Friday, 26 de April de 2019


No cayó ni caerá, la bestia no lo atacó




Escrito por  Jesús Ramos
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Quienes apostaron a la caída de Rafael Moreno Valle me temo que se equivocaron. No cayó ni caerá. Y no se ve cómo. Sólo una bestia peluda llamada PRI pudo lograrlo y esa bestia aunque al inicio del conflicto Chalchihuapan tuvo intenciones de hacerlo, la verdad es que rectificó y en función de sus intereses futuros determinó que Moreno Valle le era de mayor utilidad dentro de la gubernatura que fuera de ella.

Es simple. Los 55 senadores priistas comandados por Emilio Gamboa retrajeron los colmillos y adoptaron la posición de ataque, parecía que le iban a saltar al cuello, pero una mano extensa, siniestra y poderosa surgida del averno, les palmeó la cabeza, les acarició el lomo y les cerró el hocico. Desde luego que el momento de arremeter contra el poblano no era el mejor pues en juego estaba un botín mucho más grande: Las leyes secundarias en materia energética, y una elección a la vuelta de la esquina.

 

 

A la suya, algunos le llaman suerte, otros circunstancia, lo cierto es que Chalchihuapan estalló cuando los astros no estaban completamente alineados para infortunio de sus opositores y fortuna de sus aliados, y aunque resulte molesto para quienes lo odian, la verdad es que fue el PRI el que le prolongó la vida política al mandatario. Pudo haber sido de otra manera, sí, pero no lo fue. Hay historias con finales inesperados.

 

 

Quienes apostaron a su desgracia y creen que todavía es posible. No lo lo crean tanto. No sucederá. Moreno Valle como Mario Marín será de utilidad al gobierno federal en turno en las elecciones que vengan, la del 2015, 2016 y 2018, ya pasó y volverá a pasar, ¿por qué?, porque es muy posible que, de ahora en adelante, desempeñe su mandato no de manera libre y sin restricciones, como lo venía haciendo, sino de modo condicionado. Condicionado al escarnio, a la libertad y a la permanencia.

 

 

¿No lo creen? Observen la actitud pasmosa del PRI nacional, la docilidad de los priistas locales, la tibieza de Víctor Giorgana y la indiferencia de Pablo Fernández del Campo, aunado al valemadrismo de los delegados nacionales, sólo por mencionar. Y es que ellos, como los morenovallistas, ya saben de lo que se trata, entienden que la mano siniestra de la que hablamos en un principio, si bien le soltó la correa a la bestia, también les explicó el tributo que recogerá a futuro.

 

 

Ese es el juego del poder que juegan los poderosos. Nosotros, en realidad, somos simples espectadores, somos gente que cree en la existencia del chupacabras y en alienígenas de otros mundos. Moreno Valle es un tipo con suerte. Es hábil, inteligente. Sabe negociar. Y esas cosas por supuesto que se valen y deben considerarse; tan se valen, que lo veremos reflejado en las elecciones federales del año entrante cuando el PRI resurja de sus cenizas con un titipuchal de victorias distritales. Y, ¿por qué no?, hasta con la recuperación de la gubernatura en 2016.

 

 

A reserva del libre pensamiento y expresión de los demás, tal parece que lo difícil de la crisis de Chalchihuapan ya pasó. El camión morenovallista se salió de la carretera y en este instante le están arreglando los neumáticos y las abolladuras, que son muchas. ¿Tuvo consecuencias negativas? Por supuesto que sí. Nunca será igual el antes que el después. Antes ese camión jalaba muy bonito, un abejorro hacía más ruido que su motor y, ahora, ahora ya echa humo.

 

 

 

 

 

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