Thursday, 25 de April de 2019


Chalchihuapan, todos pueden morir menos él




Escrito por  Jesús Ramos
foto autor
El volcán de Chalchihuapan apenas comienza a vomitar lumbre. ¿Qué tanta lava aventará y cuántos serán los chamuscados? Nadie lo sabe. Pero serán muchos, muchos, y los habrá tanto del lado del gobierno estatal como de la población civil. La estrategia de Rafael Moreno Valle para que la PGR atraiga el caso del enfrentamiento de granaderos y pobladores en la autopista de Atlixco no tiene un fin justiciero ni mucho menos, lo que pretende es llevar al patíbulo, en caso de que las cosas se pongan más feas de lo que ya están, a cualquiera de los funcionarios estatales con excepción del gobernador.

El plan es ingenioso, hay que reconocer, es inteligente y oportuno porque al mismo tiempo elabora una ruta de escape ideal y a la medida para que el gobernador salve el pellejo si Chalchihuapan llegara a hacer una erupción explosiva, escandalosa y mortal de dimensiones desproporcionadas. ¿Me explico? Todos pueden morir menos él. ¿Quiénes pueden morir chamuscados si Chalchihuapan se convirtiera en el Vesubio de Puebla?

 

 

No es difícil. Habrá que anotar cuando menos a cuatro jefes grandes y a tres subalternos. Sin embargo entre los cuatro grandes debemos darle salvoconducto a uno, a Moreno Valle, y situar a tres en posición de sacrificables, insisto en caso de que el asunto se saliera de control, y éstos no serían otros que el secretario de seguridad Facundo Rosas, el procurador Víctor Carranca y el secretario general de gobierno Luis Maldonado; los otros tres, son los jefes inferiores.

 

 

Los proyectos políticos y de gobierno en México así funcionan, nos plazca o nos purgue, se trata de rutas de escape diseñadas y elaboradas para que cualquiera pueda ser castigado, menos el patriarca, el emperador, el zar, el gran kan o el rey, por eso la petición del Ejecutivo estatal para que la Procuraduría General de la República atraiga el salvaje episodio de Chalchihuapan, donde el niño Luis Alberto Tehutle se debate entre la vida y la muerte, por la aplicación de la llamada Ley bala que da manga ancha a los cuerpos policiacos para que disuelvan manifestaciones a través de la violencia.

 

 

El tiempo en sucesos como éste es precioso, vale oro molido, y aunque el gobierno del estado puede solicitar la atracción del caso después del desenlace fatal de Luis Alberto, si así ocurriera, es obvio que mañosamente se anticipa para lavarse las manos antes de la posible tragedia del menor, cuya vida jamás podrá ser igual, si se salvara, a lo que la naturaleza y el futuro le deparaba allá adelante, como sucede con todos los niños.

 

 

Los funcionarios grandes lo saben. Saben de su debilidad política. Saben que los tienen de pie al borde del humeante cráter del Vesubio poblano y que si fuera necesario, cualquiera de los tres, incluyendo a sus subalternos, pueden recibir la mala noticia para tirarse de cabeza o con los pies por delante, como quieran, a la ardiente lava con tal de salvar el proyecto aquel de trascendencia nacional. Habrá que esperar pues la respuesta de la PGR, si avienta el agua a las manos de los que se las quieren lavar o guarda el balde para otra ocasión.

 

 

 

 

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