Wednesday, 23 de September de 2020

Martes, 10 Noviembre 2015 02:47

El empresario poblano tradicional, en peligro de extinción




Written by  Arturo Rueda

Mucha de la actividad económica de Puebla ha estado bajo sospecha en la última década, y se confirma que numerosos negocios boyantes en realidad son lavanderías. Es el caso de Manuel Rodolfo Trillo Hernández, alias “La Trilladora”, quien compró a Domingo Minutti ochenta franquicias de sus famosas cafeterías, al costo de un millón de pesos cada una. Así, la estructura del Cártel de Sinaloa tenía inversiones por más de 80 millones de pesos en cafeterías. ¿Y alguien se enteró? Pues no.


Durante más de dos décadas, Gilberto Marín Quintero fue una rara avis entre los empresarios poblanos. Soportó el primer embate de la globalización ocurrido en los años noventa, y a diferencia de sus amigos textileros, apostó por la tecnología y la diversificación. Nunca tuvo un gran protagonismo mediático ni acercamientos impúdicos con los gobiernos estatales, aunque aceptó una participación de bajo perfil en organismos empresariales como el CCE. Su fortuna no se hizo al amparo del algún gobierno en turno ni nunca fue considerado un empresario sexenal. De hecho, fue el único poblano invitado permanente al Foro Económico Mundial de Davos.

 

En la última década comenzó a apostar por la generación de energía asociado a Iberdrola, pues sabía que la empresa de sus amores, P.I Mabe, no iba a soportar el segundo embate de la globalización.

 

La semana pasada Gilberto Marín Quintero, el gran empresario poblano de las dos últimas décadas, se deshizo de su empresa Mabesa y la vendió a una trasnacional belga Ontex que aspira competirle a las grandes multinacionales del productos higiénicos y de cuidado personal, Procter & Gamble. Aunque muchos hablan de una fusión, en realidad se trata de una venta por la que el poblano recibió 314 millones de euros —más de 5 mil 600 millones de pesos—, además de un asiento en la Junta Directiva y la posibilidad de mantenerse al frente de las operaciones como una especie de director para América. Pero el hecho es unívoco: Mabesa y toda su línea, incluida la de pañales Chicolastic, ya no es propiedad de Gilberto Marín.

 

La venta de Mabesa no es sino la última muestra de cómo se reconfigura rápidamente el panorama económico de la entidad con una segunda fase globalizadora. Los ricos de Puebla prácticamente han dejado de existir, o por lo menos deben ser entendidos de otra forma. Las viejas etiquetas del Consejo Coordinador Empresarial, Coparmex, Canacintra o Canaco ya no tienen representatividad alguna, y solamente agrupan a empresarios microcapitalistas frente a las corporaciones que entran a jugar al mercado poblano.

 

El empresario poblano tradicional se muere. Los primeros en hacerlo fueron los textileros que desaparecieron a finales de los noventa. Los nombres de hoy ya no son reconocibles, porque únicamente se trata de corporativos nacionales o internacionales, sin que los poblanos tengan herramientas para jugar. Hay pocas excepciones.

 

Uno de los mejores ejemplos es la inversión de 4 mil millones de Fibra Danhos para construir el Centro Comercial más grande de la capital, el Parque Puebla. En vez de vender los terrenos de la ex fábrica Acrimex, los herederos del textilero José Chedraui Alam aportaron el inmueble en sociedad y recibieron acciones por parte del Fideicomiso, una jugada inteligentísima. ¿Pero cuantos poblanos más podrán jugar así?

 

Mejor dicho, habría que preguntar quiénes de los nuevos jugadores son empresarios y no lavadores de dinero, ya sea del narco, de políticos o de empresarios sexenales. Mucha de la actividad económica de Puebla ha estado bajo sospecha en la última década, y se confirma que  numerosos negocios boyantes en realidad son lavanderías.

 

Es el caso de Manuel Rodolfo Trillo Hernández, alias “La Trilladora”, que era dueño de muchas franquicias de Italian Coffee, pero que en realidad era parte de la estructura económica del “Chapo” Guzmán. De acuerdo con la revelación del columnista Ricardo Morales, “La Trilladora” compró a Domingo Minutti ochenta franquicias de sus famosas cafeterías, al costo de un millón de pesos cada una. Así, la estructura del Cártel de Sinaloa tenía inversiones por más de 80 millones de pesos en cafeterías. ¿Y alguien se enteró? Pues no.

 

La crisis de Volkswagen, inevitable por más que sus directivos quieran ocultarla, volverá a reconfigurar el mercado del sector autopartes, además de la llegada de más competidores por la planta Audi. Muchos poblanos van a perder sus empleos y 2016 será un año de cierre de empresas, haciendo más difícil la sobrevivencia en un entorno globalizador que no respeta tradiciones ni reputaciones.

 

¿Qué va a hacer Gilberto Marín Quintero con los 314 millones de euros que le pagaron por Mabesa? Todo indica que seguir invirtiendo en Puebla, asociado a la española Iberdrola en los campos de energía eólica. El Parque ILER en el municipio de Esperanza ya está listo para ser inaugurado y producirá 65 megawatts con 33 generadores colocados en terrenos arrendados por 30 años a 500 campesinos.

 

El ex dueño de Mabesa, ahora directivo de la trasnacional Ontex, quiere otros dos campos de energía eólica en la misma zona que cuestan alrededor de 250 millones. Quizá ahí irá a dar el dinero que recibió de Ontex. Pero de alguna forma, el empresario netamente poblano está en peligro de extinción, y todavía no se dan cuenta.

 

 

 

 

 

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