Monday, 10 de August de 2020


Mitos y realidades de la Independencia




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En días pasados presenté ante el Cabildo de la ciudad de Puebla una propuesta con Punto de Acuerdo para que uno de los portales que encierran al zócalo de la capital se volviera a denominar, como lo fue por más de 100 años, Portal Iturbide.

O mejor dicho, que se consolide dicha denominación, pues cuando se intentó cambiar el nombre del Portal a “Juárez”, en los archivos del municipio no encontramos el dictamen y la consecuente votación del Cabildo que confirmara el rebautizo. Como sea, el tema fue motivo para que diversos radicales de la historia, sumidos en el pantano del maniqueísmo y la ideologización de la vida nacional, se alborotaran. Lo mismo compañeros regidores que uno que otro iluminado, de esos que abundan en Puebla y se dicen especialistas en el Centro Histórico, manifestaron de inmediato su inquietud con pocos argumentos y eso sí, con evidente ignorancia de la historia de México.

 

 

Pero el tema de Iturbide y por supuesto del Portal que lleva su nombre nos ocuparemos en la siguiente entrega. En ésta ocasión vamos a hablar de mitos y realidades de nuestra independencia, sobre todo del cura Miguel Hidalgo. Creo que la historia mexicana necesita una profunda revisión, que la aleje de los atavismos en los que se encuentran inmersos algunos.

 

 

Mito 1: el cura Miguel Hidalgo buscó la independencia respecto a España

 

 

La realidad es que el Miguel Hidalgo quiso y buscó la independencia del virreinato respecto al “afrancesamiento” de la corona española. En esos años, España había caído en manos de José Bonaparte y el rey español Fernando VII había abdicado, cediendo el control político a Francia. Inquieto por dicha situación, Hidalgo y muchos que le ayudaron en la conspiración independentista iniciaron la lucha para resistirse a las “herejías” francesas e ideas nocivas que ellos consideraban no eran parte de la cultura hispana.

 

 

Mito 2: Miguel Hidalgo gritó viva México e inició la batalla con miles de

seguidores

 

 

Mucho hay de incierto en la arenga del padre Hidalgo cuando inició el levantamiento armado. Lo cierto es que no gritó seguramente Viva México, pues ningún historiador o cronista serio así lo consigna; en lo que coinciden mayormente es que la arenga incluyó: “Viva la religión, viva la Virgen de Guadalupe, muera el mal gobierno, viva Fernando VII, mueran los gachupines”. Como puede observarse, el “grito” está lleno de contradicciones y evidencia el hecho de que Hidalgo inició una lucha de forma desorganizada, impulsando la independencia ¡apoyando al rey español depuesto por los franceses¡ Por si fuera poco, los cronistas coinciden que en aquella madrugada del 16 de septiembre, Hidalgo inició la batalla cuando mucho con un centenar de hombres y posteriormente fue ganando adeptos conforme se sumaban aquellos que coincidieron con el estilo de la batalla: arrasar con los pueblos, la rapiña por delante.

 

 

Mito 3: Hidalgo y Morelos, una dupla estratégica en pos de la independencia

 

 

En general se piensa que los dos principales luchadores independentistas estuvieron muy vinculados al inicio de la gesta; sin embargo, la realidad es que acaso una sola ocasión se encontraron físicamente Hidalgo y Morelos, cuando ambos iban camino a Valladolid y el segundo le pidió al primero ser aceptado en la causa insurgente. Hidalgo, dicen los cronistas, sintió hasta pena por Morelos, pues no iba acompañado ni por cinco personas y luego de mucho dialogar, le encomendó el regimiento del sur. Nunca más se volverían a ver y lo que no sabía Hidalgo es que aquel joven cura, de apellido Morelos, iba a ser un gran estratega e iba a incendiar al país contra los realistas, dando el orden y disciplina a la lucha que nunca tuvo con Hidalgo.

 

 

            Hidalgo fue un hombre de carne y hueso, con virtudes y defectos como todos. La necesidad de crear héroes pinta a los personajes históricos como lo que no son: cuasi deidades que estamos obligados a venerar. Hidalgo ni siquiera se parece a la figura iconográfica que nos presentan las ilustraciones actuales (Maximiliano lo mandó pintar por vez primera), pues en palabras de Lucas Alamán que lo conoció en persona, era de mediana estatura, moreno, de ojos verdes, algo calvo y cabello entrecano.

 

 

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