Thursday, 20 de June de 2019

Lunes, 13 Abril 2015 02:01

Nadie llora al pulpo camionero: murió la mafia del transporte público




Written by  Arturo Rueda

Para nadie es un secreto la simbiosis que siempre existió entre el PRI y el “pulpo camionero” en un juego mutuo de intereses. Ambas familias prestaban sus Galgos del Sur y Agua Azul-Mayorazgo para las movilizaciones del partidazo, tanto para mítines como para la jornada electoral. Era un brazo orgánico, inamovible su lealtad bien pagada, a su vez, con más y más concesiones del transporte público, siempre en la misma zona y derrotero


Por más de cuatro décadas fueron beneficiarios de un sistema de transporte público que le jodió la vida a los poblanos. Sirvieron al PRI prestando sus autobuses para movilizar a acarreados, y en recompensa recibieron concesiones que fueron repartiendo entre su parentela. Cada año amasaban más de 100 millones de pesos de ganancias líquidas. Crearon el sistema de la “cuota” para hacer responsables a los choferes del mantenimiento de las unidades, pago de salarios y compra de refacciones. Compraban combustible robado para hacer más jugosas sus ganancias. Bloquearon que estudiantes y poblanos de la tercera edad pudieran recibir descuentos. Cada pasaje pagado incrementaba su poder. Pero como no hay imperio que no se derrumbe, el “pulpo transportista” o la Alianza Camionera llegó a su fin. La Bestia fue destripada.

 

Pasarán semanas antes de poder evaluar lo que significa para Puebla que el régimen morenovallista haya derrotado a la alianza de transportistas con una operación quirúrgica que impidió paros, el secuestro de vialidades o una rebelión mayor. No podía ser de otra manera, la “amenaza fantasma” estuvo al frente del esquema para desaparecer del mapa a las dos familias más fuertes que en conjunto disfrutaban de 144 concesiones en el derrotero de la 11 Norte-Sur. Los Sierra de la Rosa, don Cuco, y Delfino Reyes Bocardo dejarán de embolsarse 121 millones de pesos al año en ganancias líquidas. La mafia del transporte llegó a su fin.

 

Y ocurrió sin que opusieran mucha resistencia ni desquiciaran la zona sur de la capital, como sí intentaron hacerlo previo a la elección local del 2013, cuando cerraron la 11 Sur a la altura del Periférico y colapsaron la vía en apoyo de Enrique Agüera. Desde entonces, y con vistas al arranque de la línea 2 de RUTA, el morenovallismo se propuso impedir que la rebelión encabezada por los Sierra de la Rosa y Reyes Bocardo desencadenara un bloqueo semejante, sobre todo en época electoral.

 

Para nadie es un secreto la simbiosis que siempre existió entre el PRI y el “pulpo camionero” en un juego mutuo de intereses. Ambas familias prestaban sus Galgos del Sur y Agua Azul-Mayorazgo para las movilizaciones del partidazo, tanto para mítines como para la jornada electoral. Era un brazo orgánico, inamovible su lealtad bien pagada, a su vez, con más y más concesiones del transporte público, siempre en la misma zona y derrotero. Durante décadas los poblanos se quejaron del servicio que prestaban, así como de los accidentes y muertos que de cuando en cuando dejaba el sistema de la cuota. La competencia entre los choferes por el pasaje era digna de las secuencias más violentas de Rápido y Furioso.

 

Todavía en los noventa Bartlett pactó con Reyes Bocardo para lanzar la ruta de los Dorados que corría en la 11 Norte-Sur. Más mañoso, Delfino esperó a que el gobernador acabara su periodo, quebró ese sistema y todo volvió a la normalidad con Melquiades. En los últimos años, el “pulpo camionero” fortaleció una alianza con Antorcha Campesina aprovechando que sus intereses corrían paralelos en el sur de la ciudad.

 

Todavía en las horas críticas, tras la detención de don Cuco, con Delfino Reyes prófugo y a punto de materializarse la entrada de ADO para hacerse cargo de la línea 2, Antorcha Campesina quiso meter al “pulpo camionero” entre su paquete de acuerdos para garantizarles impunidad y que continuaran prestando el servicio. Recibieron un “no” rotundo por respuesta. Lo de Antorcha es lo de Antorcha y lo del pulpo es el pulpo.

 

La simbiosis que por décadas tuvieron con el PRI, al final jugó en contra de don Cuco y de Reyes Bocardo: nadie en el tricolor pudo, o quiso, meter las manos. La dirigencia estatal de Ana Isabel Allende, extraviada en sus devaneos y su hoguera de las vanidades —asesorada por el cantante ochentero Antonio de Carlo— no sabe lo que perdió: la mañana del 7 de junio, cuando quiera usar a los Agua Azul-Mayorazgo para movilizar a sus acarreados, se dará cuenta del tremendo impacto de la desaparición de su “pulpo camionero”.

 

La quirúrgica operación para desmembrar a la Alianza Camionera nacida en los años cincuenta del siglo pasado fue empresarial, logística, de seguridad, pero sobre todo, política. El último golpe fue la publicación del decreto de rescate de las 137 concesiones de los irreductibles que se negaban a entrar a una negociación razonable con la “amenaza fantasma”, y sobre todo, de las que pertenecen a los Reyes Bocardo, quienes soñaban todavía con un paro y un desquiciamiento la mañana del viernes pasado.

 

El golpe fue fulminante. Han perdido los títulos del transporte, y si sacan sus unidades a circular, serán requisadas. Don Cuco pidió paz y espera salir de la cárcel en menos de un año. Delfino sigue prófugo, pero en el PRI nadie le toma la llamada. Para matar al “pulpo camionero” hubo orden y estrategia. Ahora queda el reto de ofrecer un mejor servicio a los poblanos de esa zona de la ciudad. 

 

 

 

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