Sunday, 20 de September de 2020

Jueves, 15 Octubre 2015 01:46

Zavala, el caballo negro en la puja tricolor.




Written by  Javier Arellano Ramírez

El término es tan añejo como la tradición política mexicana.


El “caballo negro” es aquel aspirante que no acapara los reflectores, no roba cámara; incluso está fuera de la encarnizada batalla, pero que goza de un especial posicionamiento; las circunstancias lo favorecen de manera indirecta, rebasa a los punteros y se coloca en la anhelada candidatura.

 

El pasado martes, apuntamos que dos son los principales aspirantes prisitas: Enrique Doger Guerrero y Alberto Jiménez Merino(el aspirante del ex gobernador Mario Marín). Señalamos que entre ambos se está dando una encarnizada batalla. Pero es claro que en el mapa preelectoral aparece una tercera figura.

 

De este “caballo negro” podemos asegurar que goza de especial posicionamiento en las encuestas. Y es que Enrique Doger tiene magníficos números en Puebla capital, pero conforme el cículo se amplía en el mapa, los índices de conocimiento van bajando. Es decir, en San Martín Texmelucan o en Amozoc es ampliamente conocido, pero los números van disminuyendo conforme se extiende el territorio; así, hay una drástica diferencia con Xicotepec de Juárez o Acatlán de Osorio.

 

Caso singular es el de Alberto Jiménez Merino quien es un “campesino light”, de hecho un político campirano. Sus números en las zonas rurales son mínimos, realmente bajos. Es probablemente el aspirante menos conocido de todos los que se han mencionado en este juego. Pese a que durante años ha navegado con la bandera de “funcionario rural” no ha podido permear en la base campesina. Es conocido por los líderes y ejidatarios de algunos distritos, pero hasta ahí. Su índice de conocimiento es inferior a los de otros protagonistas como Juan Carlos Lastiri, Alejandro Armenta Mier o incluso Víctor Manuel Giorgana.

 

El “caballo negro” tiene números a favor; su papel en el proceso de 2010 le da una especial ubicación y relevancia. Aún conserva grupos aliados y amigos por toda la geografía estatal.

 

Pero sobre todo, hay un hecho inapelable, indiscutible, el “caballo negro” es visto como una víctima; como la pieza sacrificada por propios y extraños; como aquel a quien sus correligionarios traicionaron; el candidato a quien mostraron encuestas falsas y manipuladas; aquel que luego de la jornada electoral, muchos le dieron la espalda.

 

Los priistas que traicionaron a su candidato, tuvieron el gozo y el placer sólo unas horas, porque al día siguiente, cuando quisieron llamar al gobernador electo, el número que les dieron ya estaba dado de baja. Por todos los canales posibles quisieron hablarle, llamarlo para felicitarlo, pero sus intentos fueron ignorados.

 

Por días, por semanas, hicieron largas antesalas en Casa Aguayo suplicando: “Fernando Manzanilla, no nos olvides, nosotros estuvimos con el gobernador… tú sabes que pusimos nuestro capital político a sus órdenes… esperamos que puedas recibirnos…” Sus ruegos fueron ignorados; nunca fueron recibidos; sus llamadas jamás tuvieron respuesta.

 

Ese priismo que traicionó a Javier López Zavala en la gran feria de deslealtades, pronto se dio cuenta que sólo los utilizaron, les aseguraron “la tierra prometida” y al día siguiente les dieron una patada en el trasero. Es muy poco probable que esas tropas vayan a creer en la palabra del candidato morenovallista Tony Gali Fayad.

 

Sí, sin duda Javier López Zavala es el “caballo negro” en este proceso 2015–2016. Inclusive puede ser que Manlio Fabio Beltrones, con esa visión aguda que lo caracteriza, formule una alianza entre Zavala y Enrique Doger; el primero para 2016 y el segundo para 2018.

 

No lo descarte. Tiene un especial posicionamiento y es el único, el único priista que en realidad quiere la minigubernatura.

 

Como siempre quedo a sus órdenes en Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo., sin mx.

 

 

 

 

 

 

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