Sunday, 26 de January de 2020

Lunes, 31 Agosto 2015 02:48

Karla, Iraís, Paulina y otros 161 feminicidios en el sexenio. ¿Cuántos más?




Written by  Arturo Rueda

La Procuraduría General de Justicia de Víctor Carrancá ya sabe que no pueden tomarse a la ligera estos casos. La primera respuesta de los funcionarios encargados de la procuración de justicia era “seguro se fue con el novio”. Ahora saben que es probable que el novio sea responsable de la desaparición, y hasta de la muerte. Que la PGJ haya mejorado sus protocolos de búsqueda no ha modificado el resultado: estas poblanas y sus hijos nonatos, están muertos. El problema está en otro lado. ¿Dónde?


Nos horrorizan, pero no tenemos explicación. Primero fue Karla. Luego Iraís. Ahora Paulina Camargo. Las tres eran mujeres embarazadas, prometedoras, llenas de vida y alegría. Tienen otra cosa en común: las tres fueron asesinadas por sus parejas sentimentales, hombres que las habían instado a abortar, y frente a la negativa, decidieron asesinarlas a sangre fría.

 

Las cifras son brutales: según el conteo de la organización ciudadana Odesyr, ya son 164 feminicidios ocurridos en el sexenio. Precisamente, Paulina Camargo es el último número de una estadística pavorosa, sin explicación.

 

¿Qué tanta culpa tiene la sociedad y qué tanta el gobierno?

 

Yo no sabría decirlo.

 

El viacrucis empezó con Karla López Albert en febrero de 2014. Luego pasó a Iraís Ortega, estudiante de la BUAP. Ahora vivimos con el estremecedor caso de Paulina Camargo, cuyo cadáver está enterrado bajo 6 mil toneladas de basura acumuladas desde la noche del 25 de agosto que fue asesinada. Hallarlo, dicen extraoficialmente, es casi imposible.

 

Desde el caso López Albert, la Procuraduría ha mejorado sus protocolos de reacción en el caso de mujeres desaparecidas. Si con ella les tomó siete días citar a comparecer al primer sospechoso y después comprobado autor intelectual, Manuel Forcelledo Nader, en el caso de Paulina inmediatamente se procedió al aseguramiento del novio, quien al primer día empezó a incurrir en contradicciones.

 

Hay un avance: la Procuraduría General de Justicia de Víctor Carrancá ya sabe que no pueden tomarse a la ligera estos casos. La primera respuesta de los funcionarios encargados de la procuración de justicia era “seguro se fue con el novio”. Ahora saben que es probable que el novio sea responsable de la desaparición, y hasta de la muerte.

 

Que la PGJ haya mejorado sus protocolos de búsqueda no ha modificado el resultado: estas poblanas, y sus hijos nonatos, están muertos. El problema está en otro lado. ¿Dónde?

 

No puede cerrarse los ojos ante lo evidente: en Puebla hay una violencia sistemática de género que se traduce en dos vías, la trata y los feminicidios.

 

Los esfuerzos institucionales se han quedado cortos. El Instituto Poblano de la Mujer prácticamente es una oficina decorativa que no promueve políticas de género ni impulsa un discurso.

 

En el DIF tienen las cosas más claras según Martha Erika Alonso: todo empiezan con las jovencitas que deciden huir con sus novios.

 

Y aunque el género femenino ha alcanzado representación y cargos como nunca —de hecho tenemos dos senadoras— no hay un cierre de filas para proteger a las poblanas víctimas de la violencia sistemática.

 

Mujeres empoderadas hay, sí, pero no les interesa defender a su género.

 

Fallan las instituciones, es cierto, pero ¿y los fallos de la sociedad?

 

¿De dónde sale un Manuel Forcelledo Nader capaz de planear milimétricamente el asesinato de López Albert y su hijo, así como resistir un arraigo de casi veinte días sin confesar ni entrar en contradicciones?

 

¿Cómo tomó Juan Carlos Sánchez la decisión de matar a la estudiante de la Buap Iraís Ortega Pérez, inyectarle sustancias en su departamento y luego meterla a una maleta para tirar el cadáver en un terreno baldío?

 

¿Y el nuevo feminicida, José María Sosa? ¿Prefirió arruinar su vida que asumir responsablemente su paternidad? Peor, ¿no asumirla y hacerse güey con su hijo, como lo hacen miles de hombres?

 

No es totalmente su responsabilidad, pero es claro que el clima de violencia de género es un problema social que quizá, ameritaría, el lanzamiento de una Alerta de Género a petición del gobernador.

 

Ya lo hicieron en el Estado de México y Morelos. ¿Por qué no en Puebla? La gravedad de la situación lo amerita.

 

Ya les fallamos a Karla, a Iraís, y ahora, a Paulina.

 

¿Cuántos feminicidios más?

 

Mañana, con el 165, que nadie se sorprenda.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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