Saturday, 29 de February de 2020

Lunes, 20 Abril 2015 02:46

Aplausos para Martha Erika: eso es un discurso de campaña




Written by  Arturo Rueda

Si no los dejan atacar al gobierno federal, el mejor camino es contrastar entre candidatos. No hemos escuchado, por ejemplo, un discurso de Caba y Trauwitz contra Giorgana, a quien hay bastante qué decir, o de Rincón contra Armenta, personalizando en sus carreras, patrimonios o hurgando en sus pasados. Al fin y al cabo, las campañas electorales son la única etapa en que los políticos se dan hasta con la cubeta y pueden desnudarse mutuamente. ¿Por qué no lo hacen?


Los candidatos a diputados federales no hablan de lo que le interesa a la gente, ni de quienes son en realidad. El debate político queda suplantado por el discurso banal de quién es más o menos guapo, como ocurrió el sábado pasado en un mitin de Cabalán Macari. Martha Erika Alonso dijo una verdad dura pero incómoda: de nada le sirve a los mexicanos elegir a un candidato “guapo” como ocurrió en 2012. La esposa de Moreno Valle hizo lo que todos los candidatos de Acción Nacional ya deberían haber hecho: poner en el centro de la elección los resultados ofrecidos por Peña Nieto. Hablar de la desaceleración económica, de la devaluación del peso, de la rampante corrupción, de las casas del Presidente y sus funcionarios, de Ayotzinapa, de la inseguridad que sólo cede en el discurso.

 

Pero los acuerdos de caballeros entre Los Pinos y Casa Puebla son una mordaza discursiva para los candidatos panistas. Es decir, Trauwitz, Caba, Genoveva, Rincón, Albizuri y compañía son presas de una retahíla intrascendente para los ciudadanos, por lo que sólo les queda asumirse como lo que son: la continuidad del morenovallismo que, hasta donde se sabe, en esta elección no está en juego, por lo que no hay pasión electoral.

 

En ese sentido, la verdad dura e incómoda lanzada por Martha Erika Alonso es un desliz de consecuencias políticas imprevisibles. ¿Se romperá el pacto de caballeros entre Los Pinos y Casa Puebla  a causa de esas expresiones? Pero también es un upgrade para una campaña hasta ahora intrascendente.

 

Sin el respaldo de la auténtica dirigencia estatal, los candidatos de Acción Nacional sólo cobrarán presencia propia a partir de la contrastación. Si desde Casa Puebla no les dan permiso de enfilar baterías en contra de Peña Nieto, ellos deberían tomárselo, como lo hizo Juan Pablo Piña con sus spots para Teziutlán, en los que abiertamente critica a la Cruzada Nacional contra el Hambre. ¿Los demás no pueden hacer lo mismo?

 

Muy simple: si no los dejan atacar al gobierno federal, el mejor camino es contrastar entre candidatos. No hemos escuchado, por ejemplo, un discurso de Caba y Trauwitz contra Giorgana, a quien hay bastante qué decir, o de Rincón contra Armenta, personalizando en sus carreras, patrimonios o hurgando en sus pasados. Al fin y al cabo, las campañas electorales son la única etapa en que los políticos se dan hasta con la cubeta y pueden desnudarse mutuamente. ¿Por qué no lo hacen?

 

Esta campaña de discurso intrascendente es una anormalidad que debe terminar porque lo único que está provocando el desinterés ciudadano y de los medios de comunicación. En los cuartos de guerra hay tensión porque no hay trincheras hacia dónde avanzar, por la simple y sencilla razón de que no hay razones para salir a votar.

 

A mí me encantaría, por ejemplo, que Rincón nos recordara los pocos méritos de Armenta, responsable como dirigente estatal del PRI de entregar Casa Puebla en 2010, por más que hoy se presente como “gallo” de Osorio Chong. Y que Nancy le refrescara a Juan Pablo Piña sus numerosos cambios de chaqueta del PRI al morenovallismo, y viceversa. ¿Qué se podrían decir Angélica Ramírez y Graciela Palomares?

 

Sin colisión, contraste, no habrá interés en las campañas. Así de simple. Y el contraste de propuestas ya es ineficaz, porque todo México sabe que se trata de discursos huecos que no se cumplen en el Congreso. ¿Alguien recuerda que en 2012 los candidatos del PRI hablaban de que votarían a favor de la privatización energética, el alza de impuestos, la reforma de telecomunicaciones o la desaparición del IFE? Por supuesto que no, y sin embargo, al llegar a San Lázaro lo hicieron.

 

La campaña electoral es una simulación a la que los ciudadanos han decidido dar la espalda mayoritariamente, lo que se traduce en que apenas un 40 por ciento del padrón electoral manifieste la intención de salir  a las urnas. Tampoco es que los cargos más prestigiados estén en disputa: el animal político más degradado es el diputado, el que menos credibilidad y confianza tiene. Pero en sus manos se encuentran decisiones vitales para la vida ordinaria de las personas. Apostar por el desinterés en las campañas lo único que hace es fortalecer a las maquinarias de los partidos. Pero entre tanto desinterés comienza a observarse la preocupación del sistema político en su conjunto.

 

Así que un aplauso para Martha Erika Alonso por sus pantalones: sin ser candidata, les puso la muestra a los demás de lo que debe hacerse para ganar. Ojalá sigan su ejemplo.

 

 

 

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