Saturday, 14 de December de 2019


Puebla y Oaxaca, dos estados aliancistas con destinos diferentes




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Moreno Valle miró de reojo a su par oaxaqueño, y en lugar de dejarse someter por los poderes fácticos y los medios de comunicación de Puebla, decidió enfrentarlos. La gobernabilidad se logró pactando con el PRI, y aunque su escenario cambió con la victoria de Peña Nieto, todavía son mayoría los priistas poblanos que prefieren seguir comiendo de su mano.

Las comparaciones son odiosas pero necesarias. Hace tres años, Rafael Moreno Valle y Gabino Cué se convirtieron en estrellas emergentes de la política nacional luego de ganar sus respectivas gubernaturas bajo el amparo de megacoaliciones que dieron la impresión de poder frenar el tremendo impulso del PRI y Peña Nieto. Tres años después, los destinos de Puebla y Oaxaca no pueden ser más diferentes. El estado gobernado por Cué es un franco desastre, sumido en la ingobernabilidad, con un mandatario que rompió todas sus alianzas y enfrenta un panorama oscuro en las elecciones intermedias. Moreno Valle, por el contrario, y pese al golpazo político que representó la detención de Elba Esther, así como el frío que le muestra el gobierno federal, tiene la posibilidad de mantener en su poder el Congreso local y con ello darle vida a su proyecto político.

 

 

En comparación a los ojos locales simplemente no existe. Pero en el imaginario colectivo nacional, Rafael Moreno Valle y Gabino Cué Monteagudo son figuras paralelas, políticos con un destino común. Ambos son gobernadores producto de la experiencia del aliancismo electoral: hijos victoriosos de una pluralidad de partidos con enconadas diferencias ideológicas y prácticas. Ambos suceden a los dos mandatarios estatales con peor fama de los últimos años, Ulises Ruiz y Mario Marín, investigados por la Suprema Corte de Justicia, promotores de la corrupción y de escándalos que pusieron a Oaxaca y Puebla como entidades ingobernables.

 

 

Los dos, para ganar, no tuvieron que derrotar a un partido político, sino a un aparato de poder que desvió dinero público en cantidades industriales para garantizar la victoria de sus delfines, Javier López Zavala y Eviel Pérez Magaña, que les guardarán impunidad. Los dos se convirtieron en símbolo de esperanza y fe para castigar el despotismo. Y ambos, Cué Monteagudo y Moreno Valle, se convirtieron en inevitables corredores de la sucesión presidencial del 2018: el oaxaqueño para los partidos de izquierda y el poblano para la derecha. Destinos semejantes que, tres años, después, se convirtieron en polos opuestos.

 

 

A principios de 2011 deje en claro que su suerte en la carrera presidencial, sin embargo, dependería del éxito de su gestión como gobernadores. Moreno Valle tuvo en mente diferenciarse estratégicamente de su par oaxaqueño a partir del concepto de gobernabilidad y estabilidad, puesto que en apenas mes y medio después de tomar el poder, Cué Monteagudo incendió Oaxaca. Bueno, ni siquiera pudo disfrutar a cabalidad su toma de protesta y debió abandonar el Congreso oaxaqueño por la puerta de atrás, ya que el frente se encontraba sitiado por Antorcha Campesina, la Sección 22 del SNTE, los remanentes de la famosa APPO y hasta vendedores de chicles.

 

 

Una forma de presión clásica del sistema político mexicano conocida como “calar al nuevo gobernador”. Y vaya que lo hicieron: Cué prefirió pasar el ridículo antes que ser calificado de represor, título que honrosamente cargó Ulises Ruiz a lo largo del sexenio.

 

 

Gabino Cué decidió mostrar un rostro tolerante para diferenciarse del régimen represivo De Murat. Y bajo el principio maquiavélico de que el hombre de poder que es querido y no temido, no llega a ningún lado, Cué perdió el control de su estado. Así llegó sitiando a la elección intermedia de 2013. Oaxaca, en lugar de iniciar su marcha al desarrollo, continúa atascada en la ingobernabilidad. Por lo menos a la mitad del sexenio de Gabino Cué, que es como casi todo su periodo.

 

 

La ingobernabilidad que vive Oaxaca a manos de su gobernador aliancista tiene un origen claro: la pública y manifiesta intención de Gabino Cué por meter a la cárcel a su antecesor Ulises Ruiz y a varios de sus ex colaboradores. La petición de castigo de la sociedad oaxaqueña de sancionar los abusos y la corrupción, sin embargo, no llegó a ningún lado. Aunque quiso, la impunidad triunfó. Y nada afecta más a un hombre de poder que exhibir sus limitaciones, su ineficacia. Decidido a perseguir al viejo régimen pero impotente en la realidad, Gabino Cué incendió a su estado, perdió la gobernabilidad de la entidad y prácticamente desapareció del escenario nacional. Inflado por las expectativas depositadas en él, el gobernador oaxaqueño será medido en función de sus resultados reales y no por la victoria histórica que obtuvo.

 

 

Moreno Valle miró de reojo a su par oaxaqueño, y en lugar de dejarse someter por los poderes fácticos y los medios de comunicación de Puebla, decidió enfrentarlos. La gobernabilidad se logró pactando con el PRI, y aunque su escenario cambió con la victoria de Peña Nieto en la Presidencia, todavía son mayoría los priistas poblanos que prefieren seguir comiendo de su mano. El costo mayor de su preciada gobernabilidad fue dejar libre a Marín, aunque la mayoría de los poblanos se dio por satisfecho con la prisión a Alfredo Arango, así como la orden de aprehensión a Javier García Ramírez. Una fórmula amarga en muchos sentidos, pero políticamente efectiva: perdón y olvido a cambio de gobernabilidad, o ajuste de cuentas con conflicto social.

 

 

Es duro ahora mirar hacia Oaxaca, una entidad hundida en el extravío de Gabino Cué, un gobernador clínicamente muerto antes de llegar a sus elecciones intermedias. Por el contrario, Moreno Valle todavía luce dando pelea, y con inteligencia, dando pelea al PRI que desea adueñarse de Casa Puebla. Y a estas alturas, con Elba Esther Gordillo en la cárcel, ya es mucha ganancia.

 

 

*** La consulta jurídica al Tribunal Electoral fue positiva:aunque el COIPEP no establece expresamente la figura, las coaliciones electorales sí pueden establecer candidaturas comunes. De esta forma, el anuncio es inminente: el Partido Social de Integración y Movimiento Ciudadano irán con la megacoalición. También es oficial: José Juan será el candidato por San Pedro Cholula. Que los agarren confesados.

 

 

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