Monday, 20 de January de 2020

Jueves, 03 Septiembre 2015 03:20

El gran desastre comunicativo de Peña Nieto: Olivia Pope al rescate




Written by  Arturo Rueda

La acumulación de casos fallidos de comunicación política han hecho de Peña Nieto un presidente irrelevante en sus dichos: ninguna declaración suya ha tenido repercusión frente a los hechos avasallantes de la fuga del “Chapo” Guzmán, la devaluación del peso y la tormenta económica o las múltiples acusaciones de corrupción. Ya se sabe que aunque el gobierno diga algo, la realidad no se va a modificar o, incluso, el país no va a mejorar. Al presidente ni siquiera se le acusa de demagogo: su palabra no tiene peso político, ni para bien ni para mal


Dice la teoría que todo acto político es un acto de comunicación. ¿Qué pretendía comunicar Enrique Peña Nieto con su transmisión en Periscope unos minutos antes de su Tercer Informe de Gobierno? Se ignora, a excepción, quizá, de ponerse a la moda apareciendo en la aplicación de moda en las redes sociales. Su desliz de tirar la banda presidencial, sin embargo, ganó la nota y se viralizó más rápido que su decálogo de acciones para darle rumbo a su administración. Sin duda, fue una comunicación política fallida, como ha sido casi todo su sexenio. La banda caída mató al Informe.

 

El problema del gobierno federal es esencialmente un problema de comunicación. Mejor dicho, un desastre de comunicación política. Desde la Presidencia se quiere enviar un mensaje, pero la sociedad en realidad capta otro. Un ejemplo de esta disociación es el denominado Calcetagate que dominó las redes sociales hace un par de semanas. Frente a los rumores de sufrir una grave enfermedad, Presidencia hace correr al mexiquense la Tradicional Carrera del Molino del Rey organizado por el Estado Mayor Presidencial para mostrarlo en plenitud de vigor, lejano a cualquier dolencia.

 

Al cabo de unos minutos, las redes sociales hierven. No por el excelente estado físico del presidente que lo hace correr 10 kilómetros en 50 minutos, sino por las calcetas del mexiquense. Facebook y Twitter se inundan de fotografías y memes en los que se hace un acercamiento al zapato deportivo del presidente, en el que se observa que la parte gris de la calceta va en la parte superior. Es decir, Peña Nieto se puso las calcetas al revés, lo que significa que ni eso puede hacer bien.

 

Como ese ejemplo de comunicación fallida pueden ponerse otros más. Presidencia, simplemente, no encuentra el tono para comunicarse con los mexicanos. Aferrados al proceso unidireccional de la comunicación, ahora que las redes lo hacen bidireccional simplemente no saben cómo reaccionar y ajustar. A fin de cuentas, es el dilema que hoy enfrenta el poder: los medios de comunicación ya no son canales con el monopolio de la transmisión, mucho menos de la opinión pública. Así, la comunicación política es un campo salvaje donde solamente puede sobrevivir Olivia Pope, la gestora de crisis de imagen de la serie Scandal.

 

Acusado de telegénico en campaña, irresistiblemente carismático como gobernador del Estado de México y como candidato, desde que asumió la Presidencia no encuentra el tono exacto para comunicar. Se trata de una de las razones por las que su evaluación cae en picada y ya es el peor calificado desde que comenzaron esas mediciones.

 

En específico, el último año del mexiquense ha sido un desastre en materia de comunicación. Los cientos de miles de millones de pesos gastados en televisión y medios formales no les han redituado en aprobación a su imagen. Ningún episodio ilustra mejor este hecho que la comparecencia virtual de “La Gaviota” para explicar el origen y propiedad de la Casa Blanca: su tono de esposa indignada lo único que hizo fue levantar una ola de indignación mayor en la sociedad mexicana.

 

La acumulación de casos fallidos de comunicación política han hecho de Peña Nieto un presidente irrelevante en sus dichos: ninguna declaración suya ha tenido repercusión frente a los hechos avasallantes de la fuga del “Chapo” Guzmán, la devaluación del peso y la tormenta económica o las múltiples acusaciones de corrupción. Ya se sabe que aunque el gobierno diga algo, la realidad no se va a modificar o, incluso, el país no va a mejorar. Al presidente ni siquiera se le acusa de demagogo: su palabra no tiene peso político, ni para bien ni para mal.

 

Por ello es que los mexicanos estamos más pendientes del tono bobalicón que rodea la comunicación presidencial. Para esta sociedad es más importante el Calcetagate, los vaivenes de su relación con la Gaviota o la caída de la banda presidencial ayer frente a todo Periscope. El momentum político incluso lo confirma, ya que todo mundo está más pendiente de la sucesión 2018 que de los tres años que le restan al mexiquense para que se acabe el sexenio.

 

Así, a ningún mexicano se le grabó alguno de los diez puntos del programa para lo que le resta de sexenio. Pero las burlas por el oso de la caída de la banda presidencial todos, todos lo vieron. Así, Peña Nieto está atrapado en la mediocridad de su equipo para transmitir. Se entiende que ocurriera así con David López, incapacitado para entender la lógica de las redes sociales, pero tampoco con el nuevo vocero Eduardo Sánchez se ven muchos cambios. Que nadie se sorprenda de la evaluación reprobatoria al presidente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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