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El morenovallismo tiene un escenario complejo de cara a las elecciones intermedias, pero tampoco vive en un valle de lágrimas. La guerra, como acto de fuerza, presupone un cálculo racional de posibilidades en el que ambos bandos pueden ganar o perder. Si los priistas creen suficiente en la ola peñanietista como garantía de triunfo, deberían revisar los resultados de Puebla capital en 2012: tan simple y tan sencillo como que el tricolor se fue al tercer lugar, detrás de López Obrador y Josefina Vázquez Mota. El antipriismo, pues, es un dato que no puede ser pasado por alto. Blanca Alcalá, exitosa presidenta municipal, igual se fue al tercer lugar. En la zona de desastre que es la Angelópolis para el PRI desde 2006, sólo ella y Enrique Doger han logrado sobrevivir por su original perfil ciudadano.
El antipriismo de Puebla capital es una circunstancia sobre que la Moreno Valle construyó una fortaleza al cerrar su flanco más débil: la paz duradera y real con el ala yunquista del PAN encarnada en el alcalde Eduardo Rivera. La aprobación de la #LeyAntiYunque detonó una crisis catártica: el panismo más conservador desató sus agravios en contra del régimen. Al final hubo paz porque no hubo vencedores ni vencidos: el gobernador cedió al permitir que un perfil transitable para ambos bandos como Rafael Micalco se quedará con la dirigencia estatal.
Pero el Yunque no perdió porque en la mesa de las negociaciones se quedó con tres de las siete diputaciones por la capital. Y no sólo eso: ellos podrán elegir los distritos que quieran, es decir, aquellos donde sea más fácil ganar. Eduardo Rivera tendrá más diputados que ningún otro alcalde antes: tres, a los que debe sumarse la plurinominal de Juan Carlos Mondragón, que se jugó el pellejo y puso pecho a la balacera, pero ya tiene la vida resuelta por los siguientes 4 años 8 meses.
Tan viejo como la humanidad es aquel lema del “divide y vencerás”. Si a estas alturas del partido Moreno Valle hubiera llegado con un PAN dividido, sin consenso sobre el mecanismo para designar al candidato a la alcaldía y diputaciones, simplemente estaría fuera de la carrera y a punto de entregar el poder. Ahora, de menos, se encuentra en una situación de competencia con su “gallo” Gali, y a punto de enviar a otros miembros de su grupo a la batalla de las diputaciones como Fernando Manzanilla, Jorge Aguilar Chedraui y Salvador Escobedo Zoletto. Pura caballería.
La paz digna con Eduardo Rivera tuvo un efecto inesperado: ambos, el gobernador y el alcalde, subieron en la evaluación ciudadana de su desempeño. Moreno Valle empezaba a caer del 7, y ahora está reposicionado en el 7.5 de calificación. Pero Lalo recibió un tanque de oxígeno: en agosto pasado estaba reprobado, y luego de la campaña de acciones conjuntas llegó al aprobatorio, de tal forma que su reto ahora es alcanzar el 7. En conjunto ambas administraciones están mejor evaluadas que antes del pleito.
Con el PAN poblano unido, Moreno Valle incrementa su presencia en el Comité Nacional, desde donde también puede presentar batalla al peñanietismo haciendo presión sobre el Pacto por México. La resolución del IFE para exonerar al PRI de excederse en los topes de campaña y cargarle el muerto a López Obrador levantó una indignación que tiene en vilo al acuerdo. El gobernador poblano se vuelve interlocutor imprescindible para mantenerlo vivo. Y a un interlocutor legítimo no se le puede aplastar, ¿verdad?
Dando por válida la tesis del choque entre el trencito y el trenzote, Moreno Valle sigue teniendo un presupuesto de 62 mil millones de pesos, su propio aparato de justicia. Y entre que son peras o son manzanas, todavía tiene una larga lista de marinistas para enviarlos al paredón si Patricia Leal y el procurador Carrancá se ponen las pilas. Corruptos del sexenio anterior sobran, además de que la indignación social que provocaba el “Góber precioso” y su caterva, si bien ha disminuido, todavía no desaparece. Marinistas en la cárcel siempre serán un motivo para alimentar el fuego antiPRI.
En la cercanía de los acontecimientos a muchos les pareció que la carrera de los 4 Fantásticos fue un error porque produjo división en el gabinete. Ahora parece una idea genial porque produjo un candidato, Tony Gali, que desde las primeras mediciones tenía un gran potencial electoral que ahora materializa. Pero la espada debe ser forjada en el fuego: por mucho apoyo que reciba del gobernador, al final el candidato es una persona que debe estar preparada para afrontar lo mejor y lo peor.
Por si faltaren fortalezas al morenovallismo, la reedición de la megacoalición triunfador de 2010 es un arma mortal contra el tricolor. El todo siempre será superior a las partes: aunque el PRI lograre un extraordinario 40-45 por ciento, por definición la megacoalición se llevaría porcentaje opuesto y la victoria. La participación de Nueva Alianza se revela decisiva: 80 mil maestros operando contra el tricolor. Y dicen las malas lenguas que Elba Esther Gordillo ya envió a dos operadores de lujo.
Siendo la guerra un choque de fuerzas, la voluntad de poder es un rasgo determinante en el bando que aspira a la victoria. Ninguna voluntad tan intensa y enjundiosa como la de Rafael Moreno Valle, tanto que ha pasado todos los obstáculos en su carrera. Ganó la senaduría a hachazos contra el roble Melquiades. Le arrebató la candidatura panista a una leyenda como Ana Teresa Aranda. Aplastó al sistema marinista. Afronta su gran prueba. Nadie duda que se dejara la piel. Así que yo no veo al morenovallismo en un valle de lágrimas.