Saturday, 29 de February de 2020

Jueves, 23 Abril 2015 02:47

Los empresarios poblanos me dan risa (y a Casa Puebla también)




Written by  Arturo Rueda

Hace tiempo que el CCE no tiene empresarios de peso, sino microempresarios que se hacen más pequeños en la globalización. No tiene la fuerza para oponerse al gobernador, ni para convocar a la sociedad. No tienen legitimidad ni representación, y por eso son tratados con la punta del pie. El enojo de Fernando Treviño por el desaire de los panistas no provocó preocupación en Casa Puebla, sino risa. Y el resto de la sociedad poblana ni siquiera se enteró


El Consejo Coordinador Empresarial que en los años noventa daba miedo, ahora sólo mueve a la risa. O a una tristeza infinita.

 

Lejos de ocultar su escasa influencia en el círculo de toma de decisiones, el martes pasado se desnudaron cuando ante los medios exhibieron, hicieron público, el desprecio de los candidatos de Acción Nacional a asistir a una reunión con ellos para firmar una serie de compromisos, entre los que se incluye permanecer los tres años en el cargo, así como entregar sus declaraciones patrimoniales.

 

Fernando Treviño y demás barones, simplemente, fueron ninguneados como no les había ocurrido en alguna otra época.

 

Los patrones de la ultraderecha poblana se hacen chiquitos, chiquitos, y su voz no encuentra eco ni siquiera en los que eran sus aliados naturales. También a ellos los alcanzó El Fin del Poder, el declive de todas las organizaciones narrado por Moisés Naím en su excelente libro.

 

No es una sorpresa, sino una tendencia confirmada a la baja.

 

El ala ultraderechista que nació bajo la sotana de Octaviano Márquez y Toriz en los años sesenta del siglo pasado, alcanzó su plenitud apoyada en un rombo: la Iglesia católica, la cúpula empresarial, la UPAEP y Acción Nacional, todos controlados desde la sombra por el Yunque.

 

Cuatro ángulos empujando en una misma dirección: religión, academia, dinero y política.

 

Un puñado de familias, los Rodríguez, los Díaz de Rivera, los Regordosa, los Quintana, operaban el rombo de la ultraderecha poblana. Con su universidad formaron sus recursos humanos, adictos a la doctrina del Yunque, pero las Familias Custodias nunca soltaron los hilos.

 

Se aliaron a Bartlett en la primera mitad de su sexenio y en la segunda se le enfrentaron. Con Melquiades Morales pactaron una paz digna para todos los bandos, y se enriquecieron con la debilidad de Mario Marín.

 

Pero como le ocurrió a muchos otros sectores sociales, con Moreno Valle se debilitaron y se encuentran al borde de la extinción, una vez que sus bases de apoyo han sido liquidadas.

 

A la Curia católica la controla un arzobispo que tiene su corazón más cercano al PRI que a los sótanos del Yunque.

 

En Acción Nacional los cruzados han sido prácticamente desalojados, casi por la fuerza, y solamente Pablo Rodríguez Regordosa se sostiene en su docilidad y obediencia hacia las decisiones del morenovallismo. Empezó el sexenio como actor y ahora es comparsa, aunque obtuvo de premio la diputación federal para su esposa Mónica Rodríguez.

 

La UPAEP es un pálido reflejo de lo que fue, y la recuperación de la BUAP dejó a la institución de ultraderecha como una universidad de segunda, que no figura en los primeros lugares de los rankings de calidad.

 

Organizar foros en los que juntan a todos los enemigos del gobernador tampoco les ayuda mucho.

 

Por último, el Consejo Coordinador Empresarial es una caricatura, dirigidos por Fernando Treviño, un empresario que no es empresario, sino consultor legal.

 

La Coparmex ya le hace espacio al cachorro de José Antonio Quintana, célebre mandamás del Yunque, quien asumirá pronto el lugar de Carlos Montiel.

 

¿Qué le pasó a esta cúpula empresarial? ¿Por qué ya no representan nada, ni a nadie?

 

Precisamente por eso: CCE, Coparmex y demás membretes están conformados por empresarios de segunda, con capital escaso e iniciativa inexistente. ¿Cuánto aportan al PIB estatal? ¿En qué sector económico están anclados? ¿Cuáles son sus inversiones representativas? ¿Quiénes son sus capitanes?

 

Hace tiempo que el CCE no tiene empresarios de peso, sino microempresarios que se hacen más pequeños en la globalización. No tiene la fuerza para oponerse al gobernador, ni para convocar a la sociedad. No tienen legitimidad ni representación, y por eso son tratados con la punta del pie.

 

El enojo de Fernando Treviño por el desaire de los panistas no provocó preocupación en Casa Puebla, sino risa. Y el resto de la sociedad poblana ni siquiera se enteró.

 

Pero la ultraderecha poblana, con lo poco que le queda, se prepara para la batalla final en 2016, la lucha por la supervivencia. Es ahí cuando sueñan con cobrar afrentas y reorganizarse.

 

Desalojados de su partido. Con una universidad de segundo nivel. Y con empresarios que dan risa. 

 

 

 

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