Monday, 10 de August de 2020


Puebla Unida: listos para ganar




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Andar por la vida dando tumbos, sin rumbo fijo y casi sin oficio ni beneficio: esa es la definición del PRI poblano en vísperas de las elecciones locales intermedias y todo por cortesía del delegado especial del CEN, Fernando Moreno Peña.

Las elecciones en donde se renovarán los 217 ayuntamientos de la entidad y la totalidad del Congreso local son fundamentales. Para ello, se han conformado dos coaliciones –además del PT- que competirán por dichos espacios: por un lado, la coalición digamos gobernante, integrada por el PAN, PRD, Nueva Alianza y Compromiso por Puebla y que en esta ocasión se denomina Puebla Unida y por el otro lado, la alianza opositora que integran el PRI y el PVEM, aún sin nombre y por ende sin bautizar.

 

 

Puebla se ha convertido en un ejemplo nacional de que las grandes coaliciones electorales son efectivas también desde el terreno del ejercicio de gobierno. En otros casos, lamentablemente se había visto que las alianzas electorales se rompían cuando había que tomar las riendas gubernativas (el ejemplo más claro de lo anterior fue la alianza PAN-PVEM en el 2000), pero en Puebla se ha demostrado lo contrario, lo cual es muy significativo si además tomamos en consideración que la coalición está integrada por dos partidos que se consideran hasta cierto punto antagónicos, como el PAN y el PRD. El triunfo de la coalición Puebla Unida el 7 de julio será histórico porque se renovará la confianza ciudadana en este esquema que suma esfuerzos y privilegia las coincidencias en detrimento de las diferencias. Puebla será, en ese orden de ideas, referente nacional y el modelo podría replicarse hacia otras instancias.

 

 

Por el otro lado está la penosa situación del PRI local en su alianza con el PVEM. Una coalición que ya se daba por descontada y por ende era predecible, pues el Partido Verde lleva ya varios años fungiendo como fiel compañero de juergas del tricolor. La alianza de estos partidos se denominó primero Mover a Puebla. Algunas instancias partidistas impugnaron dicha denominación toda vez que tenía la intención de asimilarse al slogan Mover a México que emplea el gobierno federal que encabeza el inefable Enrique Peña Nieto. Lo anterior violaba la imparcialidad de la competencia electoral y por lo tanto, en una decisión legal y muy afortunada, el Tribunal Electoral del Estado decidió ordenar al PRI-PVEM el cambio de nombre de la coalición. Las caras y gestos de los dirigentes de dichos partidos –en especial de Fernando Moreno Peña-, así como de sus candidatos debieron ser de antología cuando escucharon la noticia: volver a hacer la publicidad que ya habían impreso y cambiar de estrategia al cuarto para la hora no debió ser del agrado de los jerarcas nacionales del PRI que ven en Puebla una prioridad electoral.

 

 

Eruditoscomo son en el arte de lo electoral, a los priístas les sobrevino un chispazo, de esos que a veces uno cree que se dan pocos en la vida: del nombre Mover a Puebla, registraron la coalición con la denominación 5 de Mayo. Alguno de los autores de semejante idea seguramente se acordó de sus épocas en las que desfilaba orgulloso cuando niño en dicha fecha, por el bulevar que guarda el mismo nombre, o algo por el estilo. Pero el hecho es que el PRI y su gurú electoral colimense ya se hicieron bolas y pretenden asaltar una fecha histórica y una festividad de todos los poblanos, para denominar a su malograda coalición.

 

 

Imagine usted, querido lector, ¿cómo reaccionará la gente cuando vea que un partido corrupto, que además ha mal gobernado al país por decenios, nombra a su aventura electoral 5 de Mayo? El PRI pretende usurpar la historia nacional, que es historia de todos los mexicanos y quieren hacernos creer a los poblanos que la contienda electoral es una batalla. Están equivocados: la contienda electoral no es una guerra, es una oportunidad de proponer a los ciudadanos las mejores soluciones para gobernar una ciudad o un estado. Sólo en la cabeza de un porro electoral –ya no lo voy a mencionar por su nombre, porque todos sabemos a quién me estoy refiriendo- cabe la idea de usar una fecha histórica para un asunto electoral, circunstancia por cierto altamente impugnable por la vía jurídica –otra vez- por diversas razones que aquí no vale la pena referir. Como sea, por el momento, la alianza opositora no tiene nombre y no ha sido bautizada porque falta que la autoridad electoral le de el visto bueno al nuevo registro.

 

 

A la falta de nombre de la coalición del PRI-PVEM hay que sumar el clima de franca descomposición que se vive en el tricolor, también cortesía del innombrable. Correligionarios suyos le acusan de transar con las candidaturas, de imponer amigos y otras linduras. La mayoría de los diputados federales del PRI ya vaticinaron la derrota de su partido y todo eso, metido en una sola canasta, ya no sólo huele sino que apesta a la debacle del tricolor. La campaña está por iniciar y por lo que hace a nuestra alianza, la coalición Puebla Unida, estamos listos para refrendar nuestro compromiso con los ciudadanos de seguir transformando la ciudad que queremos.

 

 

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