Sunday, 27 de September de 2020


Primer corte del gobierno de EPN: reprobado




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Durante años, sobre todo al calor de la contienda electoral, los priístas nos recordaron que ellos sí sabían gobernar, que el PAN había fracasado en el ejercicio de poder y que por momentos, todos añorábamos aquellos tiempos en los que se hacía “auténtica política”. Muchos creyeron esa patraña, incluidos algunos medios de comunicación e intelectuales afines al régimen otrora oficialista, al grado de que lograron permear entre la población -a nivel electoral- esa idea de regresar al pasado que ellos anunciaban como glorioso y que ahora vemos más bien como ominoso, regresivo y autoritario.

Pronto se cayó la efigie del “nuevo PRI” y nos percatamos que lo más nefasto del sistema que pensábamos extinto, ha regresado por sus fueros. Lo más granado del salinismo, más uno que otro dinosaurio de esos que siguen campeando en el régimen, volvieron. Consecuentemente, salinismo y dinosaurios son los componentes del gobierno de Enrique Peña Nieto, que esta semana cumple un año al frente del gobierno nacional.

 

 

Caos social provocado por una franja de pobreza que se ha agudizado en los últimos meses; inseguridad latente y en crecimiento, a pesar de las cifras oficiales y oficiosas; reforma fiscal regresiva y que atenta contra la cada vez más disminuida clase media; centralismo que se exacerba y federalismo que se repliega; una reforma educativa que no se ve cómo es que aterrizará para dar frutos. Pero sobre todo, un Presidente que a todas luces se nota agobiado, titubeante, erróneo y cuyos lapsus cada vez son menos graciosos para tornarse preocupantes.

 

 

Muchos dirán que Peña Nieto es, en este primer año de ejercicio de su sexenio, el Presidente de las reformas. Yo sería más cauteloso al hacer esa afirmación y sobre todo esperaría para ver los términos finales de la reforma energética, la más importante de todas las que se vienen impulsando. Pero sobre todo, hay que dar tiempo para ver si las reformas que hasta ahora han sido aprobadas tienen los resultados ofrecidos por el régimen. Por ejemplo, de la reforma fiscal (que más bien es una miscelánea miserable) hay que esperar no tanto si tiene resultados positivos, sino en todo caso albergamos la esperanza que no sea tan dañina como pinta: que no merme de más a la clase media, que no afecte a los empresarios que a su vez generan los empleos que el país requiere, que no prohíje el comercio informal y, en su conjunto, que no sea regresiva en un ambiente económico de por sí recesivo.

 

 

La inseguridad en el país es alarmante, y no se le puede seguir achacando dicha responsabilidad al gobierno anterior como pretenden los priístas y parte de la prensa oficialista (incluido Proceso, afín al régimen sin duda). EL PRI y Peña Nieto ofrecieron cambiar de estrategia y dar resultados en materia de seguridad desde el primer año de gobierno y no han cumplido, así de sencillo. Osorio Chong es un titular de gobernación verdaderamente lamentable, al que le quedó grande la responsabilidad del cargo a pesar de que se le cumplió con el capricho de hacerse del mando policíaco. El cambio de estrategia en materia del combate a la inseguridad fue de orden mediático, pero no operativo: hoy en día, no pocos medios anuncian lo que el gobierno les pide que anuncien –cifras alegres incluidas- pero la seguridad es un polvorín, sobre todo en estados como Michoacán o Guerrero donde prácticamente no hay autoridad y el gobierno federal brilla pero por su ausencia. El Presidente Calderón tuvo la valentía de enfrentar al crimen organizado, pero Peña Nieto ha preferido no hacer nada, esperando que las cosas caigan por su propio peso quizá.

 

 

El primer año de gobierno del PRI reloaded ha sido penoso, sin duda el peor año de muchos para la república. Ni la reforma política o energética salvan el 2013, porque ambas reformas son impulsadas fundamentalmente por el PAN y porque el trabajo del legislativo no necesariamente habla de un buen trabajo del ejecutivo. Esperamos y hacemos votos para que Peña Nieto y el país retomen el camino de la democracia y que se imponga el ejercicio de la ley y la autoridad, ya en Michoacán o con grupúsculos como los “maestros” de la CNTE. Por lo que hace al PAN, no se puede decir que haya sido mezquino: ha apoyado desde las cámaras aquello en lo que cree ideológica y programáticamente, muchas veces en coincidencia con el gobierno. Al menos no ha actuado como el PRI en el gobierno anterior, que regateó y vio sólo por sus intereses particulares.

 

 

 

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