Friday, 14 de August de 2020


Decían que el PRI sí sabe gobernar, pero nos mintieron




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Los días recientes han sido aciagos, difíciles para nuestro país. Muchos son los temas en el tintero y casi todos envueltos en discursos más bien ideológicos antes que técnicos o políticos. Cuando un tema se convierte en una toma de posición frente a la realidad (ideología) y no una toma de posesión de la realidad (ciencia-técnica), ese tema está pervertido, si no es que prostituido.

Ejemplo de lo anterior, la reforma educativa y la reforma energética. Y al paso que vamos, lo mismo sucederá con la reforma hacendaria que se discutirá en un futuro no muy lejano. Estas tres grandes reformas –las cuales siempre han sido bandera del PAN- están hoy en entredicho no por cuestiones en las que se debaten argumentos técnicos, de lo que el país necesita para ser una sociedad más moderna y fuerte; por el contrario,  los debates en torno a las reformas son de tipo ideológico: versan sobre la soberanía, sobre figuras históricas del pasado (Lázaro Cárdenas), sobre la inmaculada Constitución, sobre la revolución mexicana y otros tantos factores de igual naturaleza.

 

 

En el tema petrolero, por ejemplo, se habla de la pérdida de la soberanía nacional si se permite la inversión privada, en vez de esquemas de fortalecimiento de la industria para que produzca más petróleo y sus derivados. En otras palabras, se habla de autodeterminación soberana (con todo y que la mitad de la gasolina la importamos, por ridículo que parezca) y no de recursos para nuevas refinerías o tecnología para pozos profundos. Por si fuera poco, uno escucha el concepto de soberanía de los “defensores” del petróleo como López Obrador, Fernández Noroña o Martí Batres y pareciera que estamos en plena edad media o peor aún, en la antigua Grecia cuando Aristóteles refería por soberanía el concepto “autarquía”, que significaba aislamiento para sobrevivir por sí mismo. Aquí es donde uno entiende el porqué AMLO fue un fósil en la universidad y su hoja de estudios refleja calificaciones mediocres.

 

 

En el tema educativo la cosa está igual o peor: una turba de “maestros” enardecidos porque el Estado los quiere evaluar. ¡Háganme el bendito favor¡ Nuestra vida está sujeta a constantes evaluaciones para ser mejores y más competitivos, y eso aplica para todos menos para los maestros de Oaxaca, Guerrero y otras entidades. Los señores no quieren ser evaluados aduciendo cuestiones de derechos laborales adquiridos, defensa de la legalidad, educación con tintes sociales y no burgueses y un largo etcétera. Otra vez argumentos ideológicos y no técnicos. Yo pregunto: ¿qué tiene que ver con la evaluación docente la revolución mexicana y los derechos laborales? La razón de la resistencia a evaluarse es la aceptación de su mediocridad, de su incultura y de que al primer examen, saldrían reprobados. Es anti constitucional la evaluación, dicen, pero soslayan que es más anticonstitucional dejar a millones de niños sin clases y sin educación (aunque viéndolo bien, los niños parecen estar mejor sin estos vulgares maestros). Además de lo arriba mencionado, también se resisten a la evaluación porque seguramente compraron o heredaron la plaza y como les costó un dinero, esperan recuperarlo en este círculo vicioso tan deleznable.

 

 

El tema es que el país está paralizado por estos dos grandes temas y, como decíamos, viene un tercero con la propuesta que haga el gobierno federal con respecto a la reforma hacendaria. ¿Se imaginan ustedes si el Presidente propone IVA generalizado? Como sea, los temas educativo y energético son caldo de cultivo para los movimientos anti-todo que promueven AMLO y sus secuaces. Si pensábamos que el mesías tropical estaba muerto políticamente hablando, estos temas lo reviven y él mismo los promueve, probablemente hasta financiando a los rijosos que tienen pulverizado el Distrito Federal. Por cierto, Miguel Mancera ha resultado un auténtico desastre, cuidando su capital político y futuro, complaciendo los desmanes de los delincuentes de la CNTE que alteran la vida económica y social del DF. Y también el gobierno federal, que bien podría haber actuado a estas alturas tomando en cuenta las atribuciones constitucionales en materia de seguridad pública que tiene el Presidente en la capital del país, que es territorio federal y sede de los poderes de la Unión.

 

 

Por cierto: ¿dónde quedó el PRI que sí sabía gobernar? Ese que tanto criticó a la pasada administración y que nos dijo hasta el cansancio que ellos sí sabían cómo hacerlo. El PRI y su miedo a gobernar –con la manita del PRD en la capital- tienen al país en el abismo, sin reformas y acechado por delincuentes vestidos de “maestros”.

 

 

 

 

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