Sunday, 05 de July de 2020

Jueves, 12 Marzo 2015 02:20

La nueva cara del viejo PRI




Written by  Julian Germán Molina

Después de los acontecimientos ocurridos en el país, las semanas anteriores y ésta, primero con las medidas anunciadas por el Presidente Enrique Peña Nieto para combatir la corrupción, designando a Virgilio Andrade como titular de la Secretaría de la Función Pública, considerando que el tema de la corrupción gubernamental es un problema de percepción pública y con medidas desesperadas por salvar su imagen.


Después de los acontecimientos ocurridos en el país, las semanas anteriores y ésta, primero con las medidas anunciadas por el Presidente Enrique Peña Nieto para combatir la corrupción, designando a Virgilio Andrade como titular de la Secretaría de la Función Pública, considerando que el tema de la corrupción gubernamental es un problema de percepción pública y con medidas desesperadas por salvar su imagen, de su esposa y del secretario de Hacienda, Luis Videgaray; después con la salida de Jesús Murillo Karam como procurador general de la República, quien dejó el cargo sin haber encontrado una solución el conflicto de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, con una gestión gris y mediocre al frente de la dependencia y su reacomodo al frente de la Secretaría de Desarrollo Agrario, así como la llegada de la ex senadora Arely Gómez González Blanco, hermana de Leopoldo Gómez, vicepresidente de noticias de Televisa, como procuradora, y en medio de estos cambios la captura de Servando Gómez Martínez “La Tuta”, jefe de los Caballeros Templarios, para dar la imagen de que el trabajo de las áreas de seguridad y procuración de justicia federales están trabajando con buenos resultados y por último la designación de Eduardo Medina Mora en la terna para ocupar el cargo de ministro de la Suprema Corte de Justicia, cuyo nombramiento ya fue aprobado por la Cámara de Senadores, a pesar de las 50 mil firmas de ciudadanos, académicos, abogados y activistas que cuestionaron su elegibilidad y su negra trayectoria como Secretario de Seguridad Pública y Procurador General de la República en el sexenio de Felipe Calderón, nos queda muy claro a todos los mexicanos que es cierto que al país lo gobierna un viejo PRI con una máscara nueva.

 

Con los mismos caciques y grupos de poder de aquellos años, como Manlio Fabio Beltrones, Emilio Gamboa Patrón, Emilio Chuayffet, los hijos de Carlos Hank y el Grupo Atlacomulco, del que forma parte Peña Nieto, quien en su gobierno reproduce los vicios y prácticas como el clientelismo, el nepotismo, la corrupción, la impunidad, la compra del voto, el dedazo, el compadrazgo y el uso faccioso del poder, que los ciudadanos rechazamos en la elección del 2000 votando por un gobierno distinto al Revolucionario Institucional, con la esperanza de que se erradicarán y hoy vuelven con más fuerza y cinismo, en una versión remasterizada y con el apoyo de Televisa que ahora toma el control, no sólo del poder legislativo con la telebancada que comparte con Tv Azteca, sino también con la Procuraduría General de la República y hasta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, último resquicio de la credibilidad que teníamos los mexicanos en las instituciones.

 

No cabe duda que los ideólogos y líderes del PRI piensan que los ciudadanos carecemos de memoria o, bien, somos retrasados mentales y que aún es posible tener el control del país y de las elecciones con discursos en los que ya nadie cree, porque quienes los pronuncian carecen de credibilidad y confianza de los gobernados.

 

Así las cosas, el partido tricolor se ha convertido en un cáncer que no sólo persiste, sino que hace metástasis entre los demás partidos políticos, que reproducen esas prácticas y en su conjunto sólo cuidan sus intereses, llevando al país al caos y el desencanto, en vísperas de un proceso electoral complicado ya en sí y en el que muy pocos ciudadanos creen, y muchos de los que acudan quizás sea sólo para plasmar en la boleta electoral su coraje e impotencia por lo que están viviendo en su precaria economía familiar y con la inseguridad al alza.

 

A nivel local el PRI se debate en los mismos miedos y desazones; nadie sabe hacia dónde va, ni cuál será su destino en una elección en la que nadie cree en el Partido, ni en el presidente de la República, ni en sus propios candidatos, que como se ha dicho, salvo casos excepcionales, el 7 de junio, irán al despeñadero electoral.

 

Se aceptan apuestas.

 

 

 

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