Wednesday, 17 de July de 2019


Qué pasaría si los sometidos se revelan…




Escrito por  Jesús Ramos
foto autor
Al niño Luis Alberto Tehuatlie Tamayo no lo mató la bala de goma que le perforó la sien, no, la verdad es que lo mató la insensibilidad, la carencia de conciencia humana, el insulto a la vida y la falta de respeto de una autoridad estatal con nulo sentido común. El parabién de los mexicanos son los “buenos días”, “buenas tardes” y “buenas noches”; el parabién de la cultura árabe es: “Que tu hijo te sepulte”. Y es que no existe dolor más grande para un padre o una madre que perder a su retoño, a su crío, a su sangre como hoy lo pierde doña Elia Tamayo, es un dolor tan devastador que quienes no lo soportan terminan por suicidarse.

Desde hace tiempo se veía venir algo así. Tanto ejercicio de sometimiento y de solucionar las cosas por la amenaza y la fuerza tarde o temprano cobraría a su primera víctima y lamentablemente ya la cobró; pudo haber sido un adulto, un joven, una mujer o un varón; sin embargo, fue un niño de 13 años con todo por delante, un chiquillo que a futuro pudo ser maestro, doctor, licenciado, ingeniero, campesino, mecánico, albañil o simplemente un buen ciudadano. No lo sabremos.

 

 

Todo en exceso hace daño y en Puebla se ha excedido de la fuerza. De una manera u otra el morenovallismo ha sometido a partidos políticos, empresarios, organizaciones civiles, medios de comunicación, periodistas y a aquellos que han diferido de su peculiar manera de gobernar. La crítica sirve para corregir lo malhecho y la falla, pero cuando la crítica es lo que menos se tolera se reincide en el error. Y es el caso.

 

 

Muchos lo saben, el gabinete legal y ampliado lo reproduce, el rumor es del dominio público: “El gobernador Rafael Moreno Valle no escucha, sus secretarios y empleados jamás deben opinar en contra de lo que piensa o pretende porque los despide”. Es obvio que para nada sirve un equipo mudo, estático y sin conciencia. Las veladoras que en este instante rodean el féretro de Luis Alberto son elocuentes porque alumbran la barbarie, la fuerza y la amenaza cumplida.

 

 

Vivimos en un mundo de diferencias marcadas. Los hay pobres y ricos, decentes e indecentes, violentos y mesurados, cultos e incultos y esas mismas diferencias marcan también a los muertos chicos y grandes en un epitafio donde se inscribe el nombre, la edad del difunto y el año en que murió. Ojalá y no hubiera sido así, pero el proyecto presidencial de nuestro gobernador tiene muescado ya en el revólver, al más puro estilo del viejo oeste, desde ayer domingo, la muerte de un niño, muerte que seguramente sabrán capitalizar sus adversarios políticos y críticos de Puebla y del país.

 

 

Cosechar lo que se siembra no siempre resulta bueno. Y ya está la muestra. La mayoría de los diferendos se solucionan por la vía del diálogo y el tacto. Qué pasaría si después del deceso del menor Luis Alberto y con la gente de Chalchihuapan los enemigos del gobernador salen a las calles a manifestarse. Qué ocurriría si hablan los que han callado. Qué pasaría si los sometidos se revelan. Qué sucedería si los vapuleados se levantan. Qué acontecería si los agachados se enderezan. Es de pensarse.

 

 

 

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