Thursday, 22 de February de 2024

Lunes, 19 Octubre 2015 02:38

El Estadio Cuauhtémoc ya sólo vivirá en nuestros recuerdos.




Written by  Arturo Rueda

Antes, mi generación pensaba que en el nombre de un estadio hay historia, tradición, remembranza. Para las nuevas generaciones, sin embargo, el nombre de un estadio o de un recinto es una cuestión de dinero. Mucho dinero. Una estrategia de marketing brutal, propia del capitalismo salvaje: apropiarse de los derechos de denominación de la casa de un equipo, al que semana a semana, acuden miles de aficionados. Esta estrategia de marketing, denominada naming es una costumbre que inició en Estados Unidos pero ya se extendió a prácticamente todo el mundo.


El Estadio Cuauhtémoc va a dejar de llamarse Estadio Cuauhtémoc.

 

Perderá el nombre que lo ha identificado por casi cinco décadas y será rebautizado con la marca de una empresa.

 

Así lo ha decidido el gobierno morenovallista, aunque los poblanos y los aficionados a La Franja pongamos el grito en el cielo.

 

Ganará la empresa que más dinero ofrezca por un contrato que durará los próximos 30 años.

 

Así que más vale irse haciendo la idea de que al estadio Cuauhtémoc, a partir del 29 de octubre, se llamará de otra forma.

 

Quizá Chicolastic Estadio.

 

O Tv Azteca Estadio.

 

U Hoteles City Express Estadio.

 

En una de esas, Chocolate Abuelita Estadio.

 

Todas las empresas son libres para concursar.

 

Sin dudas, esto de vender el nombre de un recinto deportivo es cosa de los nuevos tiempos.

 

Antes, mi generación pensaba que en el nombre de un estadio hay historia, tradición, remembranza.

 

Para las nuevas generaciones, sin embargo, el nombre de un estadio o de un recinto es una cuestión de dinero. Mucho dinero.

 

Una estrategia de marketing brutal, propia del capitalismo salvaje: apropiarse de los derechos de denominación de la casa de un equipo, al que semana a semana, acuden miles de aficionados.

 

No debería ser, pero es así. Y esta estrategia de marketing, denominada naming es una costumbre que inició en Estados Unidos, pero ya se extendió a prácticamente todo el mundo.

 

Los equipos antes vendían espacios en su camiseta. Luego, derechos de transmisión de sus partidos. Tiempo después, la imagen de sus jugadores. Ahora, siempre para conseguir más dinero, ponen a subasta al mejor postor el nombre de sus estadios.

 

El Estadio Cuauhtémoc ha muerto.

 

La decisión es polémica. Una gran mayoría de aficionados no está de acuerdo. O no estamos.

 

En el mundo, son varios los mecanismos para que una empresa se apropie del nombre del estadio o adquiera estos derechos de denominación.

 

Uno, que construya el estadio para tal o cual equipo, y a cambio ostente el nombre por los siguientes años. Así ocurrió con el Arsenal de Inglaterra: cada semana sus aficionados asisten al Emirates Stadium, patrocinado por la línea aérea Emirates Airlines

 

Otra opción es que compren el patrocinio: un acuerdo contractual como el del Etihad Stadium, casa del Manchester City, por el que la aerolínea Etihad Airways paga entre 10 y 12 millones de libras al año, acuerdo vigente desde 2011.

 

El del Allianz Arena es el caso paradigmático en materia de sponsor: la casa del Bayern Munich fue financiado por la firma de seguros Allianza para apropiarse del nombre del equipo más importante de Alemania por los siguientes 30 años. La aseguradora paga alrededor de 8 millones de euros al año.

 

La tercera fórmula es que una gran corporación, que es la vez dueña del equipo, construye el estadio y le pone el nombre como una extensión más de su estrategia de marketing. Ahí está el Omnilife de las Chivas.

 

El 99.9 por ciento de los equipos decide vender los derechos de su casa para obtener más ingresos, y así ser más competitivos con la contratación de nuevos jugadores.

 

Aquí, el Puebla FC no va a beneficiarse en nada, porque el estadio al ser propiedad del gobierno estatal, utilizará el dinero para pagar los gastos de remodelación.

 

Cualquier oferta para apropiarse del nombre que sea menor a los 733 millones de pesos gastados va a ser una burla.

 

Los poblanos andan, andamos enojados.

 

Valdría la pena una buena explicación de cuáles son los beneficios económicos de vender nuestra Historia.

 

Mientras, hay que hacerse a la idea: el estadio Cuauhtémoc ha muerto.

 

¡Maldito capitalismo salvaje!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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