Tuesday, 19 de November de 2019


Se acabó el México del siglo XX, veremos cómo nos va en el del XXI




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La #ReformaEnergética planteada en los términos del PRIAN esconde una puñalada: los subsidios a la gasolina y la electricidad llegan a su fin. El mercado determinará las tarifas. La iniciativa privada ya podrá abrir sus estaciones de servicio: como en Europa o en Estados Unidos, en una calle una de Shell, en otra una de Chevron. Y como sucede allá, el precio será diferente todos los días: si hay guerra en Irak o Venezuela o Madagascar, zaz, el precio se va a 40 pesos por litro.

Quizá soy uno de esos que están enfermos de “nacionalismo trasnochado”, pero así me educaron. En los libros de texto de primaria y secundaria la expropiación petrolera siempre apareció como uno de los momentos estelares del pueblo mexicano. La Historia de Bronce, sí, siempre enalteció al General Lázaro Cárdenas por su valentía para enfrentar a las empresas petroleras que, primero se negaron a darles condiciones dignas a sus trabajadores, y después retaron a todas las instituciones del país, incluida la Suprema Corte de Justicia. Pero para mí, la parte más inspiradora fue la participación de los mexicanos, aún los más pobres, en la colecta nacional convocada por el gobierno para pagar la indemnización a las empresas extranjeras. ¿Puede encontrarse en otro momento de la historia un momento de unión tal de propósitos entre los mexicanos y su gobierno? Yo creo que no.

 

 

Las fotografías de la época impresionaron demasiado a los nacionalistas trasnochados como yo. Los más pobres, los más ricos, fueron a Palacio Nacional a donar su pequeño o gran patrimonio. Desde centenarios, medallas de oro, viejas joyas de la familia, hasta los que llevaron gallos, gallinas y puerquitos. Hasta los niños entregaron sus alcancías. Los más pudientes compraron bonos emitidos por el gobierno. Al frente de la colecta las esposas de los altos funcionarios, se logró reunir una cantidad simbólica cercana a los 2 millones de pesos, poca cosas frente a los 8 millones de dólares que se pagaron a cada de una de las empresas.

 

 

Pero de esa gran participación ciudadana alrededor de una determinación soberana de su gobierno se erigió la gran mitología del petróleo que hoy está por terminar. En algún sentido, el país en el que crecí y fui educado llega a su fin cuando, con los votos del PRI y del PAN, se apruebe hoy un agresivo proceso de privatización del sector energético. Hay que hacer competitivo al país, dicen los albiazules. Asumimos el costo histórico, dice orgulloso el trepador Emilio Gamboa, traficante profesional de intereses e influencias.

 

 

Por ninguna parte del dictamen presentado por el PRIAN en el Senado aparecen las palabras “privatización” y “concesiones”. En tribuna, los senadores de ambos partidos dan maroma y media para disimular la verdad, aunque llegan al grado de mentir flagrantemente. Repiten, voltean, suben y bajan en busca de nuevos eufemismos.

 

 

Pero la #ReformaEnergética no miente: toda la cadena de producción, extracción y distribución de hidrocarburos se entrega a la iniciativa privada. El Estado mexicano pagará con utilidades o con producción a las empresas. En efecto, no se habla de concesiones, pero se utilizan sinónimos como “contratos, licencias, asignaciones” que serán autorizados por un fantasmal ente regulador que “siempre elegirá lo que más convenga a la nación”. Ajá.

 

 

La #ReformaEnergética planteada en los términos del PRIAN esconde una puñalada para los más de 110 millones de mexicanos: los subsidios a la gasolina y la electricidad llegan a su fin. El mercado determinará las tarifas. La iniciativa privada ya podrá abrir sus estaciones de servicio: como en Europa o en Estados Unidos, en una calle una de Shell, en otra una de Chevron. Y como sucede allá, el precio será diferente todos los días: si hay guerra en Irak o Venezuela o Madagascar, zaz, el precio se va a 40 pesos por litro. No hay regla, manda el mercado.

 

 

Lo mismo ocurrirá con la electricidad. Si el recibo llega por 4 mil pesos, qué lamentable, pero hay que pagar a Enron o alguna de las multinacionales. Si no hay suficiente generación de energía, o un exceso de demanda con en California en 2008, la empresa privada cierra las llaves. Todos a sufrir.

 

 

Lo más incomprensible que hacen los senadores del PRIAN ocurre con Pemex y CFE, a las que pretenden convertir en empresas que compitan contra la iniciativa privada. Si no pudieron ser exitosos como monopolios, ¿quién diablos piensa que tendrán las condiciones para despuntar? Tienen pasivos onerosos, cargas laborales, sindicatos improductivos. Lo único que hacen es disimular el balazo, su desmantelamiento.

 

 

Esto es el fin de una época. El país que los mexicanos construimos en el siglo XX no existirá más en el XXI. La privatización del sector energético culmina un viraje para volver a empoderar a las elites económicas a costa de mayorías empobrecidas. No imagino otra epopeya nacional semejante a la de 1938 cuando un pueblo entero se volcó en apoyo a una reforma, esa sí, de gran calado y profundidad histórica.

 

 

El petróleo es parte de nuestra mitología fundacional, pero también la prueba perfecta de nuestro fracaso como sociedad. No todo es culpa del gobierno, porque en la cadena de corrupción, falta de competitividad e incluso robo, participaron millones de mexicanos de diferentes generaciones. Administramos razonablemente el recurso no renovable más valioso del mundo hasta los años 80 del siglo pasado, y luego lo malgastamos absurdamente. En lugar de palanca del desarrollo, fue el patrimonio privado de políticos, sindicatos, gobernadores y empresas.

 

 

Entre #ReformaPolítica y #ReformaEnergética, yo ya no reconozco al país en el que crecí y me eduqué. Pero la culpa es mía por estar enfermo de un nacionalismo trasnochado.

 

 

 

 

 

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