un reductio al absurdum. Primero empezaremos pidiendo el 50 por ciento para mujeres. Luego, el 40 por ciento para morenos. Más tarde, el 60 por ciento para gordos, y el 70 por ciento para chaparros. ¿Cuántos diputados merecen los calvos? ¿Y los indígenas? ¿Y los homosexuales?

 

 

Veamos ahora por rango educativo: el Congreso no debe admitir más del 25 por ciento para profesionistas, y deben respetarse 10 por ciento de curules para los analfabetos, una vez que esos son los porcentajes que se corresponden a la realidad.

 

 

Ahora por ingreso: dado que el 70 por ciento de los mexicanos gana menos de cuatro salarios mínimos, el 70 por ciento de los diputados federales, senadores y diputados locales debe estar en pobreza extrema.

 

 

¿Qué otra tontería se nos ocurre?

 

 

Claro. La representación nacional debe ser un mosaico del futbol mexicano. Tanto por ciento para americanistas, tanto para cruzazulinos, tanto para atlistas, tantos para los rayados y así.

 

 

Pero por supuestooooo. ¿Y las religiones?

 

 

Por lo menos debe salvaguardarse 20 por ciento para diputados afiliados a una secta cristiana. Por lo menos 5 por ciento para los testigos de Jehová. Y aunque poquitos, los musulmanes en México son una minoría que amerita ser representada. ¿Qué decir de los budistas y judíos? ¿No merecen diputados?

 

 

De poco importa que la iniciativa venga de Peña Nieto, de Moreno Valle, del PRI, del PAN o de Dios Padre. Aunque vengan con argumentos de medidas de discriminación positiva, de mecanismos para incentivar la participación de las mujeres, lo único que han hecho los legisladores al seguir instrucción tan supina es deteriorar la calidad de la democracia representativa. Un buen diputado no depende de su género. Depende de su capacidad para abanderar los intereses del Estado, de sus electores e incluso los dictados de sus partidos políticos. Pero obligar a entregar 50 por ciento de las candidaturas a mujeres, no va a producir mejores legisladores. Al tiempo.

 

 

 

 

 

 

 

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