Tuesday, 26 de March de 2019


Volver al pasado (1938): tumban candados a la no reelección y la privatización de Pemex




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La urgencia histórica de la reacción se ha encontrado con la prisa política del peñanietismo que busca ejecutar el golpe de la #ReformaEnergética antes de exhalar su último suspiro: todos pagaremos un costo altísimo. La Nación quedará en estado de indefensión, como —irónicamente— advirtió Diego Fernández de Cevallos en su artículo de Milenio

El maratón reformista de Peña Nieto se encuentra en el kilómetro 36: las piernas flaquean, el esfuerzo provoca trauma en todo el cuerpo y sólo una voluntad de acero permitirá terminar el recorrido. La #ReformaPolítica, aunque quiere venderse como una modificación de gran calado al sistema político, en realidad sonchucherías, bagatelas, que Acción Nacional ha decidido comprar como factor legitimante de su voto a favor en la #ReformaEnergética. El PRIAN renace, como en las dos últimas décadas, para conquistar la joya de la corona y darle un giro al reloj histórico para colocarnos en la situación previa a 1938: las empresas extranjeras podrán invertir en el sector energético para adueñarse de los hidrocarburos, electricidad y despojar de ellos a los mexicanos.

 

 

No es el único giro al pasado. El pensamiento de la reacción —como lo llamó el poblano Gastón García Cantú— triunfa porque al mismo tiempo que se derrumba la prohibición histórica al capital privado en el sector energético, se rompe el principal candado del sistema político mexicano con la reelección para legisladores y alcaldes. Anhelada por los intelectuales que creen ver en ella la solución a nuestra disfuncional clase política, se trata en realidad de un dulce sin edulcorante: de acuerdo con el dictamen, el requisito para reelegirse es la anuencia de los partidos a postular nuevamente.

 

 

En otras palabras: la partidocracia se niega a darle autonomía a sus legisladores y gobernantes, así como a que éstos puedan crear nuevos vínculos con sus electores. Por más popular que sea un senador o alcalde, si la cúpula partidaria se niega a su reelección, éste no podrá hacer nada. Deberá seguir obedeciendo a los intereses de su partido y no a los de sus electores.

 

 

La pirámide del poder no sufre ninguna modificación con esta #ReformaPolítica y eso lo saben perfectamente los panistas quienes necesitan un justificante para su acto saltimbanqui: no hace unas semanas le dijeron de todo a los priistas y ahora deberán votar con ellos. Por ejemplo, Javier Lozano Alarcón hasta contrató publicidad para exhibir a sus compañeras del tricolor Blanca Alcalá y Lucero Saldaña, pero hoy mismo votará junto a ellas. Ironías de la vida.

 

 

No reelección y prohibición a la inversión privada en el sector energético fueron parte de aquellos que los viejos maestros de derecho y teoría política llamaban las Decisiones Políticas Fundamentales según el concepto de Carl Schmitt: un conjunto de principios que emanaban de la historia y carácter de un pueblo, que no se podían modificar así como así. Pero aquí al 15 de diciembre así lo harán: un nuevo país al vapor, sin la oportunidad de que los ciudadanos puedan expresarse.

 

 

La urgencia histórica de la reacción se ha encontrado con la prisa política del peñanietismo que busca ejecutar el golpe de la #ReformaEnergética antes de exhalar su último suspiro: todos pagaremos un costo altísimo. La Nación quedará en estado de indefensión, como —irónicamente— advirtió Diego Fernández de Cevallos en su artículo de Milenio, una vez que al eliminar el candado constitucional del artículo 27 en la legislación secundaria pueden ocurrir todas las omisiones y atrocidades posibles en perjuicio de Pemex y de CFE.

 

 

Peña Nieto y sus aliados no quieren esperar más porque elgiro histórico de la contrarrevolución está a punto de consolidarse. Por ello fuerzan la máquina que ya chirría: conforme se conocen otras encuestas de evaluación al desempeño del primer año presidencial se aprecia el daño que luce cuasi mortal. Tanto que ayer mismo el periódico Excélsior rechazó publicar el sondeo de BGC porque el boquete de legitimidad es más grave de lo que se pensaba: apenas uno de cada tres mexicanos estaría de acuerdo en la forma de gobernar del mexiquense, y en el centro de la desaprobación, antes que la violencia o la ingobernabilidad, se encuentra la pésima gestión de la economía.

 

 

Los propagandistas del PRI tiene confianza en que puedan levantarlo en los próximos cinco años: sembramos en el primero, cosecharemos en los siguientes, repiten como un mantra. Pero no hay registro en la comunicación política, no de México ni del mundo, en que un gobernante pueda recuperarse luego de que la aprobación cayó a uno de cada tres. No hay mecanismo posible: su partido pagará la factura en la siguiente elección. El PRI regresó un sexenio, pero se volverá a ir de Los Pinos.

 

 

La victoria del PAN será en términos históricos, pero no sin réditos electorales. Una mayoría de la población no está a favor ni de la reelección, ni de la privatización del sector energético. Vanagloriarse de estas modificaciones no mejorará su posicionamiento electoral del tercer lugar tras las elecciones presidenciales del 2012, y menos tras el violento ajuste de cuentas entre los grupos dominantes, así como la ilegalidad en la que están a punto de meterse si Gustavo Madero permanece en la dirigencia después del 4 de diciembre.

 

 

Por el contrario, la ruptura de los candados constitucionales a la no reelección y la privatización del sector energético harían que la izquierda preparara la toma de Los Pinos. Pero en un escenario de fragmentación es prácticamente imposible: entre “los Chuchos” del PRD, cómplices en la Reforma Hacendaria, y López Obrador, un líder ya cansino entre los mexicanos, poco puede esperarse.

 

 

Una vez más, con los acuerdos cumulares del PRIAN, somos los mexicanos de a pie los que volvemos a perder. El SÍ a la reelección no nos va a dar mejores representantes populares o alcaldes, porque la partidocracia seguirá gobernando, así como los intereses de las elites económicas. Y la privatización del sector energético no nos va a dar combustibles o electricidad más baratos, y mucho menos hará de Pemex una empresa competitiva.

 

 

En este escenario, los únicos que festejan son las grandes petroleras mundiales. Exxon Mobil, British Petroleum, Shell, Repsol y Chevron, bienvenidas. Podrán volvemos a saquear como lo hicieron antes de 1938.

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