Friday, 23 de April de 2021

Jueves, 23 Abril 2015 02:08

La burbuja virtual de Peña Nieto




Written by  Javier Arellano Ramírez

Durante décadas se impuso el sistema de la política piramidal.


Los virreyes podían moverse a sus anchas siempre y cuando no afectaran los intereses y las prioridades del centro.

 

Pero luego todo eso se derrumbó.

 

La costumbre la inició el guanajuatense Vicente Fox. El hábito quedó perpetuado en la frase: “¿Y yo por qué?

 

Luego siguieron los seis años de Felipe Calderón quien de plano se hizo el desentendido de lo que pasaba en los estados.

 

Calderón fue el gran beneficiario del pacto nacional suscrito por la profesora Elba Esther Gordillo con los gobernadores priistas.

 

La maestra fue quien sedujo y convenció a los virreyes tricolores para apoyar el arribo del panista y bloquear, de una vez por todas, la amenaza que representaba Andrés Manuel López Obrador.

 

Y en aquella contienda de 2006 fue fácil convencer a Humberto Moreira de Coahuila, Eugenio Hernández de Tamaulipas, José Reyes Baeza de Chihuahua, Ulises Ruiz de Oaxaca, Fidel Herrera Beltrán de Veracruz, Mario Marín de Puebla, entre otros.

 

Al final se demostró que Calderón si cumplió los acuerdos a los que convocó la maestra. Ninguno de los gobernadores pactantes fue molestado. Al contrario.

 

Sin embargo la llamada “guerra de Calderón”, el simulado, falso y estéril enfrentamiento con los cárteles del Crimen Organizado hizo que el entonces mandatario entrara en el juego del reparto de culpas.

 

Desde Los Pinos salían los discursos incendiarios: “Los gobernadores no están cumpliendo con su parte en esta lucha…” “Quiero pensar que no es deliberado el crecimiento de los criminales en esa entidad…”

 

Acusaciones, señalamientos, reproches, reclamos, pucheros, pero todo en el terreno de la retórica. Porque en los hechos ningún gobernador fue molestado ni en su persona y mucho menos en su patrimonio.

 

Pero ahí quedó marcado claramente el distanciamiento entre el ejecutivo federal y los virreyes. Empero el país todavía gozaba de relativa estabilidad que permitió una holgada gobernabilidad.

 

Con el retorno del PRI a Los Pinos se esperaba el regreso de la hegemonía federal, por encima de los intereses de los gobernadores. Tal y como fue durante 70 años. Pero nada de eso ocurrió. Al contrario.

 

Afecto y devoto a romper sus acuerdos y compromisos, Enrique Peña Nieto vive en una burbuja de política virtual, desconectado de la realidad de los estados.

 

Por una parte esta –sin duda- su costumbre a olvidar compromisos, pero todo indica que el presidente tiene una fascinación especial por el hábito a deslindarse de lo que ocurre en los estados.

 

Luego de los hechos de Iguala la noche del 27 de septiembre de 2014, esa era la primera intención de Peña Nieto: jugar al Calderón, lavarse las manos y responsabilizar política y jurídicamente al gobierno del estado de esos acontecimientos.

 

Los analistas lo han subrayado una y otra vez. Peña Nieto se replegó durante días y horas valiosas y dejó crecer la bola de nieve, hasta el punto en que ya no fue posible contener la indignación social.

 

Ayotzinapa detonó en las más grandes y numerosas marchas que se hayan visto en la historia del México contemporáneo.

 

“Fue el estado” se acuñó como acusación lapidaria al régimen peñista.

 

Todo por el hábito del mexiquense a deslindarse de los hechos. Pero su costumbre sigue vigente y latente.

 

En las últimas semanas ha cobrado relevancia internacional el poderío creciente del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG); organización que va más allá de sus equivalentes delictivos.

 

La masacre del 20 de marzo en Ocotlán Jalisco en el que cayeron cinco elementos de la Gendarmería Nacional y seis civiles más, solo fue uno de tantos desafíos que el CJNG opera en contra de todos los niveles de gobierno, ya sea municipal, estatal o federal.

 

Sin embargo, esto en nada ha modificado la política del gobierno federal hacía el estado de Jalisco. Desde la cúpula del poder no existe política alguna que busque remediar la situación en esa entidad.

 

Pero esto es un botón de muestra de lo que sucede en todo el país. Peña Nieto conduce su burbuja de política virtual, mientras el país va hacia un barranco real.

 

No importan los miles de desaparecidos en Veracruz, ni el desbordado fenómeno de los feminicidios en el Estado de México, tampoco los miles de casos de migrantes ultimados en Tamaulipas, ni las redes de trata de personas en Tlaxcala.

 

Nada inmuta a la burbuja virtual de Enrique Peña Nieto quien tiene como hábito deslindarse de lo que sucede en el país.

 

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